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Mostrando entradas de 2019

Necesidades encontradas

¿Qué necesitamos para ser felices? En Estados Unidos, como en gran parte del mundo que funciona mediante el consumismo, nos parece que seremos más felices si compramos muchas cosas bonitas. Muchas. Muchísimas. ¿Y en qué lugar puedes encontrar las preciosidades que, una vez en tu casa, no lucirán tan bonitas como pensabas?  Pues en Home Goods. La primera vez que pisé este macro espacio que destila romanticismo, buen gusto, necesidades primordiales encontradas y precios demasiado baratos par ser verdad, me quedé con la boca abierta. He sido una visitante asidua de este espacio, paseándome entre las estanterías cargadas de delicatessen italianas, jarrones de cristal polacos, platos portugueses y mantelería fabricada en China. Si, puedo encontrar de todo para decorar mi casa. Puedo incluso ornamentarla sin que se resienta estrepitosamente la cuenta corriente. Puedo llenarla y rellenarla de cosas preciosas. Pero, a veces, después de colocar un jarrón en aquél espacio vacío, me doy cuento de que …

A veces olvido

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A veces olvido los placeres de mi tierra patria. Olvido que la gente pasea, de noche, por las calles que han sufrido el sol intenso durante el día. Olvido las fiestas del pueblo que invitan al jolgorio y a salir de una casa demasiado calurosa. A veces olvido que hay cine en la arena de la playa, o gospel en un escenario que albergará más tarde otros grupos con estilos diferentes. A veces casi no me acuerdo de los helados a medianoche, las risas en la calle, los bocadillos a orillas del mar. Y regreso a casa de vacaciones, y los sabores y los olores me vuelven a la memoria, y disfruto paseando con mi hermana y nuestros churumbeles, por unas calles abarrotadas de gente que precisa de alegría, y que acude sin falta a los eventos especiales de su ciudad.  A veces olvido que mi familia vive lejos de mi. Pero que cuando regreso, todo sigue igual como lo había dejado, y mis amigos de toda la vida continúan siendo mis amigos de toda la vida, y nuestras conversaciones son tan divertidas y confid…

¿Por qué no?

En Massachusetts, anualmente, debes pasar de forma obligatoria una revisión de tu coche. Hay muchos puntos de revisión disponibles, generalmente en gasolineras, donde, sin cita previa, aparcas tu coche y, mientras esperas pacientemente unos quince minutos, te revisan algo (vete tú a saber el que), y, previo pago, te confirman lo que ya sabes, es decir, que tu coche está en buenas condiciones, puesto que si no lo estuviera, ya lo habrías llevado al mecánico. Te cambian, eso si, el adhesivo que tienes enganchado en la parte delantera del coche, y así cada año vas cambiando de color. Todo muy bonito. Y, como tantas otras cosas, te guste o no, esto es de obligado cumplimiento, con lo que no te queda otra que hacerlo. El otro día yo pasé mi revisión. Me paré por casualidad en una gasolinera a la que no acostumbro a ir, puesto que los precios son más caros que otras del alrededor, y me atendió un chico risueño. Me ayudó a encontrar los papeles que necesitaba para la revisión, y que yacían en …

Tuve un sueño

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Soñé que estaba sentada en un banco de madera contemplando un precioso lago repleto de nenúfares. Delante de mi, unos niños traviesos y simpáticos ponían gusanos de cebo en sus cañas de pescar, intentando a veces con éxito, una presa brillante y viscosa. Al cabo de un rato, en mi sueño, aparecían otros niños, de tez más morena que los anteriores y que, sin conocerse de nada, intercambiaban experiencias propias en el mundo de la pesca. El padre de los últimos niños se quedaba sentado en la hierba, a unos metros de mi. Al rato, escuhaba una música armoniosa. Cuando me giré para descubrir de dónde provenían las notas, descubrí a una anciana de rasgos asiáticos que caminaba lentamente por un caminito cercano a dónde yo estaba sentada. Y mientras andaba, entonaba unos cánticos placenteros y para mi totalmente desconocidos. Soñé que unos amigos de aquél papá sentado en la hierba aparecían de la nada y se sentaban con él, pero que a veces se encaramaban a los árboles para desenredar el hilo …

La moda infantil

Pajama day, oséase, el día del pijama. En la escuela, mis hijos, junto con todos los compañeros de la clase, ganan "pajama days". O porqué han acabado una etapa, o porqué como equipo han realizado un sinfín de tareas adecuadas, o por... por lo que sea. El gran premio es ir vestidos a la escuela en pijama, con su peluche preferido, y listos para disfrutar de un día con pocas actividades académicas y muchas de lúdicas.  Hace poco, mi hijo pequeño tuvo un Pajama day. Y ni corto ni perezoso, se dirigió a la escuela en pijama, acarreando su peluche preferido dentro de la mochila. Al acabar el día, fuí a buscarlo para una visita que teníamos programada al médico. En el coche, le dije que se pusiera la ropa que le había traído. "No, mamá, no quiero cambiarme." Claro y simple. Oséase, que nos dirigimos a Boston, mi hijo en pijama. Y no uno cualquiera. No uno de discreto, de colores apagados, no. ¡El de los dinosaurios! ¡Bendita moda americana inexistente!


de guiris y de americanos

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Desde pequeñita, en mi tierra patria, siempre me había reído de los turistas extrangeros que se paseaban con chancletas y calcetines por los pueblos marítimos en los que yo estaba acostumbrada a veranear.  "¡Vaya guiris!" Comentábamos divertidos familiares y amigos, cuando oteábamos a un turista despistado que no pasaba desapercibido, con la cámara fotográfica colgando de su cuello, lamiendo un helado de cucurucho y con pantalones cortos, calcetines y sandalias.  "¡Este no engaña!" Pero el tiempo pasa. Las costumbres de los guiris no han cambiado, al menos que yo sepa. Lo que si que es diferente, es la cultura en la que crecen mis churumbeles. Si, éstas atrocidades de vestimenta de los guiris, no son raras para nada hoy en Massachusetts, entre los miembros de mi família. Mis hijos se pasean sin pudor pro las calles de nuestra localidad, con chancletas y calcetines (y si los calcetines son de color diferente, no pasa nada, tampoco). Y yo, acostumbrada a una cultura, deb…

Salvemos las abejas

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Una tarde cualquiera, alguien llama a la puerta de casa. Voy a abrir y me aparece un muchacho muy joven, vestido de Indiana Jones, pero sin sombrero y con el pelo recogido en una larga cola. Educadamente, empieza a hablarme de las abejas.  Para ponernos en antecedentes, yo tengo diversas relaciones con estos pequeños animales, tanto literarias, como audiovisuales, como físicas.  A nivel literario, siendo yo muy pequeña, leí una novela titulada "el enjambre", donde millares de abejas asesinas mataban gran parte de la población humana. Me reconcilié con ellas hace poco más de dos años, al leer "The secret life of bees", donde una fantástica Sue Monk Kidd hablaba del racismo a través de unas extraordinarias cuidadores de abejas.  A nivel audiovisual, "la abeja Maya" colmó mis ansias de saber sobre el mundo animal, y la pequeña y traviesa abeja hizo que pasase momentos entrañables.  A nivel personal, unas abejas picaron a mi hijo mayor en la mejilla años atrás, y…

Jamboree

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Venga, pues, la temporada de fútbol (soccer) de los niños ha terminado. Y la última semana, los entrenadores, unos muchachotes jóvenes y simpáticos que aún no han terminado la escuela secundaria (High School), nos envían unos correos electrónicos a los padres abnegados, anunciándonos una jamboree, o un campeonato de fútbol entre los diferentes equipos de la localidad.  El día y la hora señalados, los padres nos levantamos temprano un sábado (como cualquier otro sábado), para acompañar a nuestros hijos a su campeonato. Yo acarreo mi silla plegable, y mi hijo, vestido de futbolista, acarrea su botella de agua, y su caja de galletas preferidas, lista para compartir con sus compañeros en las penas y alegrías futbolísticas.  Mi asombro es bárbaro (aunque a estas alturas, ya nada debería intimidarme, de los americanos), puesto que la mayoría de gente viene preparada para pasar el día contemplando los pinitos de su hijo en materia futbolera. Muchos de los padres traen unas carpas plegables, qu…

Los tiempos de la banda

Junio. Tiempo para descubrir las habilidades artísticas de tu hijo, ya sea en forma de canto, o tocando un instrumento, o actuando en un festival. Mis retoños participan en la banda escolar, con lo cual, tuve la oportunidad de escuchar los sonidos que emergían de sus instrumentos. Pero el concierto no es sólo el momento en que tu hijo emite notas musicales. Hay mucho más. Lo cuento.
Tiempo de silencio El día del concierto, llegué la primera al teatro de la escuela. Me senté, y observé a mi alrededor. A lo lejos, podía escuchar cómo los compañeros de mi hijo ensayaban, pero dentro del teatro, todo era paz y soledad. Hasta que llegó el segundo tiempo.
Tiempo de madres Las madres llegan recién salidas de la peluquería, enfundadas en unos tejanos y con unos tacones atrevidos. Su tarea es árdua, puesto que deben reservar asiento para sus antepasados y para sus descendientes, es decir, para los abuelos y los hermanos del músico. Todo son sonrisas para con las otras madres, y se disputan, sin ll…

La meteorología y el fútbol

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Mi pequeño desea ser futbolista, cuando sea mayor. Atrás ha quedado la época en que quería ser bombero, astronauta, marciano (¡Si, marciano!), maestro, y gemólogo. Ahora su ambición es llegar a ser futbolista, o jugador de soccer, como aquí lo llaman. El fútbol en Massachusetts es y será el fútbol americano, el de Tom Brady y los Patriots, el de los cascos y los touchdowns. Pero no. Mi hijo no se ha dejado influir por el fútbol americano, y quiere ser un jugador que da patadas a la pelota, para que ésta acabe finalmente dentro de una portería. Pero mi hijo cuenta con un handicap muy importante para lograr su sueño: el tiempo. Si, el tiempo. En Massachusetts, como en cualquier parte del mundo, tenemos cuatro estaciones. En invierno, el frío, el viento y la nieve impeden la práctica de cualquier deporte en el exterior. Como el verano es harto caluroso y los jovenzuelos no tienen un horario estricto, sólo puede practicarse el fútbol durante las estaciones temperadas, oséase, primavera y o…

Biography day

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Si tuviese que saber mucho sobre un personaje famoso, quizás escogería a Michelle Obama. Estoy leyendo su libro, "Becoming", y me encanta su franqueza, su seguridad, y su capacidad de abstracción para contar esta primera etapa que ha sido su vida.  A mi hijo le pidieron que escogiese un personaje, para que leyera sobre él, lo descubriese, y escribiera unos párrafos sobre lo que lo hizo único. Después de un árduo trabajo de búsqueda de información y posterior redacción, mi pequeño llegó a casa con casi una tesis doctoral sobre Galileo Galilei. Me encantó escucharle contar pedazos de la vida de este científico que descubrió e inventó cosas extraordinarias para su época.  Después, todo lo que hizo mi hijo debía envolverse en un disfraz de Galileo, para presentarlo delante de padres, profesores y compañeros en un día importante, el "Biography day". Manos a la obra, escogimos una de mis blusas, una de mis chaquetas, y unos bombachos rojos de un disfraz de pirata. Una barba…

Zapatos

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Si existiese un juego con el cual adivinar la época del año según los zapatos que lleva la gente, en Massachusetts se fallaría estripitosamente. He visto gente con chancletas (lo que aquí se llama flip-flops) caminando por la nieve, he comprobado como gran cantidad de gente se persona en el supermercado con las zapatillas de andar por casa, he asumido que los zapatos de tacón son peligrosos en cualquier época del año, y he admirado unas botas altas que no sabría clasificar para ninguna época. Hoy estamos en primavera, o mejor dicho, en lo que debería ser primavera, pero que en realidad son unas semanas frías con algún día caluroso intercalado. Dirigiéndome al trabajo, he podido ver una chica con zapatillas de andar por casa, una mujer muy mayor con deportivas, una joven esbelta con unas botas interminables, una mujer con botas de piel de borrego, un chico con chancletas y yo misma, con merceditas. El primer ño que pasé aquí, después de uno de los peores inviernos que recuerdan la gente …

Sin palabras

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Primavera en Massachusetts










Ahorrando comprando

Uno de los pilares americanos que fortalece la economía del país son las compras. Las campañas publicitarias son tan dulcemente agresivas, que te obligan a comprar sus productos, aunque no los necesites. De hecho, me atrevería a decir que más de un noventa por ciento de lo que compramos, ya sea vía internet o presencialmente, no lo necesitamos en absoluto. Aunque estemos totalmente convencidos de lo contrario. Recibo emails diarios de ofertas que no puedo desperdiciar. Y con un tiempo limitado. No, no puedo pensar mucho tiempo en si esta oferta me satisface o no, tengo que hacerlo ya, puesto que el descuento acaba en unas horas. ¡Venga, a comprar para ahorrar! Emails de productos de final de temporada, o de ofertas de principio de temporada, o del día de la madre, Thanksgiving, Navidad, o el día del padre. ¡Cualquier ocasión es buena para aprovechar las ofertas que no tienen desperdicio! Tengo una amiga que el día después de Halloween compra los disfraces para sus hijos del siguiente año…

Primavera en Massachusetts

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El primer año de vivir en Massachusetts, pasamos un invierno blanco, de temperaturas negativas... ¡incluso en grados Fahrenheit! Por este motivo, al llegar el primer día de primavera, me emocioné. Escuché el canto de los pájaros, observé los árboles en flor, ahuyenté alguna que otra abeja... ¡Sí!¡Había llegado el momento de la bendita primavera!¡Qué delícia!¡Qué placer! La temperatura era agradable, y la ropa de invierno era una pesada carga, que ocupaba un lugar demasiado importante en el armario. Ingenua de mí, contenta me puse a cambiar la ropa de invierno por la de verano. Al cabo de un par de horas, observé satisfecha cómo en el armario había una ropa liviana, adaptada a una primavera hermosa, como lo que había sido la de aquél día y por supuesto los venideros ¡Ingenua de mí!¡Estaba en Massachusetts! Al día siguiente, el frío provocó que temblase hasta mi dedo meñique. Volví a la ropa de abrigo, a las botas, y al gorro. Pero al día siguiente...¡Un calor que me obligó a poner el air…

Boston strong

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Patriots Day. Decidimos que una buena idea sería pasear por Cambridge, visitar algún museo, y comer en una de las múltiples posibilidades que te da esta localidad repleta de estudiantes y profesores, que comunica con Boston a través de puentes que cruzan el río Charles. Después de una opípara comida con tintes asiáticos, el padre de mis churumbeles y yo decidimos, en contra de la voluntad de nuestros hijos, que sería bueno cruzar el río contando Smoots y sumergirnos en el bullicio de la maratón. Así lo hicimos. Llegamos cerca de la meta, como parte de una marea humana que quería contemplar a los valientes atletas que aún corrían para llegar a su destino. Horas antes, los ganadores ya se habían erigido en su trono particular, los premios ya se habían entregado. Pero cuatro, cinco, seis horas después del comienzo de la maratón, muchos corredores aún continuaban sin haber podido llegar a su meta. Y los transeúntes, observadores privilegiados de tanto esfuerzo, les gritaban con ahínco, ani…

Cruce

Una de las cosas que aún siguen asombrándome de la gente de Massachusetts es su sistema de conducción. Hace poco, en una sesión formativa en mi lugar de trabajo, nos pusieron un ejercicio. Nos juntaron en grupos de dos. Uno de nosotros representaba que era una persona que salía de su sesión en el gimnasio, la otra persona aparcaba el coche cerca de dónde la primera lo tenía aparcado, y lo abollaba. El ejercicio consistía en discutir la reacción de cada miembro del grupo ante esta situación. La mayoría de mis colegas (es decir, todos menos yo), dijeron que estas cosas pasan, que las dos personas hablaban, se ponían de acuerdo, se daban los teléfonos y la información del seguro, y a otra cosa mariposa.  ¿Cómorrrrrr? Yo dije que en mi patria, tanto uno como otro personaje nos habríamos alzado la voz, y que después de fuertes improperios, habríamos hecho un parte, con suerte.  Esto también sucede en el sistema de cruces en las calles. Hay bastantes cruces, donde los coches pueden ir hacia dela…

El tamaño importa

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Hace ya meses, alguien de mi Facebook publicó las siguientes imágenes:


En la primera, sale una foto del dragón y el niño de la película "Neverending story". En la parte posterior de dicha foto, la frase: La historia que nunca acaba, cuando eres un niño.  En la segunda foto, hay un cubo de ropa sucio inmensamente lleno. La frase que lo describe, es la siguiente: La historia que nunca acaba, cuando eres un adulto. Como persona adulta, por supuesto, me siento totalmente identificada con la segunda imagen. Cuando programo una lavadora, y he podido meter en ella toda la ropa sucia del cubo, me siento como una niña con zapatos nuevos al contemplar un milagro, es decir, el cubo de la ropa sucia vacío. Pero mi gozo se extingue al cabo de pocos segundos, cuando uno de mis dos churumbeles, sin darse cuenta de mi estado de excitación extrema, vacían dentro de dicho cubo la ropa que han usado para practicar cualquiera de sus deportes favoritos.  Si, mi gozo en un pozo. Aunque, para mi conten…

Perdón infantil

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No me gusta cocinar. Creo que paso un tiempo enorme dentro de la cocina, pelando, cortando, friendo, guisando... para luego que vengan mis churumbeles y su padre amantísimo y se lo zampen todo en menos que canta un gallo. Para después lavar todo el material usado para cocinar y para comer. No. Es un trabajo que hago por afán de supervivencia, pero que no me gusta. El otro día cociné libritos de lomo. Corto trozos de carne de cerdo, como si de un libro se tratase, los salo, le pongo dentro del librillo un poco de queso y de jamón dulce, cierro el libro, lo cubro con huevo y con trozos de pan picado. Y a la sartén para que vayan cociéndose. Y mientras, yo que pienso: - para quedarme en la cocina vigilando cómo se van cociendo, mejor me voy a escribir un ratito. Y me pongo a escribir. Unas líneas. Y otras pocas. Y pierdo la noción del tiempo. Huelo a quemado. Voy rauda y veloz a la cocina, y giro los libritos de lomo. Por la parte que tocaban a la cacerola, su color es marronoso tirando a ne…

Nieve y sol

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Lloro.  Lloro pero no de pena, ni de alegría. Lloro porqué a mis ojos les cuesta adaptarse al sol impactando contra la blanca e inmaculada nieve que cubre el paisaje. Mis lagrimales fabrican sin cesar unas lágrimas que acaban en mis mejillas, sin que yo pueda hacer nada para detenerlas. Mis ojos no están acostumbrados a esa claridad en el cielo y en la tierra. En Massachusetts, muchos días son grises, aunque los destellos de sol intentan abrirse camino con frecuencia entre una nubes que no les son propicias. Pero últimamente, el sol se ha apoderado del cielo, las nubes le han permitido el paso y los días son claros, abrumadoramente soleados. Y con nieve.  Y lloro porqué mi cuerpo se adapta a este destello de claridad.  Lloro porqué mis lágrimas me protegen.  Y, al fin y al cabo, quizás sí que lloro de pena por ver que el invierno ha terminado, y de alegría al comprobar que, con sol, el mundo parece más bonito.


Destination Imagination

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Después de meses de preparación, finalmente llega el momento de la verdad. Mi mayor ha estado trabajando arduamente, muchos días después de clases, para dar forma, junto con sus compañeros, a un proyecto científico que, empezando de cero, se ha materializado a través de una estructura liviana capaz de soportar más de doscientos quilos de peso, de un interruptor adaptado a dicha estructura para accionar una bajada de un cartel, y de un guión para contar al público el proyecto, a través de una representación que cuenta uno de los males de nuestra sociedad.  Ha sido mucho trabajo de los muchachos, que han ideado la estructura y todo lo demás. Los mayores han participado como conseguidores del material que necesitaban los pequeños grandes científicos, o como proveedores de galletas, pero no por mucho más. Los niños, durante el tiempo que dura este programa, se convierten en amos de sus propias ideas, aprenden a compartirlas con los demás, a aceptar las de otros y a materializar un proyecto…

Paseando por el cementerio

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Nunca. Nunca se me pasó por la cabeza dar un paseo por el cementerio de mi pueblo. En mi tierra, el cementerio es un lugar inhóspito plagado de paredes repletas de nichos y flores marchitas. Al cementerio iba los días señalados para recordar más efusivamente a mis seres queridos ya difuntos. Pero aquí en Massachusetts, puedo pasear por la orilla del rio Charles, dar la vuelta completa a un lago de algunos parajes de Brookline o Wellesley, y, a veces, pasear por los cementerios.  Los cementerios de aquí son lugares apacibles, muchos de ellos situados cerca de un lago. Tienen grandes extensiones de terreno, de las cuales emergen lápidas de piedra con los nombres de los difuntos. Me gusta pasear por los cementerios porqué irradian tranquilidad. Me gusta leer los apellidos de la gente difunta que yace debajo de la tierra. Nombres irlandeses en un lado del terreno, se mezclan con nombres chinos, o de otras nacionalidades fáciles de distinguir meramente por el apellido. Me gusta que la interc…

Tiempo de espera

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Los padres somos el no va más. Cuando tenemos un hijo, le atribuimos infinitas cualidades. Algunas las tienen realmente, otras nos las imaginamos los progenitores, o pensamos que nuestros churumbeles las tienen interiorizadas, y que con una ayudita saldrán al exterior. Es decir, todos pensamos que tenemos un Messi, un Picasso o una Jane Eyre en potencia. Y que con un empujoncito, se nos convertirán en unos genios que nos permitirán vivir de renta el resto de nuestras vidas.  Para incentivar esta genialidad que les atribuimos, lo que hacemos es proporcionarles una serie de clases extra escolares, que les brindarán los conocimientos necesarios para que aflore todo lo que tienen almacenado dentro, y que sólo los padres sabemos realmente que existe (como mínimo en nuestra mente y en la de los abuelos, por supuesto).  Desde que llegamos a Massachusetts, mis pequeños han disfrutado nada más y nada menos que de clases de karate, basket, baseball, esgrima, fútbol, fútbol sala, ajedrez, dibujo, …

¿A qué hora quedamos?

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¿Que a qué hora quedamos? Depende. Aquí encontramos dos casos. De hecho, dos y sólo dos casos posibles. Imaginamos que nosotros hemos organizado una comida en nuestra casa.
Caso 1 Quedamos con norteamericanos.  Normalmente quedamos para comer.  A las doce del mediodía. Si hemos acordado las doce, a las doce en punto suena el timbre de nuestra casa, y llegan unos americanos contentos, que te saludan con un abrazo no muy fuerte, se quitan los zapatos, los dejan en la entrada, te entregan una botella de vino, unas galletas y unas flores, y te preguntan dónde pueden dejar la ropa de abrigo. Mientras acabamos de preparar la comida, los americanos se sientan alrededor de la cocina, bebiendo una cerveza o un vaso de agua, normalmente, y con una conversación educada y divertida. Comida lista, y pasamos al comedor, donde continuamos con la conversación, mientras vamos saboreando algún plato típico, ya sea de aquí o de allí. Al cabo de dos horas, puntuales como un reloj suizo, y después de haber comido, b…

European cuisine y Mediterranean salad

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Siempre me ha fascinado comprobar que los americanos creen a pies juntillas que la ensalada que se prepara en toda la orilla del mar Mediterráneo es la misma. Como si los turcos, griegos, italianos, franceses, marroquíes, egipcios y muchos más países que me olvido, se hubiesen puesto de acuerdo para poner los mismos ingredientes en una ensalada única, la ensalada Mediterránea.  En la gran mayoría de menús de restaurantes americanos, ya sean de comida rápida saludable, o de más alta alcurnia, existe una ensalada consistente en queso feta, lechuga, aceitunas y poca cosa más, que en tierras de Massachusetts osan llamar ensalada Mediterránea. Así en plan general. Pero el otro día, su atrevimiento fue a más. Mientras conducía por la calle, cedía el paso amablemente, o me lo cedían a mi, escuché que un restaurante nada económico ofrecía exquisitos platos de la "Cocina europea" (European cuisine). Así. Con dos.  Como me costó salir de mi asombro, no recordé el nombre del restaurante d…

Contacto de emergencia

Si aún no te habías dado cuenta, te enteras de que vives fuera de tu patria cuando rellenas toda la documentación concerniente a la escolarización de tus retoños, y debes escribir el nombre del contacto de emergencia. Mi marido, claro está, es mi contacto de emergencia. No, ese nombre y apellidos ya los he rellenado en las casillas donde pone Father. Ejem... ¿Mis niños pueden ser contactos de emergencia? Pues va a ser que no, puesto que son menores, y además son los que tienen la emergencia, en su caso. ¿Pues a quién diantre meto como "Contacto de emergencia"? La primera vez que me sucedió parecido descalabre, me acordé de una vecina simpática que había visto el día anterior y que me había sonreído. Aunque no habíamos mediado ni media palabra, pensé que sería muy buen contacto de emergencia, ya fuese por proximidad a mi vivienda, ya porqué además sus hijos acudían a la misma escuela que mis niños.  O sea que me puse manos a la obra. Al día siguiente, hice gala de la mayor de mis son…