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Mostrando entradas de 2018

Cartas de gracias

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Antes de vivir en Massachusetts, cuando alguien me hacía un favor, o nos invitaban a una cena o a un aniversario, cuando me dejaban un libro o cuando me felicitaban por mi cumpleaños, yo daba las gracias.
Gracias. Diciéndolo con la boca. Claro y simple. gracias.
Pero desde que estoy en Massachusetts, las gracias las recibo a través del correo postal, e incluso he aprendido a dar las gracias del mismo modo. 
En las entradas de cualquier Target que se precie, hay un gran espacio dedicado a las tarjetas que sirven para dar las gracias o para felicitar a la gente. Así pues, encontramos multitud de tarjetas para:
- felicitar a una persona de la família (abuelas, abuelos, padres, maridos e hijos, amigos, e incluso vecinos);
- felicitar por una boda o un nacimiento;
- desear una pronta recuperación de alguna enfermedad;
- dar las gracias por todo lo que se pueda ocurrir:
* gracias por asistir a la fiesta de aniversario de mi hijo
* gracias por dejarme un libro
* gracias por el regalo de cumpleaños
* gr…

De todo el mundo

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Hay cosas buenas y cosas malas de vivir lejos de tu hogar. Yo siempre considero que la balanza se decanta enormemente en el lado positivo. Me gusta hacer listas de multitud de cosas, y mis listas positivas por el hecho de vivir lejos de mi hogar ya han copado algunos de mis artículos. Pero el otro día descubrí una cosa positiva que aún no figuraba en ninguna de mis listas anteriores, con lo cual paso a añadirla escribiendo éstas líneas. Mi media naranja me envió un chiste divertido a través de WhatsApp, la aplicación estrella de cualquier persona que se tercie a muchos quilómetros de su hogar. Solté una carcajada al ver el chiste y decidí compartirlo con muchos de mis contactos, también por WhatsApp, porqué echar unas risas es gratuito y necesario en muchas ocasiones. Algunos de mis contactos me contestaron con emoticones, o comentando simplemente que era divertido. Pero el protagonista de éstas líneas no era el chiste en si, sino el darme cuenta de que me estaban llegando mensajes de …

Sabes que vives en Massachusetts si tus hijos:

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- consideran que con diez grados centígrados el calor es insoportable y se visten con pantalón corto; - empiezan las frases cuando hablan entre ellos con un "Dude" sin saber quién es "The big Lebowski" de los hermanos Coen; - creen sinceramente que pueden ir a todas partes con chancletas de playa y calcetines de deporte; - alzan la mano contínuamente para responder preguntas que se plantean en casa durante la cena, y esperan pacientemente (o no) su turno para contestar; - empiezan las frases con un "Guys" cuando se dirigen a su padre o a mi menda (su madre); - soportan mejor las temperaturas negativas que positivas; - piensan en inglés, sueñan en inglés, leen en inglés; - creen que alzar el dedo medio (o corazón) es el peor de los insultos; - cuentan chistes que sus padres no americanos y con una cultura diferente, son incapaces de entender; - creen que "hilarious" es sinónimo de "divertido" - creen que los tejanos se usan en las grandes ceremon…

Ejercicio de madre. Clases gratuitas

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Cuando alguien me pregunta si practico algún deporte, mi respuesta es afirmativa.
Cuando me preguntan qué deporte practico, les digo la verdad: tengo dos hijos. Esto debería contar como deporte semi-olímpico como mínimo.
Como algún escéptico no cree que tener dos hijos sea un deporte, aquí dejo una serie de ejercicios diarios que sirven como clases de gimnasia para el más incrédulo, y que voy a describir de manera totalmente gratuita:
- ejercicios de las cuerdas vocales. Este es el músculo que tengo más ejercitado en todo mi cuerpo. Me paso el día gritando a mis hijos para que hagan los deberes, ordenen su habitación, recojan su ropa, cenen, pongan la mesa, se laven los dientes y vayan a la cama. Los gritos van acentuándose a medida que pasa el tiempo, puesto que mis hijos cada vez me hacen menos caso. Tengo calculado que a los sesenta ya tendré voz de soprano y triunfaré en la ópera (mi objetivo: Milán).
- ejercicios de espalda. Mis hijos ayudan enormemente a la actividad diaria de mi co…

He averiguado la verdad

Good job. Traducción literal: buen trabajo, por supuesto. Cuando vives en Estados Unidos, no te cansas de escuchar siempre lo mismo. Good job. En muchas de las circunstancias de la vida, puedes escuchar esta frase alentadora. Pero atención, si tienes hijos, la audición de esta frase dirigida a tus retoños está impregnada en tu día a día. Cualquier cosa que hace un niño acaba con un good job del maestro, de la madre, del abuelo o del vecino. ¿Que el pequeño ha acabado la merienda? Good job. Buen trabajo. ¿Que se ha limpiado los dientes? Good job. Buen trabajo. ¿Que viene de jugar un rato en el jardín de los vecinos? Good job. Buen trabajo. Pero atención, porque good job se utiliza en situaciones donde yo no tengo interiorizado que lo que acabamos de hacer sea un buen trabajo. ¿Que el niño no ha tocado la pelota de baseball que el pitcher acaba de lanzarle? Good job. ¿Que el niño evita la pelota inclinando el cuerpo y pasando de batear? Good job. ¿Que el niño no hace las posiciones que se requ…

Superpoder

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Tengo muchas amigas con superpoderes. Una de mis mejores amigas, cose cualquier tipo de tela y la puede transformar en buffs, bolsas de playa, estuches de lápices, marcadores de libros. Otra de mis amigas, es una apasionada de la cocina y enseña con paciencia infinita a que su peque mezcle los huevos con la harina para fabricar algo comestible. Otra amiga, transmite la pasión por la naturaleza a sus hijos, y sus acampadas en la montaña son espectacularmente bonitas. Mi superpoder es el de estar en dos sitios a la vez. ¿Que cómo lo hago? ¿Teletransportación?¿Paro del tiempo? Bueno, casi casi, aunque a veces no sé ni dónde me encuentro. Mis hijos han desarrollado, por suerte, aficiones distintas el uno del otro, con lo cual sus actividades extraescolares no coinciden ni en espacio ni en tiempo. Pero, eso si, coinciden en día. Los días de las dos aficiones, su madre amantísima, oséase mi menda, debe conducir su utilitario, cargado con el hijo mayor y su habituallamiento deportivo hacia una…

Miel

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La primera vez que escuché la palabra honey (miel), sin que se hiciera referencia al producto proveniente de las abejas y objeto del deseo de los osos más golosos, fué en New York. En uno de mis viajes hace tiempo a una ciudad que me tiene enamorada, la chica que nos tomaba el pedido en un pequeño bar de Tribeca me dijo: ¿Y tú que és lo que quieres, honey? ¿Yo, miel?¿Miel de qué? Me encantó que alguien me comparara con un líquido dulce del color del oro viejo, pero no salí de mi asombro. Ahora que ya hace tiempo que vivo en Massachusetts, estoy acostumbrada a escuchar que mis amistades y mis compañeras de trabajo se acercan a mi tratándome de miel. ¡Incluso yo digo miel a mis amistades o a mis compañeras de trabajo! Atrás quedan mis palabras para mostrar afecto, tales como cariño (sentimiento), corazón (parte del cuerpo que simboliza toda la ternura), amor mío (explícitamente amor en mayúsculas), guapa (por dentro y por fuera). Cerca de Boston, al hablar con la persona a quién tengo delan…

Doctor, ¿es grave?

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En mi pueblo natal, mi sistema de conducción era el normal, vamos. Que si acelerar, que si apretar el freno hasta el fondo, que si ser una conductora agresiva y que nadie te quite el puesto ni ose adelantarte, que si gritar improperios y dar bocinazos a troche y moche. Diez minutos de conducción y un azote de adrenalina que me permitía seguir con mi malhumor durante el resto del día.  Al llegar a Massachusetts, y saberme con la obligación de la conducción, me puse a actuar como conductora de mi pueblo natal. Craso error, no el primero de los muchos en mi haber, dicho sea de paso. Mi conducción apresurada, de movimientos bruscos y palabras vociferantes distaban mucho del tipo de conducción de Massachusetts, donde los conductores ceden el paso a los transeúntes siempre, si, SIEMPRE, aunque éstos no crucen la calle pisando un ceda el paso. Los conductores, mis compañeros matinales, de mediodía y de tarde, permiten que entren conductores a la fila que generamos pacientemente para trasladar…

La calma antes de la tormenta

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La gente de Massachusetts está siempre informada sobre las inclemencias del tiempo de su zona. La gente de Massachusetts está acostumbrada a estados meteorológicos muy cambiantes, con lo cual, les guste o no, quieran o no quieran, escuchan a las autoridades y a los meteorólogos en todos los medios de comunicación, que informan a destajo sobre la próxima tormenta que se avecina. Esta situación es mucho más evidente durante los meses de invierno que los de verano, por razones obvias. Parece como si en la costa norte-este de los Estados Unidos, las estaciones tardasen en llegar. El invierno de verdad llega en Navidades, normalmente, y la primavera de verdad llega a veces en junio y no antes, por lo menos en lo que a temperaturas se refiere. Y los habitantes de Massachusetts escuchamos impávidos cómo los hombres y mujeres del tiempo anuncian una u otra tormenta, porqué en función de lo grave de ésta, afectará a nuestros quehaceres cotidianos.  Este año, sin ir más lejos, los niños se han q…

Pronunciando lo mismo

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A simple vista, puedo identificar perfectamente un pato de un perro, un perro de un embarcadero y un embarcadero de un doctor. Incluso en fotos, creo que acertaré a primera vista la diferencia entre un médico y un pato, aunque los dos lleven vestido blanco. Pero si me hablan de uno o de otro, sin ninguna pista, me cuesta diferenciarlos. Y cuando se trata de pronunciar el nombre, esta tarea para mi es harto imposible. Duck (pato) Dog (perro) Dock (embarcadero) Doc (doctor) Parece fácil, ¿verdad? Pues para mi es imposible pronunciar estos cuatro nombres con las diferencias sutiles y prácticamente imperceptibles a como los pronuncian mis hijos, que están creciendo en un ambiente eminentemente americano. Primero hago que ellos me pronuncien los nombres. Cuando ellos comprueban que su madre intenta imitar los sonidos y no lo consigue, me intentan enseñar la pronunciación hablando a cámara lenta. Pero ni así. Y creo que es porqué yo no tengo interiorizado estas diferencias en mi vocabulario bási…

Sin vergüenza

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Lo he visto en múltiples ocasiones. Y no deja de impresionarme cada vez que lo veo. Pero cada vez me gusta más y me siento mejor observándolo. El fenómeno de la sin vergüenza que impera, como mínimo, en Massachusetts.  Gente mayor, adulta, vestida por la calle de cualquier manera. Jóvenes en pijama y cubiertos con plumones para ir a la compra. Y no pasa nada. Nadie se gira por la calle viendo a gente muy bien arreglada o muy mal arreglada. Nadie cuchichea lo bien o mal vestidos que van funganito o manganito. Y me encanta esta sensación de libertad que me permite expresarme vistiendo ropa deportiva siempre que no estoy trabajando. Me encanta ir a caminar con ropa deportiva, quedar con una amiga vistiendo ropa deportiva, ir de compras con ropa deportiva. Sin maquillaje. Sin tacones. El zénit del fenómeno sin vergüenza lo pude vivir en una competición de un trabajo de la escuela donde asistimos porque mi hijo mayor participaba. En esa competición, que duró un día entero, los mayores que a…

Lo siento

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Lo siento, abuelita. Siento que todo lo que me habías enseñado sobre la manera de comportarse una dama, no me sirva para nada. A mi no me funcionan ni tus fajas, ni tu pelo crepado, ni los tacones desorbitantes que tu me enseñaste a lucir con tus andares aristocráticos. Lo siento, mamá. Siento que tu maquillaje no me funcione, ni tus pasos reposados, ni tus estilismos de faldas conjuntadas con chaquetas a la perfección. Si, incluso una amiga mía que vivió un tiempo en New York me aconsejó que siempre me vistiera a la europea, pero tampoco le hice caso. Lo siento. O no.  Porque me encanta vestirme con mis leggings, mi camiseta de los Patriots y mi sudadera con el nombre de la escuela de mis hijos. Me encanta calzarme mis deportivas y enfundarme el cabello en una cola no muy peinada. Me encanta salir de esta guisa de casa, los días no laborables, e ir al supermercado, o a pasear por los alrededores, o a llevar a mis hijos a una playdate. Me encanta que no me apriete nada. Me encanta no pinta…

Celebraciones indiscretas

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Ayer vino a casa uno de los amigos de mi hijo mayor, para una playdate. Es decir, básicamente la mamá del amigo te lo entrega un par de horas, y transcurrido ese tiempo, la mamá del amigo viene a recogerlo. Con lo cual, intercambio con esa mujer un hola y un gracias cuando llega el niño, y un adiós y gracias cuando se va. Todo muy cordial y con grandes sonrisas. Durante el tiempo que el niño-amigo está en casa, los niños (propios y extraños), juegan y comen. Ayer se interesaron por el fusball, lo que yo de pequeña llamaba popularmente futbolín. Como les faltaba un jugador, me apunté.  En el equipo blanco, jugaban mi hijo pequeño y el amigo. En el equipo negro, jugábamos mi hijo mayor y yo.  Empieza el juego y la pelota va rodando entre los jugadores de plástico, mientras nuestras manos intentan dirigir a nuestras piezas. El equipo blanco marca un gol. Pelota en juego otra vez, y nos marcan otro gol. Y a la tercera, marco yo un gol. Me alegro como si hubiera ganado la lotería. ¡Goooooool! …

Alma de gato peludo

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¡A la ducha! Grito a mis pequeños a pleno pulmón. Hora de ducha y acto seguido, cenar en familia.  Pero a mi frase imperativa no le sigue un movimiento de pasos que se dirigen al baño, tampoco escucho el sonido del agua de la ducha. Se escucha un silencio total. ¡A la ducha! Repito, por eso de que a veces aún creo que mis pequeños no han escuchado mis órdenes la primera vez. Paro la oreja. Durante un minuto. Y dos y también tres. Nada de nada, ninguna reacción a mi demanda. Subo a su cuarto y les encuentro sentados mirando un video, o jugando los dos (caso raro) sin peleas, o leyendo cada uno por separado.  ¿Pero que no me habéis escuchado? Venga, duchaos, que estoy acabando la cena. Y de su interior, escucho un Fffffxxxxttttt que me estremece, seguido de un ¡No, mamá, hoy no! Nos peleamos, y al cabo de diez minutos, cuando mi comida ya está quemada y el humo la delata, consigo ganar la batalla "in extremis", y mis dos hijos preadolescentes van con cara de enfado supremo de mama-n…

De vejez, pelos y arrugas

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La vejez, ese estadio de la vida donde mis hijos me incluyen, pero donde yo, con mis cuarenta y seis años, aún no me siento identificada. ¡Qué narices voy a estar en la vejez, y menos en el año 2017, donde alguien (seguro que con más de cuarenta tacos), inventó la frase "los cuarenta son los nuevos treinta"! O sea, que me siento de treinta aunque mis pequeños solecitos me etiqueten mal. Vale, de acuerdo, puedo decir que, estéticamente, hay signos de la edad que mi cuerpo notan y que, precisamente, no son de cuerpo de treinta y pocos. Ni de treinta y muchos.
Para empezar, mi cabello tiene unas canas apabullantes. Francamente deliciosas y que intento disimular con los dos métodos conocidos hasta la fecha: Método conocido 1 Visita periódica a la peluquería, dónde una mujer de mi edad me pregunta por mi vida sin yo notar el mínimo interés, mientras me va pintando los pelos con poca precisión. El resultado es un pelo sin canas durante un par de días, pero con mucho menos dinero en mi…

No

El 14 de febrero hubo otro Mass shooting en Florida. Básicamente un chico de 19 años mató con un arma automática a 17 estudiantes de una High school. El suceso es trágico y no es aislado en Estados Unidos, donde se han puesto en evidencia los detractores y los defensores de la libre circulación de armas. Me emocioné al escuchar la declaración de una superviviente a la masacre, pidiendo más regulación y haciendo una crítica férrea a la asociación nacional del rifle y al presidente Trump. Son conmovedores los mensajes en las redes sociales, pero no es suficiente. Nada de esto es suficiente. Los estudiantes, los de secundaria, los más afectados por estas aberraciones, salen a la calle, en concentraciones, en conferencias, para hablar sobre este tema, e intentar impedir que no vuelva a suceder. Las declaraciones de unos chicos que los adultos consideramos aún menores, me han dejado anonadada por su claridad, su valentía, su solidaridad, su respeto por todo el mundo. Estoy orgullosísima de…

Me he enamorado

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Me he enamorado, total y perdidamente, de la música country. Hace unos meses descubrí una cadena de radio, la 102.5 en la FM, dónde toda la música era country, y me he convertido en fan número uno, hasta el punto de que en casa sólo quiero escuchar música de este tipo, y mis amantísimos hijos y mi marido empiezan a estar hasta las narices de mis nuevos gustos musicales. Pero es que este tipo de música es totalmente espectacular para mis sentidos. Me encanta escuchar las canciones de Thomas Rhett, de Blake Shelton, de Kelsea Ballerini y de Keith Urban, contando amores y desamores, ya sean de parejas, de amigos o de amores no correspondidos. Normalmente cantado en primera persona, y contando una historia emotiva que me permite llorar mientras me imagino mentalmente lo que los cantantes van contando en la canción. Y la música que acompaña estos versos cargados de sentimiento es sencillamente espectacular. Tonadas lentas que van acelerando, que se te quedan en la mente incluso cuando han …

Experiencias en la costa oeste: 12. San Francisco

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Arriba y abajo, arriba y abajo, así puedo describir nuestros vaivenes en una de las ciudades, eso dicen, más bellas de la costa oeste de los Estados Unidos. Después de que el padre de mis hijos organizara milimétricamente unas extraordinarias vacaciones en  diez parques naturales de la costa oeste, sin ningún fallo en su haber, habiendo cambiado cada día de alojamiento, disfrutado de las mejores vistas y las mejores excursiones con los espectáculos naturales más fantásticos del mundo, él me pidió que yo organizase las visitas a San Francisco, donde pasábamos los dos días con los que terminábamos nuestra aventura de la costa oeste. Pero no me pidió que lo organizase milimétricamente. Y los dos sabíamos que yo no era él. Aún así, él se arriesgó y tuvo que atenerse a su decisión. No consulté páginas web que contasen lo mejor que podíamos visitar en San Francisco, no, eso era demasiado fácil para mi menda. Lo que hice fué mandar un par de whattsapp a unos amigos que sabíamos habían visitado …

El peor cumpleaños de mi vida

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Cumpleaños de antaño (es decir, el mío): yo celebraba mi cumpleaños con mis abuelos, (con la suerte de que tenía a los cuatro), mis padres, y mi hermana. ¿Cómo lo celebrábamos? Pues con una comida NORMAL y un pastel ESPECIAL. El pastel era mi preferido, de limón y nata y crema quemada en la parte superior. Para lamerse los dedos. Mi madre encendía las velas, yo pedía un deseo que no contaba a nadie para que se cumpliera (y que nunca se cumplía), soplaba las velas, mis queridos miembros de la familia aplaudían y mi abuelo tiraba una foto. Sólo una, por supuesto, de aquellas de cámara fotográfica y carrete de treinta y seis fotos para revelar. Si acaso, recibía algún pequeño regalo que me hacía ilusión, y besaba a mis padres y abuelos dándoles las gracias por asistir a mi cumpleaños. Todo un acontecimiento.
Cumpleaños actual (es decir, el de uno de mis pequeñuelos): un mes antes del cumpleaños, empiezo a preguntar a mi hijo dónde quiere celebrar su cumpleaños. Aquí en Massachusetts las opc…

Experiencias en la costa oeste: 11. Sequoia

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Veo como los pies se me agrandan y se vuelven peludos. Ya no me caben los zapatos. Compruebo delante del espejo que las orejas me crecen desmesuradamente y que tienen pelos por todos lados. Mi estatura ha empequeñecido y los humanos me parecen todos de dimensiones descomunales. Me vuelvo traviesa y pillina, tengo muchas ganas de travesuras. Ya está. Ya soy una hobbit. Dispuesta a acompañar a Frodo en su travesía para llegar a deshacerse del maldito anillo, paseando por el parque natural de Sequoia es así como me siento. La inmensidad de los árboles te traslada a cualquier lugar antes sólo imaginado. Su enorme diámetro, su espeluznante altura, su copa frondosa a punto de llegar hacia el infinito... parece que el parque Sequoia se encontraba sólo en la imaginación de Tolkien, pero llego a comprobar que existe de verdad, aunque para eso necesite que alguien me pellizque en el brazo. ¡Ay! Pues si, estoy despierta, mis orejas no son peludas y mi estatura, aunque no para tirar cohetes, entra …

No es para tanto

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De vacaciones en la casa patria, me mimo y me dejo mimar. Uno de mis grandes placeres es ir a la peluquería de toda la vida, donde la mejor peluquera del mundo, Mireia, me pone la keratina para que mi pelo loco se quede como mínimo algunas semanas en posición vertical. Y allí, en la gloria capilar, me preguntan si quiero que me hagan las uñas. Por supuesto, mimo total. Aparece una chiquilla de no más de veinte años, que acaba de llegar a su turno y se sienta delante de mi.  ¡Qué frio, madre del amor hermoso! Me comenta. No es para tanto, le contesto yo. A eso que ella me mira con cara desconfiada y pensando si estoy loca o soy una maleducada, con lo cual le contesto que estos diez grados celsius de temperatura que ella cree que son tan fríos no son nada comparado con los diez grados fahrenheit que sufrimos los habitantes de Massachusetts.  Y le cuento que en Massachusetts hace tanto frío que durante las tormentas de nieve típicas en invierno, el gobernador sale por televisión para inform…

Experiencias en la costa oeste: 10. Yosemite

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Yosemite es verde. Yosemite son montañas, árboles altos y frondosos, cascadas que casi llegan al cielo, animalitos correteando por doquier. Yosemite es un parque natural conteniendo naturaleza viva, lo que lo distingue enormemente de todos los que hemos visitado anteriormente, donde nuestros ojos se deleitaron con la naturaleza muerta. Yosemite es vida y muerte, que te deja contemplar el ciclo de la vida en todo su esplendor.  Realizamos tres excursiones, a cada cual más hermosa.  En la primera, bordeamos un lago de agua cristalina que nos condujo a una gran mancha de nieve, muy atípica por esas lindes en agosto. Flores pequeñitas reseguían un pequeño caminito que nos condujo de nuevo a nuestro punto de destino. En la segunda excursión, llegamos a la cima de una montaña de dimensiones pequeñas, para contemplar apesadumbrados que el paisaje con el que queríamos deleitar nuestra mente estaba totalmente cubierto del humo de unos fuegos controlados que había unas millas más allá. La tercera excu…