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recuerdos

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Salgo al jardín. Un jardín americano con barbacoa, césped bien cuidado, sin valla material que nos separe del jardín del vecino. Pero hay algo que irremediablemente me recuerda a mi casa. Mi casa cuando la casa de mis padres era mi casa. Cierro los ojos y huelo. Huelo ese olor inconfundible de los lilas que me transportan a mi niñez, a mis días corriendo y saltando por las calles de un pequeño pueblecito cerca de Barcelona.  Y recuerdo. Recuerdo el camino trazado cada día junto mi hermana de casa a la escuela y de la escuela a casa. A mitad del camino, un vecino tenía un minúsculo jardín de donde brotaban las flores de lilas en primavera. Las flores, desconocedoras de límites y prohibiciones, salían del jardín y nos saludaban desde la calle, para que pudiéramos olfatearlas, tocarlas y admirarlas. Todas las flores se parecen un poco a la rosa del "pequeño príncipe", de eso estoy segura.  Y ese olor y ese color de las flores tan cercanas me han quedado grabados para siempre en el…

Ticks

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Sábado por la mañana. Toda la casa está dormida. Los despertadores apagados, no sea que nos asusten mientras estamos en brazos de Morfeo. Un tímido rayo de sol se cuela débilmente a través de la ventana y yo me giro hacia el lado opuesto, para disfrutar de este sueño calmado, de un día sin prisas, de un despertar lentamente que nos llevará a un desayuno sin horario pero con toda la família.  De pronto, un grito ensordecedor: "¡Mamáaaaaaaa!" Me incorporo, mientras intento situarme plenamente en este momento de realidad. Mientras busco mis gafas palpando en la mesilla de noche, mi pequeño entra en la habitación como una exhalación. "¡Mamá, MIRA, un tick!" Y me muestra una garrapata asquerosa adherida en la parte delantera de su pie. Comprobamos aterrorizados que las patas de este ser infecto se mueven, y que tiene la boca insertada dentro de la piel de mi hijo.  Me hiperventilo y vuelo para coger el teléfono y llamar a la pediatra. Me contesta una voz soñolienta que result…

al despacho del director

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Soy una de esas madres que no participa en las actividades escolares. Admiro a esas madres que dedican gran parte de su tiempo a organizar actividades para los niños, para los padres y madres de los niños, para los profesores de la escuela, ... admiro a esas madres que te envían 5467 emails recordándote una actividad u otra, en los que te comentan que sería bienvenida tu ayuda y tu asistencia en actividades solidarias para recaudar fondos para todo tipo de eventos o situaciones. Pero yo no soy así.
Para disminuir mis remordimientos de mala madre, decidí aceptar, junto al padre de mis hijos, la invitación para uno de los eventos más especiales del año en lo que a actividades organizadas por madres dedicadas se refiere, la ¡Auction Night! O sea, la noche en la que los padres de los maravillosos niños pagan sumas estrafalarias para comprar objetos que aún lo son más. Tal como dijo el Maestro Gael García Bernal en "Mozart in the jungle", nadie sabe si se recaudan fondos para orga…

Feliz 90 cumpleaños

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Esta semana mi abuela, mi ídolo, ha cumplido 90 años. Nos separan 6000 km de distancia, y otra distancia, esta si, insalvable: su alzheimer. Decidí que superaría estas distancias y me tomé el día libre, me acerqué al Charles river, caminé hasta Cambridge y me senté en una terracita en Harvard Square, saboreando un café con leche y un croissant de los de verdad, mientras escribía mis recuerdos sobre ella. Conseguí escribir particularidades que definen mis años de infancia y juventud al lado de una mujer de carácter fuerte. Una de las cosas que me gustaba de mi abuela era acompañarla a la compra por nuestra pequeña ciudad. Mi abuela siempre ha sido muy presumida. El negro no era un color que estuviera en su vestuario, usaba ropas de todos los colores, preferiblemente con estampados floreados, conjuntado con tacones de vértigo. Incluso para ir a comprar una docena de huevos, mi abuela se arreglaba según los siguientes cánones de belleza: - cabello crepado, desafiando las leyes de la graved…

Amazon

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Antes de vivir en los Estados Unidos, yo hacía cualquier tipo de compra yendo a las tiendas o supermercados. Es decir, conducía hacia la tienda que me parecía pudiera satisfacer mis necesidades, escogía el producto adecuado, pagaba a la cajera y me iba, bolsa en mano, con el producto dentro. Aquí, estos pasos que acabo de enumerar son básicamente obsoletos en su mayoría y no resuelven un montón de casuísticas megasuperimportantes, ya que: ¿qué sucede si lo que yo necesito (bueno, quiero), no puedo ir a comprarlo porque las tiendas están cerradas? ¿qué sucede si mi objeto del deseo no está en las tiendas cercanas? ¿qué sucede si mi coche está estropeado? ¿qué sucede si la tienda que tengo cercana no me ofrece un buen descuento? Eso, todo eso y mucho más, lo soluciona...¡AMAZON! Amazon te soluciona la vida y te vacía la cartera en un abrir y cerrar de ojos, sin salir de tu casa. Tu pides a tu ordenador tu objeto indispensable (que no es indispensable en el 99.999999999% de los casos), y Amazo…

Animando

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Mi pequeño ha empezado sus entrenamientos y sus partidos de fútbol. Del futbol europeo, lo que aquí llaman soccer. El primer día del partido, nos levantamos emocionados (¿o era soñolientos? un partido programado a las 8 de la mañana de un sábado no es un buen augurio) y nos dirigimos al campo de futbol. Y allí comprobé diferentes modos de actuación, como no, con la gente americana de verdad. Mi modo de actuación: Llegamos al campo a las 8 y dos minutos. Culpamos al tráfico por llegar tarde, aunque nuestros bostezos nos delataban. Abrigada con chaqueta (vivimos en Massachusetts, el tiempo a mediados de abril no es para tirar cohetes), yo seguía los andares de mi hijo arriba y abajo del campo, no lo perdía de vista, le animaba cuando tenía la pelota y lo gritaba cuando fallaba algún tiro; también yo gritaba como una posesa cuando el equipo de mi pequeño marcaba un gol, bajo la mirada reprobatoria de mi marido, que me suplicaba que bajase la voz. El modo americano de actuación: Al entrar nos…

Cabeza de canica

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Una de las cosas que nos divierten en casa son traducir los nombres de las ciudades o pueblos americanos. El otro día, unos amigos nos propusieron ir a Marblehead, una ciudad costera del norte de Boston. Marblehead es un nombre muy americano, de esos que cuesta pronunciar, pero cuando lo traduces, es decir, pronuncias "Cabeza de canica", una sonrisa te invade la cara y tus hijos no paran de reír. Así pues, nos dirigimos a Cabeza de canica para pasar el día.  Todos los dioses se habían conjugado a nuestro favor: era uno de los primeros días de sol de la temporada, el tráfico era muy fluido y no encontramos colas impresionantes, el restaurante que nos habían recomendado estaba totalmente lleno excepto las dos últimas mesas que nos destinaron a las dos famílias y los niños y los mayores gozábamos de un envidiable buen humor. Pasear por las calles de Marblehead fue una experiencia muy agradable, pero pasear por la playa fue un éxtasis total. Las casas de este pueblo son las típica…