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Boston strong

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Patriots Day. Decidimos que una buena idea sería pasear por Cambridge, visitar algún museo, y comer en una de las múltiples posibilidades que te da esta localidad repleta de estudiantes y profesores, que comunica con Boston a través de puentes que cruzan el río Charles. Después de una opípara comida con tintes asiáticos, el padre de mis churumbeles y yo decidimos, en contra de la voluntad de nuestros hijos, que sería bueno cruzar el río contando Smoots y sumergirnos en el bullicio de la maratón. Así lo hicimos. Llegamos cerca de la meta, como parte de una marea humana que quería contemplar a los valientes atletas que aún corrían para llegar a su destino. Horas antes, los ganadores ya se habían erigido en su trono particular, los premios ya se habían entregado. Pero cuatro, cinco, seis horas después del comienzo de la maratón, muchos corredores aún continuaban sin haber podido llegar a su meta. Y los transeúntes, observadores privilegiados de tanto esfuerzo, les gritaban con ahínco, ani…

Cruce

Una de las cosas que aún siguen asombrándome de la gente de Massachusetts es su sistema de conducción. Hace poco, en una sesión formativa en mi lugar de trabajo, nos pusieron un ejercicio. Nos juntaron en grupos de dos. Uno de nosotros representaba que era una persona que salía de su sesión en el gimnasio, la otra persona aparcaba el coche cerca de dónde la primera lo tenía aparcado, y lo abollaba. El ejercicio consistía en discutir la reacción de cada miembro del grupo ante esta situación. La mayoría de mis colegas (es decir, todos menos yo), dijeron que estas cosas pasan, que las dos personas hablaban, se ponían de acuerdo, se daban los teléfonos y la información del seguro, y a otra cosa mariposa.  ¿Cómorrrrrr? Yo dije que en mi patria, tanto uno como otro personaje nos habríamos alzado la voz, y que después de fuertes improperios, habríamos hecho un parte, con suerte.  Esto también sucede en el sistema de cruces en las calles. Hay bastantes cruces, donde los coches pueden ir hacia dela…

El tamaño importa

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Hace ya meses, alguien de mi Facebook publicó las siguientes imágenes:


En la primera, sale una foto del dragón y el niño de la película "Neverending story". En la parte posterior de dicha foto, la frase: La historia que nunca acaba, cuando eres un niño.  En la segunda foto, hay un cubo de ropa sucio inmensamente lleno. La frase que lo describe, es la siguiente: La historia que nunca acaba, cuando eres un adulto. Como persona adulta, por supuesto, me siento totalmente identificada con la segunda imagen. Cuando programo una lavadora, y he podido meter en ella toda la ropa sucia del cubo, me siento como una niña con zapatos nuevos al contemplar un milagro, es decir, el cubo de la ropa sucia vacío. Pero mi gozo se extingue al cabo de pocos segundos, cuando uno de mis dos churumbeles, sin darse cuenta de mi estado de excitación extrema, vacían dentro de dicho cubo la ropa que han usado para practicar cualquiera de sus deportes favoritos.  Si, mi gozo en un pozo. Aunque, para mi conten…

Perdón infantil

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No me gusta cocinar. Creo que paso un tiempo enorme dentro de la cocina, pelando, cortando, friendo, guisando... para luego que vengan mis churumbeles y su padre amantísimo y se lo zampen todo en menos que canta un gallo. Para después lavar todo el material usado para cocinar y para comer. No. Es un trabajo que hago por afán de supervivencia, pero que no me gusta. El otro día cociné libritos de lomo. Corto trozos de carne de cerdo, como si de un libro se tratase, los salo, le pongo dentro del librillo un poco de queso y de jamón dulce, cierro el libro, lo cubro con huevo y con trozos de pan picado. Y a la sartén para que vayan cociéndose. Y mientras, yo que pienso: - para quedarme en la cocina vigilando cómo se van cociendo, mejor me voy a escribir un ratito. Y me pongo a escribir. Unas líneas. Y otras pocas. Y pierdo la noción del tiempo. Huelo a quemado. Voy rauda y veloz a la cocina, y giro los libritos de lomo. Por la parte que tocaban a la cacerola, su color es marronoso tirando a ne…

Nieve y sol

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Lloro.  Lloro pero no de pena, ni de alegría. Lloro porqué a mis ojos les cuesta adaptarse al sol impactando contra la blanca e inmaculada nieve que cubre el paisaje. Mis lagrimales fabrican sin cesar unas lágrimas que acaban en mis mejillas, sin que yo pueda hacer nada para detenerlas. Mis ojos no están acostumbrados a esa claridad en el cielo y en la tierra. En Massachusetts, muchos días son grises, aunque los destellos de sol intentan abrirse camino con frecuencia entre una nubes que no les son propicias. Pero últimamente, el sol se ha apoderado del cielo, las nubes le han permitido el paso y los días son claros, abrumadoramente soleados. Y con nieve.  Y lloro porqué mi cuerpo se adapta a este destello de claridad.  Lloro porqué mis lágrimas me protegen.  Y, al fin y al cabo, quizás sí que lloro de pena por ver que el invierno ha terminado, y de alegría al comprobar que, con sol, el mundo parece más bonito.


Destination Imagination

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Después de meses de preparación, finalmente llega el momento de la verdad. Mi mayor ha estado trabajando arduamente, muchos días después de clases, para dar forma, junto con sus compañeros, a un proyecto científico que, empezando de cero, se ha materializado a través de una estructura liviana capaz de soportar más de doscientos quilos de peso, de un interruptor adaptado a dicha estructura para accionar una bajada de un cartel, y de un guión para contar al público el proyecto, a través de una representación que cuenta uno de los males de nuestra sociedad.  Ha sido mucho trabajo de los muchachos, que han ideado la estructura y todo lo demás. Los mayores han participado como conseguidores del material que necesitaban los pequeños grandes científicos, o como proveedores de galletas, pero no por mucho más. Los niños, durante el tiempo que dura este programa, se convierten en amos de sus propias ideas, aprenden a compartirlas con los demás, a aceptar las de otros y a materializar un proyecto…

Paseando por el cementerio

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Nunca. Nunca se me pasó por la cabeza dar un paseo por el cementerio de mi pueblo. En mi tierra, el cementerio es un lugar inhóspito plagado de paredes repletas de nichos y flores marchitas. Al cementerio iba los días señalados para recordar más efusivamente a mis seres queridos ya difuntos. Pero aquí en Massachusetts, puedo pasear por la orilla del rio Charles, dar la vuelta completa a un lago de algunos parajes de Brookline o Wellesley, y, a veces, pasear por los cementerios.  Los cementerios de aquí son lugares apacibles, muchos de ellos situados cerca de un lago. Tienen grandes extensiones de terreno, de las cuales emergen lápidas de piedra con los nombres de los difuntos. Me gusta pasear por los cementerios porqué irradian tranquilidad. Me gusta leer los apellidos de la gente difunta que yace debajo de la tierra. Nombres irlandeses en un lado del terreno, se mezclan con nombres chinos, o de otras nacionalidades fáciles de distinguir meramente por el apellido. Me gusta que la interc…