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Mostrando entradas de 2018

La guerra de los pelos grises. El nudo

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Después de mi decisión de no teñirme el pelo canoso, lo puse en conocimiento de mi família, la que habita en mi casa y la que habita en la tablet via Skype. Y aquí empezaron las crudas batallas que debía librar en todos los frentes: - Mis hijos me dijeron que mi cabello blanco me hacía más viejecita (y eso que desde siempre ya me dicen que soy vieja, pues añadieron un grado más; - mi marido no me dijo nada oralmente, pero su mirada me contó que él prefería que me tiñese el cabello; - mi madre fue la que usó más armas para librar su batalla particular en contra de mis debilitados pelos blancuchos, usó el chantaje emocional a través de los siguientes argumentos: 1. Nena, así el pelo no te queda bien 2. Parece que ya no te guste ser presumida 3. Parece como que te dejes de cuidar 4. Tus sobrinitas me dicen que la tiíta está más guapa con el pelo teñido 5. Tu hermana dice que no es propio de ti dejarse el pelo blanco 6. Cuando venga a veros iremos a la peluquería 7. Un día que mi madre estaba con s…

La guerra de los pelos grises. El inicio

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Tengo cuarenta y siete años y ¡oh, sorpresa! tengo cabellos grises que florecen en mi cabeza.
He probado repetidas veces ser una buena florecita e ir a la peluquería a teñirme, con los siguientes resultados: 1. Llamo una semana antes del evento para concertar hora en el salon de turno, 2. Me presento a la peluquería en cuestión, 3. Una mujer de mi edad pero con el pelo espléndido y donde no caben las canas, me pide que me espere mientras mi peluquera se prepara 4. La peluquera viene a buscarme a la sala de espera, con una sonrisa de oreja a oreja 5. Después de sentarme en la silla delante de un espejo inmenso, la peluquera me aconseja un balayage para disimular mis canas incipientes 5. Aunque no tengo ni idea de lo que es un balayage y me suena a algo muy caro, acepto su propuesta, puesto que me dice que quedará espectacular (evidentemente) 6. Coge tinte y pim pam pim pam sin ton ni son me friega un mejunge espeso y blanco por el pelo 7. Me pregunta por mi família, por mi trabajo y al ver que …

Sabes que vives en Massachusetts si:

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- Consideras normal levantarte a las seis de la mañana; - Consideras normal irte a la cama a las nueve de la noche; - No tienes persianas en la habitación; - Te gusta la nieve y las temperaturas negativas; - Tienes ropa deportiva de los Red Sox y los Patriots aunque nunca hayas practicado ningún tipo de deporte, y mucho menos baseball y fútbol americano; - Sonríes a la gente desconocida que se cruza contigo en el pasillo de tu trabajo; - Cedes el paso a coches que no tienen prioridad; - Crees que ir al supermercado vestida con ropa deportiva y bolso de marca no está reñido con el estilo, aunque no exista; - Sabes que hay fiestas cristianas, judías y musulmanas y son todas bienvenidas; - Saludas a tus conocidos con un semi abrazo que no aprieta; - Te quedas en casa sin rechistar cuando el gobernador alerta de una tormenta de nieve; - Tus hijos visten pantalones cortos y chaqueta de abrigo para ir a la escuela; - Estás acostumbrada a cruzarte con autobuses amarillos que antes sólo visualizabas a tr…

Entrenadores voluntarios

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Mi pequeño ha querido probar el baseball, deporte americano por excelencia y motivo de largas horas delante del televisor para una gran parte de americanos que se precien de serlo.  Para saber en qué equipo jugarían (es decir, para saber de sus habilidades más o menos baseboleras), a los niños los citaron en el gimnasio de la escuela secundaria de la localidad. Nunca había visto a tanta gente en un punto concreto del pueblo. Padres y madres se apilaban en la entrada del gimnasio, para poder captar las habilidades más o menos desarrolladas de sus pequeños y adorables monstruitos. De nada sirvió que yo y un par de mamás nos escabulléramos de la entrada e intentásemos colarnos dentro del gimnasio. Un simpático pero firme cincuentón de buen ver nos dijo que la entrada estaba prohibida durante las pruebas y que debíamos esperar fuera. Al cabo de dos horas de práctica, mi pequeño salió del gimnasio y nos fuimos a casa, esperando impacientes un correo con el grupo al que lo habían aceptado. N…

bibliotecas y ferias de libros

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Al principio de vivir en Massachusetts, vivíamos en Newton, un pueblecito (o mejor dicho, una vasta extensión de terreno repleta de casitas de sueño americano con termitas incorporadas). En aquella época, mis hijos y yo nos apuntamos como miembros de la biblioteca pública de la localidad, y con el carnet podíamos sacar de la biblioteca una enorme cantidad de libros, para devolverlos al cabo de unas dos semanas. En aquella época, tuvimos en casa muchos libros prestados, y cuando yo recibía un correo electrónico de la biblioteca, recordándome amablemente su devolución, yo me volvía loca por encontrar los susodichos libros susceptibles de devolución debajo del sofá, o escondidos entre las sábanas. También en aquella época, los niños y yo acudíamos a la biblioteca para ver una película bastante actual y totalmente gratuita, o a contemplar obras de arte de artistas locales que nunca captaron mi alma ni mucho menos mi monedero, o a comprar libros viejos por menos de un dólar cada uno, o par…

Hablando con una pantalla

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Desde mi llegada a Massachusetts, que uso el drive thru cuando voy al cajero automático. Sólo por este motivo. Pero el otro día, mis hijos me convencieron que debía usar el drive thru del Starbucks, y me sentí vieja y futurista al mismo tiempo. Sucedió lo siguiente: Llego con el coche a la línea donde pone drive thru y sigo las indicaciones de las flechitas. Conduzco hasta una pantalla inmensa a mitad del camino hacia una casita donde fabrican los cafés a los que me he aficionado. Observo la pantalla, que es de grandes dimensiones, rectangular, plastificada con los bordes metalizados, negra como el carbón, y sin ninguna indicación de los pasos que debo hacer para pedir mi latte. Continuo mirando la pantalla, para descubrir alguna señal que me indique el próximo paso, cuando de repente oigo una voz grave que me dice: "Buenos días, gracias por comprar en Starbucks, ¿qué desea?" Alarmada, no salgo de mi asombro, ¡un pedazo de plástico rectangular ha adivinado que estoy cerca de él…

Chicas de fútbol

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Nuestra vecina de nueve años practica soccer (fútbol) desde hace tiempo. Mis hijos varones no practican soccer (fútbol). En Estados Unidos, el fútbol tal y como lo conocemos en Europa es practicado ampliamente por la sección femenina, muy al contrario de lo que yo conocía en mi país. Y no es un fútbol endeble ni mucho menos. Es un fútbol agresivo, competitivo, con grandes dosis de entrenamiento y de sacrificio por parte de las abnegadas jugadoras, que se toman el fútbol como un deporte muy en serio y en el que les encanta participar, competir, y ganar. La afición empieza a la edad temprana, y sigue hasta la entrada a la universidad, donde chicas de larga melena rubia recogida en una trenza persiguen como cosacas una pobre pelota hasta conseguir su objetivo, oséase, el preciado gol, que celebran con alegría infinita y desinhibición absoluta. ¿Quién ha dicho qué del sexo débil? En mi país, los niños practican fútbol y las niñas gimnasia. Como mínimo una gran mayoría. Veo que mis amigas exhib…

Cartas de gracias

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Antes de vivir en Massachusetts, cuando alguien me hacía un favor, o nos invitaban a una cena o a un aniversario, cuando me dejaban un libro o cuando me felicitaban por mi cumpleaños, yo daba las gracias.
Gracias. Diciéndolo con la boca. Claro y simple. gracias.
Pero desde que estoy en Massachusetts, las gracias las recibo a través del correo postal, e incluso he aprendido a dar las gracias del mismo modo. 
En las entradas de cualquier Target que se precie, hay un gran espacio dedicado a las tarjetas que sirven para dar las gracias o para felicitar a la gente. Así pues, encontramos multitud de tarjetas para:
- felicitar a una persona de la família (abuelas, abuelos, padres, maridos e hijos, amigos, e incluso vecinos);
- felicitar por una boda o un nacimiento;
- desear una pronta recuperación de alguna enfermedad;
- dar las gracias por todo lo que se pueda ocurrir:
* gracias por asistir a la fiesta de aniversario de mi hijo
* gracias por dejarme un libro
* gracias por el regalo de cumpleaños
* gr…

De todo el mundo

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Hay cosas buenas y cosas malas de vivir lejos de tu hogar. Yo siempre considero que la balanza se decanta enormemente en el lado positivo. Me gusta hacer listas de multitud de cosas, y mis listas positivas por el hecho de vivir lejos de mi hogar ya han copado algunos de mis artículos. Pero el otro día descubrí una cosa positiva que aún no figuraba en ninguna de mis listas anteriores, con lo cual paso a añadirla escribiendo éstas líneas. Mi media naranja me envió un chiste divertido a través de WhatsApp, la aplicación estrella de cualquier persona que se tercie a muchos quilómetros de su hogar. Solté una carcajada al ver el chiste y decidí compartirlo con muchos de mis contactos, también por WhatsApp, porqué echar unas risas es gratuito y necesario en muchas ocasiones. Algunos de mis contactos me contestaron con emoticones, o comentando simplemente que era divertido. Pero el protagonista de éstas líneas no era el chiste en si, sino el darme cuenta de que me estaban llegando mensajes de …

Sabes que vives en Massachusetts si tus hijos:

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- consideran que con diez grados centígrados el calor es insoportable y se visten con pantalón corto; - empiezan las frases cuando hablan entre ellos con un "Dude" sin saber quién es "The big Lebowski" de los hermanos Coen; - creen sinceramente que pueden ir a todas partes con chancletas de playa y calcetines de deporte; - alzan la mano contínuamente para responder preguntas que se plantean en casa durante la cena, y esperan pacientemente (o no) su turno para contestar; - empiezan las frases con un "Guys" cuando se dirigen a su padre o a mi menda (su madre); - soportan mejor las temperaturas negativas que positivas; - piensan en inglés, sueñan en inglés, leen en inglés; - creen que alzar el dedo medio (o corazón) es el peor de los insultos; - cuentan chistes que sus padres no americanos y con una cultura diferente, son incapaces de entender; - creen que "hilarious" es sinónimo de "divertido" - creen que los tejanos se usan en las grandes ceremon…

Ejercicio de madre. Clases gratuitas

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Cuando alguien me pregunta si practico algún deporte, mi respuesta es afirmativa.
Cuando me preguntan qué deporte practico, les digo la verdad: tengo dos hijos. Esto debería contar como deporte semi-olímpico como mínimo.
Como algún escéptico no cree que tener dos hijos sea un deporte, aquí dejo una serie de ejercicios diarios que sirven como clases de gimnasia para el más incrédulo, y que voy a describir de manera totalmente gratuita:
- ejercicios de las cuerdas vocales. Este es el músculo que tengo más ejercitado en todo mi cuerpo. Me paso el día gritando a mis hijos para que hagan los deberes, ordenen su habitación, recojan su ropa, cenen, pongan la mesa, se laven los dientes y vayan a la cama. Los gritos van acentuándose a medida que pasa el tiempo, puesto que mis hijos cada vez me hacen menos caso. Tengo calculado que a los sesenta ya tendré voz de soprano y triunfaré en la ópera (mi objetivo: Milán).
- ejercicios de espalda. Mis hijos ayudan enormemente a la actividad diaria de mi co…

He averiguado la verdad

Good job. Traducción literal: buen trabajo, por supuesto. Cuando vives en Estados Unidos, no te cansas de escuchar siempre lo mismo. Good job. En muchas de las circunstancias de la vida, puedes escuchar esta frase alentadora. Pero atención, si tienes hijos, la audición de esta frase dirigida a tus retoños está impregnada en tu día a día. Cualquier cosa que hace un niño acaba con un good job del maestro, de la madre, del abuelo o del vecino. ¿Que el pequeño ha acabado la merienda? Good job. Buen trabajo. ¿Que se ha limpiado los dientes? Good job. Buen trabajo. ¿Que viene de jugar un rato en el jardín de los vecinos? Good job. Buen trabajo. Pero atención, porque good job se utiliza en situaciones donde yo no tengo interiorizado que lo que acabamos de hacer sea un buen trabajo. ¿Que el niño no ha tocado la pelota de baseball que el pitcher acaba de lanzarle? Good job. ¿Que el niño evita la pelota inclinando el cuerpo y pasando de batear? Good job. ¿Que el niño no hace las posiciones que se requ…

Superpoder

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Tengo muchas amigas con superpoderes. Una de mis mejores amigas, cose cualquier tipo de tela y la puede transformar en buffs, bolsas de playa, estuches de lápices, marcadores de libros. Otra de mis amigas, es una apasionada de la cocina y enseña con paciencia infinita a que su peque mezcle los huevos con la harina para fabricar algo comestible. Otra amiga, transmite la pasión por la naturaleza a sus hijos, y sus acampadas en la montaña son espectacularmente bonitas. Mi superpoder es el de estar en dos sitios a la vez. ¿Que cómo lo hago? ¿Teletransportación?¿Paro del tiempo? Bueno, casi casi, aunque a veces no sé ni dónde me encuentro. Mis hijos han desarrollado, por suerte, aficiones distintas el uno del otro, con lo cual sus actividades extraescolares no coinciden ni en espacio ni en tiempo. Pero, eso si, coinciden en día. Los días de las dos aficiones, su madre amantísima, oséase mi menda, debe conducir su utilitario, cargado con el hijo mayor y su habituallamiento deportivo hacia una…

Miel

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La primera vez que escuché la palabra honey (miel), sin que se hiciera referencia al producto proveniente de las abejas y objeto del deseo de los osos más golosos, fué en New York. En uno de mis viajes hace tiempo a una ciudad que me tiene enamorada, la chica que nos tomaba el pedido en un pequeño bar de Tribeca me dijo: ¿Y tú que és lo que quieres, honey? ¿Yo, miel?¿Miel de qué? Me encantó que alguien me comparara con un líquido dulce del color del oro viejo, pero no salí de mi asombro. Ahora que ya hace tiempo que vivo en Massachusetts, estoy acostumbrada a escuchar que mis amistades y mis compañeras de trabajo se acercan a mi tratándome de miel. ¡Incluso yo digo miel a mis amistades o a mis compañeras de trabajo! Atrás quedan mis palabras para mostrar afecto, tales como cariño (sentimiento), corazón (parte del cuerpo que simboliza toda la ternura), amor mío (explícitamente amor en mayúsculas), guapa (por dentro y por fuera). Cerca de Boston, al hablar con la persona a quién tengo delan…

Doctor, ¿es grave?

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En mi pueblo natal, mi sistema de conducción era el normal, vamos. Que si acelerar, que si apretar el freno hasta el fondo, que si ser una conductora agresiva y que nadie te quite el puesto ni ose adelantarte, que si gritar improperios y dar bocinazos a troche y moche. Diez minutos de conducción y un azote de adrenalina que me permitía seguir con mi malhumor durante el resto del día.  Al llegar a Massachusetts, y saberme con la obligación de la conducción, me puse a actuar como conductora de mi pueblo natal. Craso error, no el primero de los muchos en mi haber, dicho sea de paso. Mi conducción apresurada, de movimientos bruscos y palabras vociferantes distaban mucho del tipo de conducción de Massachusetts, donde los conductores ceden el paso a los transeúntes siempre, si, SIEMPRE, aunque éstos no crucen la calle pisando un ceda el paso. Los conductores, mis compañeros matinales, de mediodía y de tarde, permiten que entren conductores a la fila que generamos pacientemente para trasladar…

La calma antes de la tormenta

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La gente de Massachusetts está siempre informada sobre las inclemencias del tiempo de su zona. La gente de Massachusetts está acostumbrada a estados meteorológicos muy cambiantes, con lo cual, les guste o no, quieran o no quieran, escuchan a las autoridades y a los meteorólogos en todos los medios de comunicación, que informan a destajo sobre la próxima tormenta que se avecina. Esta situación es mucho más evidente durante los meses de invierno que los de verano, por razones obvias. Parece como si en la costa norte-este de los Estados Unidos, las estaciones tardasen en llegar. El invierno de verdad llega en Navidades, normalmente, y la primavera de verdad llega a veces en junio y no antes, por lo menos en lo que a temperaturas se refiere. Y los habitantes de Massachusetts escuchamos impávidos cómo los hombres y mujeres del tiempo anuncian una u otra tormenta, porqué en función de lo grave de ésta, afectará a nuestros quehaceres cotidianos.  Este año, sin ir más lejos, los niños se han q…

Pronunciando lo mismo

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A simple vista, puedo identificar perfectamente un pato de un perro, un perro de un embarcadero y un embarcadero de un doctor. Incluso en fotos, creo que acertaré a primera vista la diferencia entre un médico y un pato, aunque los dos lleven vestido blanco. Pero si me hablan de uno o de otro, sin ninguna pista, me cuesta diferenciarlos. Y cuando se trata de pronunciar el nombre, esta tarea para mi es harto imposible. Duck (pato) Dog (perro) Dock (embarcadero) Doc (doctor) Parece fácil, ¿verdad? Pues para mi es imposible pronunciar estos cuatro nombres con las diferencias sutiles y prácticamente imperceptibles a como los pronuncian mis hijos, que están creciendo en un ambiente eminentemente americano. Primero hago que ellos me pronuncien los nombres. Cuando ellos comprueban que su madre intenta imitar los sonidos y no lo consigue, me intentan enseñar la pronunciación hablando a cámara lenta. Pero ni así. Y creo que es porqué yo no tengo interiorizado estas diferencias en mi vocabulario bási…

Sin vergüenza

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Lo he visto en múltiples ocasiones. Y no deja de impresionarme cada vez que lo veo. Pero cada vez me gusta más y me siento mejor observándolo. El fenómeno de la sin vergüenza que impera, como mínimo, en Massachusetts.  Gente mayor, adulta, vestida por la calle de cualquier manera. Jóvenes en pijama y cubiertos con plumones para ir a la compra. Y no pasa nada. Nadie se gira por la calle viendo a gente muy bien arreglada o muy mal arreglada. Nadie cuchichea lo bien o mal vestidos que van funganito o manganito. Y me encanta esta sensación de libertad que me permite expresarme vistiendo ropa deportiva siempre que no estoy trabajando. Me encanta ir a caminar con ropa deportiva, quedar con una amiga vistiendo ropa deportiva, ir de compras con ropa deportiva. Sin maquillaje. Sin tacones. El zénit del fenómeno sin vergüenza lo pude vivir en una competición de un trabajo de la escuela donde asistimos porque mi hijo mayor participaba. En esa competición, que duró un día entero, los mayores que a…

Lo siento

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Lo siento, abuelita. Siento que todo lo que me habías enseñado sobre la manera de comportarse una dama, no me sirva para nada. A mi no me funcionan ni tus fajas, ni tu pelo crepado, ni los tacones desorbitantes que tu me enseñaste a lucir con tus andares aristocráticos. Lo siento, mamá. Siento que tu maquillaje no me funcione, ni tus pasos reposados, ni tus estilismos de faldas conjuntadas con chaquetas a la perfección. Si, incluso una amiga mía que vivió un tiempo en New York me aconsejó que siempre me vistiera a la europea, pero tampoco le hice caso. Lo siento. O no.  Porque me encanta vestirme con mis leggings, mi camiseta de los Patriots y mi sudadera con el nombre de la escuela de mis hijos. Me encanta calzarme mis deportivas y enfundarme el cabello en una cola no muy peinada. Me encanta salir de esta guisa de casa, los días no laborables, e ir al supermercado, o a pasear por los alrededores, o a llevar a mis hijos a una playdate. Me encanta que no me apriete nada. Me encanta no pinta…

Celebraciones indiscretas

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Ayer vino a casa uno de los amigos de mi hijo mayor, para una playdate. Es decir, básicamente la mamá del amigo te lo entrega un par de horas, y transcurrido ese tiempo, la mamá del amigo viene a recogerlo. Con lo cual, intercambio con esa mujer un hola y un gracias cuando llega el niño, y un adiós y gracias cuando se va. Todo muy cordial y con grandes sonrisas. Durante el tiempo que el niño-amigo está en casa, los niños (propios y extraños), juegan y comen. Ayer se interesaron por el fusball, lo que yo de pequeña llamaba popularmente futbolín. Como les faltaba un jugador, me apunté.  En el equipo blanco, jugaban mi hijo pequeño y el amigo. En el equipo negro, jugábamos mi hijo mayor y yo.  Empieza el juego y la pelota va rodando entre los jugadores de plástico, mientras nuestras manos intentan dirigir a nuestras piezas. El equipo blanco marca un gol. Pelota en juego otra vez, y nos marcan otro gol. Y a la tercera, marco yo un gol. Me alegro como si hubiera ganado la lotería. ¡Goooooool! …