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Mostrando entradas de 2018

Genética mejorada

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Me encanta comprobar la teoría de la evolución en mis propias venas. Me complace ver como mis retoños me superan en gran cantidad de temas. Sin ir más lejos, a mi me apasiona leer. Mucho. Recuerdo que mis padres me reñían porqué me encontraban leyendo en cualquier rincón de casa, obviando los quehaceres domésticos. Pero tenía un talón de Aquiles: cuando me subía a un coche, no podía leer una línea de un libro sin marearme. Mucho. Ya sin la lectura, mis viajes en coche eran un martirio, vomitaba si eran largos (entiéndase por largos más de una hora y media de trayecto), con lo cual, siempre que probaba de leer, mis trayectos eran infernales. Pasé mi infancia y adolescencia con trayectos en coche mareada, con la ventanilla abierta para que el aire me refrescase mi mente enturbiada. Y sin poder leer una línea del libro que en aquellos momentos ocupaba mi actividad cerebral.  A mis hijos les apasiona leer. Mucho. Y con la mejora genética, puedo asegurar y aseguro que son capaces de leer den…

La media maratón de Boston y mi Significant other

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Mi Significant other ha participado en la media marathon de Boston, que se ha celebrado el día 7 de octubre de 2018. ¿Y quién es el Significant other?¡Ajá! Pues al que yo llamo el padre de mis hijos, o mi marido, o mi pareja. Para los americanos, el Significant other es una forma de nombrar a tu pareja,  de la forma más políticamente posible. Porque, desengañémonos, en nuestra sociedad, cada día aparecen nuevas formas de entenderse el concepto de familia, de vida. Familias monoparentales, familias con parejas casadas legalmente con anteriores parejas, parejas del mismo sexo, parejas, parejas, familias, familias, hijos de una anterior relación, hijos de antes y de ahora con los de antes que también son los de ahora... y los americanos han encontrado una fórmula especial y correcta para designar a tu pareja actual, o más bien, a la persona que más significa para ti en estos momentos. Significant other. Y todos contentos. O no. Y aquí estábamos, mi significant other participando en la med…

Padres equipados

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Sábado por la mañana. Estoy durmiendo en los brazos de Morfeo después de una semana intensa. Estoy soñando algo raro, como siempre, que no consigo descifrar. Y, de pronto, a las 6:30 de la mañana, suena el despertador. ¿6:30 de la mañana un sábado? ¿6:30?¡6:30!¡Mierda!¿Pero qué...? Y acto seguido recuerdo que uno de mis churumbeles ha decidido que de mayor quiere ser futbolista, con lo cual su amantísima madre lo apuntó a clases de fútbol (soccer, como lo llaman en Massachusetts) y los partidos se juegan durante todo el otoño los sábados a las 8 de la mañana. Resignada, paro el maldito despertador y me preparo el desayuno. Despierto a mi futbolista en potencia, y nos vamos al campo de fútbol, para delicia de los pequeños, que no de los padres. Como me estoy americanizando a marchas forzadas, éste sábado he llegado al campo equipada con todo el material necesario, orgullosa de que mi retoño se vaya de mi lado para jugar un partido de maldito fútbol. Ay, perdón. Aquí describo mi atuendo, …

De la televisión a mi casa

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De pequeña, en mi casa patria, las películas que podíamos ver en el cine o en la televisión eran prácticamente todas americanas. Americanas de los Estados Unidos, se entiende. Yo disfrutaba con fruición de unos argumentos que muchas veces no tenían el menor sentido, y me encantaba ver unos entornos que para mi eran totalmente desconocidos. Ahora que vivo en Boston, puedo comprobar que muchas cosas de mi cotidianidad actual forman parte de los escenarios de las grandes películas que yo adoraba de pequeña. Y también de las que veo actualmente. Sin ir más lejos, el tamaño de la nevera, el galón de leche y los cereales que ahora veo en la pantalla, son objetos que forman parte de mi día a día. Compro productos en el supermercado que ahora salen en mis películas. Paso por delante de establecimientos que tienen cabida en la gran pantalla, paseo por sitios que han servido de escenario en grandes producciones. Incluso los interruptores de mi casa son los mismos que salen en la archifamosa &quo…

O supermercado o parque de atracciones

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Hoy me he dirigido al supermercado donde hago la compra de la semana, el Market basket. Me gusta el sitio y los productos, y considero que la relación calidad/precio es buena, incluso mejor que en muchos otros sitios. Pero hoy me he dado cuenta de que estar allí es lo más similar a lo que entiendo yo por parque de atracciones.  Al intentar entrar por la puerta de entrada, he esperado pacientemente (rollo americano por supuesto, con una sonrisa en los labios), a que salieran dos hombres, cada uno con su carrito, y una mamá joven y repleta de energía, con un carrito super largo y una pieza de plástico simulando un coche en la parte trasera. Ésta pieza iba repleta con tres niños de edades entre los tres y los seis años. La mamá coraje, aparte de tirar del carrito repleto de comida acabada de comprar y de niños, también llevaba a cuestas a su último retoño, una preciosidad de unos dos años que la abrazaba fuertemente. Ha pasado por mi lado con cara alegre, hablando con los pequeños. Soy su …

Puertas y gritos

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Uno de mis trabajos consiste en recoger y llevar a mis hijos a sus actividades extraescolares, que no son pocas. Ahora uno, ahora el otro, mis hijos suben y bajan del asiento trasero de mi coche cuando llegan o nos vamos de sus lugares de práctica deportiva o artística, o ambas.  Como madre, ser la taxista de mis hijos durante toda la tarde es una de mis actividades preferidas. Es broma. Evidentemente. Habida cuenta que odio conducir, si le sumo la conducción en hora punta, donde me quedo encallada en todos los semáforos; le añado el hecho de que uno mis hijos tiene alguna actividad justo después de cole, en sitios extraordinariamente lejos del colegio, con lo cual es prácticamente imposible llegar a tiempo si no se alinean los astros; y termino en que, a la misma hora, uno debe empezar una actividad en la otra punta del pueblo dónde el otro está acabando la suya, con lo cual debo decidir si el que está a punto de terminar, finalice antes de tiempo, o el que debe empezar llegue tarde, …

Ida y vuelta

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Preparar las maletas
volar cruzando el océano
estamos en casa,
de vacaciones.

Amigos, risas y comida
playa, sol y siesta
família, abrazos y te quieros
juegos, paseos y nostalgia.

Calamares a la andaluza
patatas bravas 
mejillones al vapor
rape a la plancha.

Cerveza bien fría
vino blanco de l'Empordà
vino tinto de Ribera del Duero
un poco de agua por favor.

Vistas prodigiosas delante del mar
Asombrosas puestas de sol
pensamientos para los que no están
y susurros con confidencias.

Niños que crecen rápido
mayores que encogemos más
cuerpos esculturales en la playa
y yo que prefiero no mirarme.

Suspiro contemplando el mar
preparar maletas
volar cruzando el océano
de vuelta a casa.



Bicicleteando en Provincetown

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Pasear por Provincetown, el famoso pueblecito del extremo superior de Cape Cod, es pasear por calles de verano multicolores, de sabor a mar y a marisco, de alegría y de tranquilidad. Me encanta entretenerme en las pequeñas tiendecitas de la Comercial St; entrar en las diminutas galerías de arte, donde fotógráfos y pintores nos muestran sus obras más preciadas; sonreirme a mi misma leyendo las frases que hay impresas en las camisetas del verano y que impregnan los escaparates de las tiendas de recuerdos del pueblo; comer un helado aunque mi barriga aún este llena del lobster que me acabo de zampar.
Provincetown es alegría y comprensión, un lugar dónde todos cabemos y todos nos sentimos contentos.
Por primera vez desde que vivimos en Massachusetts, en Provincetown alquilamos unas bicicletas para dar un paseo por los caminos habilitadas en la parte superior del pueblo. Le comenté a la chica que nos las alquilaba que yo era muy patosa, con lo cual me recomendó fervientemente el uso de un ca…

Me llamo Olivia

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No. No me llamo Olivia. O quizás si. Me llamo Roser. Mis padres me pusieron este nombre en honor a mi abuela, que ostentaba el mismo. Roser, que se pronuncia ruzé, más o menos, oséase, que es impronunciable en tierras americanas e incluso más allá. La primera vez que pisé un Starbucks y la dependienta me preguntó mi nombre para estamparlo en el que sería mi vaso, tuve que repetir el nombre tres veces, luego deletrearlo y finalmente deletrearlo a velocidad reducida. Mi amor por mi nombre, el nombre que me ha visto nacer, crecer y madurar, hizo que lo pronunciase con infinita paciencia cada vez que entraba en el Starbucks a pedir mi dosis de cafeína, pero llegó un día en que decidí simplificar. Aquel día, cuando el dependiente me preguntó mi nombre, le contesté, sin pensármelo demasiado: "María". Sí. Y lo entendió a la primera. Con lo cual, para simplificar mi vida y la de mis congéneres, cuando alguien me pregunta el nombre, y sé que este alguien es una persona que no veré otra ve…

La guerra de los pelos grises. El nudo

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Después de mi decisión de no teñirme el pelo canoso, lo puse en conocimiento de mi família, la que habita en mi casa y la que habita en la tablet via Skype. Y aquí empezaron las crudas batallas que debía librar en todos los frentes: - Mis hijos me dijeron que mi cabello blanco me hacía más viejecita (y eso que desde siempre ya me dicen que soy vieja, pues añadieron un grado más; - mi marido no me dijo nada oralmente, pero su mirada me contó que él prefería que me tiñese el cabello; - mi madre fue la que usó más armas para librar su batalla particular en contra de mis debilitados pelos blancuchos, usó el chantaje emocional a través de los siguientes argumentos: 1. Nena, así el pelo no te queda bien 2. Parece que ya no te guste ser presumida 3. Parece como que te dejes de cuidar 4. Tus sobrinitas me dicen que la tiíta está más guapa con el pelo teñido 5. Tu hermana dice que no es propio de ti dejarse el pelo blanco 6. Cuando venga a veros iremos a la peluquería 7. Un día que mi madre estaba con s…

La guerra de los pelos grises. El inicio

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Tengo cuarenta y siete años y ¡oh, sorpresa! tengo cabellos grises que florecen en mi cabeza.
He probado repetidas veces ser una buena florecita e ir a la peluquería a teñirme, con los siguientes resultados: 1. Llamo una semana antes del evento para concertar hora en el salon de turno, 2. Me presento a la peluquería en cuestión, 3. Una mujer de mi edad pero con el pelo espléndido y donde no caben las canas, me pide que me espere mientras mi peluquera se prepara 4. La peluquera viene a buscarme a la sala de espera, con una sonrisa de oreja a oreja 5. Después de sentarme en la silla delante de un espejo inmenso, la peluquera me aconseja un balayage para disimular mis canas incipientes 5. Aunque no tengo ni idea de lo que es un balayage y me suena a algo muy caro, acepto su propuesta, puesto que me dice que quedará espectacular (evidentemente) 6. Coge tinte y pim pam pim pam sin ton ni son me friega un mejunge espeso y blanco por el pelo 7. Me pregunta por mi família, por mi trabajo y al ver que …

Sabes que vives en Massachusetts si:

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- Consideras normal levantarte a las seis de la mañana; - Consideras normal irte a la cama a las nueve de la noche; - No tienes persianas en la habitación; - Te gusta la nieve y las temperaturas negativas; - Tienes ropa deportiva de los Red Sox y los Patriots aunque nunca hayas practicado ningún tipo de deporte, y mucho menos baseball y fútbol americano; - Sonríes a la gente desconocida que se cruza contigo en el pasillo de tu trabajo; - Cedes el paso a coches que no tienen prioridad; - Crees que ir al supermercado vestida con ropa deportiva y bolso de marca no está reñido con el estilo, aunque no exista; - Sabes que hay fiestas cristianas, judías y musulmanas y son todas bienvenidas; - Saludas a tus conocidos con un semi abrazo que no aprieta; - Te quedas en casa sin rechistar cuando el gobernador alerta de una tormenta de nieve; - Tus hijos visten pantalones cortos y chaqueta de abrigo para ir a la escuela; - Estás acostumbrada a cruzarte con autobuses amarillos que antes sólo visualizabas a tr…

Entrenadores voluntarios

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Mi pequeño ha querido probar el baseball, deporte americano por excelencia y motivo de largas horas delante del televisor para una gran parte de americanos que se precien de serlo.  Para saber en qué equipo jugarían (es decir, para saber de sus habilidades más o menos baseboleras), a los niños los citaron en el gimnasio de la escuela secundaria de la localidad. Nunca había visto a tanta gente en un punto concreto del pueblo. Padres y madres se apilaban en la entrada del gimnasio, para poder captar las habilidades más o menos desarrolladas de sus pequeños y adorables monstruitos. De nada sirvió que yo y un par de mamás nos escabulléramos de la entrada e intentásemos colarnos dentro del gimnasio. Un simpático pero firme cincuentón de buen ver nos dijo que la entrada estaba prohibida durante las pruebas y que debíamos esperar fuera. Al cabo de dos horas de práctica, mi pequeño salió del gimnasio y nos fuimos a casa, esperando impacientes un correo con el grupo al que lo habían aceptado. N…

bibliotecas y ferias de libros

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Al principio de vivir en Massachusetts, vivíamos en Newton, un pueblecito (o mejor dicho, una vasta extensión de terreno repleta de casitas de sueño americano con termitas incorporadas). En aquella época, mis hijos y yo nos apuntamos como miembros de la biblioteca pública de la localidad, y con el carnet podíamos sacar de la biblioteca una enorme cantidad de libros, para devolverlos al cabo de unas dos semanas. En aquella época, tuvimos en casa muchos libros prestados, y cuando yo recibía un correo electrónico de la biblioteca, recordándome amablemente su devolución, yo me volvía loca por encontrar los susodichos libros susceptibles de devolución debajo del sofá, o escondidos entre las sábanas. También en aquella época, los niños y yo acudíamos a la biblioteca para ver una película bastante actual y totalmente gratuita, o a contemplar obras de arte de artistas locales que nunca captaron mi alma ni mucho menos mi monedero, o a comprar libros viejos por menos de un dólar cada uno, o par…

Hablando con una pantalla

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Desde mi llegada a Massachusetts, que uso el drive thru cuando voy al cajero automático. Sólo por este motivo. Pero el otro día, mis hijos me convencieron que debía usar el drive thru del Starbucks, y me sentí vieja y futurista al mismo tiempo. Sucedió lo siguiente: Llego con el coche a la línea donde pone drive thru y sigo las indicaciones de las flechitas. Conduzco hasta una pantalla inmensa a mitad del camino hacia una casita donde fabrican los cafés a los que me he aficionado. Observo la pantalla, que es de grandes dimensiones, rectangular, plastificada con los bordes metalizados, negra como el carbón, y sin ninguna indicación de los pasos que debo hacer para pedir mi latte. Continuo mirando la pantalla, para descubrir alguna señal que me indique el próximo paso, cuando de repente oigo una voz grave que me dice: "Buenos días, gracias por comprar en Starbucks, ¿qué desea?" Alarmada, no salgo de mi asombro, ¡un pedazo de plástico rectangular ha adivinado que estoy cerca de él…

Chicas de fútbol

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Nuestra vecina de nueve años practica soccer (fútbol) desde hace tiempo. Mis hijos varones no practican soccer (fútbol). En Estados Unidos, el fútbol tal y como lo conocemos en Europa es practicado ampliamente por la sección femenina, muy al contrario de lo que yo conocía en mi país. Y no es un fútbol endeble ni mucho menos. Es un fútbol agresivo, competitivo, con grandes dosis de entrenamiento y de sacrificio por parte de las abnegadas jugadoras, que se toman el fútbol como un deporte muy en serio y en el que les encanta participar, competir, y ganar. La afición empieza a la edad temprana, y sigue hasta la entrada a la universidad, donde chicas de larga melena rubia recogida en una trenza persiguen como cosacas una pobre pelota hasta conseguir su objetivo, oséase, el preciado gol, que celebran con alegría infinita y desinhibición absoluta. ¿Quién ha dicho qué del sexo débil? En mi país, los niños practican fútbol y las niñas gimnasia. Como mínimo una gran mayoría. Veo que mis amigas exhib…

Cartas de gracias

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Antes de vivir en Massachusetts, cuando alguien me hacía un favor, o nos invitaban a una cena o a un aniversario, cuando me dejaban un libro o cuando me felicitaban por mi cumpleaños, yo daba las gracias.
Gracias. Diciéndolo con la boca. Claro y simple. gracias.
Pero desde que estoy en Massachusetts, las gracias las recibo a través del correo postal, e incluso he aprendido a dar las gracias del mismo modo. 
En las entradas de cualquier Target que se precie, hay un gran espacio dedicado a las tarjetas que sirven para dar las gracias o para felicitar a la gente. Así pues, encontramos multitud de tarjetas para:
- felicitar a una persona de la família (abuelas, abuelos, padres, maridos e hijos, amigos, e incluso vecinos);
- felicitar por una boda o un nacimiento;
- desear una pronta recuperación de alguna enfermedad;
- dar las gracias por todo lo que se pueda ocurrir:
* gracias por asistir a la fiesta de aniversario de mi hijo
* gracias por dejarme un libro
* gracias por el regalo de cumpleaños
* gr…

De todo el mundo

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Hay cosas buenas y cosas malas de vivir lejos de tu hogar. Yo siempre considero que la balanza se decanta enormemente en el lado positivo. Me gusta hacer listas de multitud de cosas, y mis listas positivas por el hecho de vivir lejos de mi hogar ya han copado algunos de mis artículos. Pero el otro día descubrí una cosa positiva que aún no figuraba en ninguna de mis listas anteriores, con lo cual paso a añadirla escribiendo éstas líneas. Mi media naranja me envió un chiste divertido a través de WhatsApp, la aplicación estrella de cualquier persona que se tercie a muchos quilómetros de su hogar. Solté una carcajada al ver el chiste y decidí compartirlo con muchos de mis contactos, también por WhatsApp, porqué echar unas risas es gratuito y necesario en muchas ocasiones. Algunos de mis contactos me contestaron con emoticones, o comentando simplemente que era divertido. Pero el protagonista de éstas líneas no era el chiste en si, sino el darme cuenta de que me estaban llegando mensajes de …

Sabes que vives en Massachusetts si tus hijos:

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- consideran que con diez grados centígrados el calor es insoportable y se visten con pantalón corto; - empiezan las frases cuando hablan entre ellos con un "Dude" sin saber quién es "The big Lebowski" de los hermanos Coen; - creen sinceramente que pueden ir a todas partes con chancletas de playa y calcetines de deporte; - alzan la mano contínuamente para responder preguntas que se plantean en casa durante la cena, y esperan pacientemente (o no) su turno para contestar; - empiezan las frases con un "Guys" cuando se dirigen a su padre o a mi menda (su madre); - soportan mejor las temperaturas negativas que positivas; - piensan en inglés, sueñan en inglés, leen en inglés; - creen que alzar el dedo medio (o corazón) es el peor de los insultos; - cuentan chistes que sus padres no americanos y con una cultura diferente, son incapaces de entender; - creen que "hilarious" es sinónimo de "divertido" - creen que los tejanos se usan en las grandes ceremon…