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¿Puedo?

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No puedo.
No puedo.
Y no puedo.
No hay manera.
No consigo distinguir cuando me dicen "can" o cuando me dicen "can't".
Cuando una amiga de mis peques viene a casa y me dice que lo que le cuento no puede hacerse, me la miro contentísima, hasta que observo la cara de mi hijo que, condescendientemente, me indica que lo he entendido al revés.
Ya en la intimidad del hogar, ensayo repetidas veces el can y el can't. Mis hijos me ponen ejemplos hasta aburrir. Bueno, hasta aburrirse ellos, y yo, pero sin éxito en la resolución de lo que para mi es un jeroglífico indescifrable, lo que para mi es una meta inalcanzable, una quimera, una utopía.
Parece fácil. Para los americanos. Para los estudiantes, americanos o no, que están creciendo en los parajes del autor de Moby Dick, de Paul Revere o de Pocahontas. 
Pero no es fácil para mi.
No lo es.
Y punto.
No tengo la capacidad para formular unos sonidos que mi garganta no ha aprendido durante los primeros cuarenta años de su existenci…

Amiga es

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Amiga es un café con leche,
confidencias por ambas partes y
risas desbocadas.

Amiga es encontrarse en la cola del supermercado,
un abrazo descomunal y
hablar como si nos hubiésemos visto ayer.

Amiga es llegar al trabajo
y que te hablen de un país que no conoces,
mientras te preguntan por el tuyo.

Amiga es una copa de champán
mientras nos reímos de nosotras
y contemplamos a nuestros churumbeles.

Amiga es un anillo de casada
a través del Whatsapp, 
donde te cuenta con imágenes su boda de ensueño.

Amiga son mensajes de añoranza
fotos de los hijos
y un deseo de reencuentro, para reír y disfrutar juntas.

Amiga son cenas sin previsión,
charlas inacabables,
un buen vino y un nos vemos pronto.

Amigas son gente de mi tierra que viven allí, 
o que viven cerca de mi,
o gente nueva que conozco de aquí.

Gracias Luciana,
Bernarda,
Neusa,
Hélène
Isa
Nuria y
Ana.

Amigas



¿Existen las hadas?

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Ser mamá implica muchas cosas. Quiere decir que eres una persona multitarea, capaz de dar cincuenta órdenes en dos segundos sin que nadie te haga caso; capaz de abrazar a tus churumbeles con pasión desenfrenada; cocinar sin tener ganas ni tiempo; organizar la semana; arroparlos cuando están dormidos;... y multitud de cosas de las que me olvido, o no. Pero además de todo esto, ser mamá significa, en mi caso particular, tener la capacidad para contar historias. Pequeños o grandes cuentos que florecen en mi imaginación a través de detalles que observo a mi alrededor, o de ideas con las que llegan mis hijos cargados del cole, o frases sueltas que intercambio con vecinos o compañeros de trabajo. Ser mamá en mi caso ha desbocado mi imaginación. He escrito muchos cuentos, y, si bien mis primeros vieron la luz a través de un proyecto web multilingüe, ahora he querido que un cuento sobre el poder de la imaginación vea la luz en formato físico, en un cuento para leer con los niños, y para que d…

Los paraguas son para el verano

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Vivo en Massachusetts. Es primavera. No llueve. Las flores empiezan a salir y los árboles se tiñen de todos los colores.  Paseo por la calle. El sol se muestra para taparse a los cinco minutos, para volver a salir a los diez minutos.  Llueve. Al cabo de cinco minutos ya no llueve.  Una mujer camina en dirección contraria a la mía, con lo cual nos vamos acercando. Nos sonreímos, ¡Que pase un buen día!

Vivo en Massachusetts. Es verano. No llueve. El calor aprieta. Paseo por la calle. El sol se muestra en todo su esplendor, el cielo es azul, los pájaros cantan, los árboles están cubiertos de un verde intenso y la gente pasea por las calles con zapatillas de playa. Una mujer camina en dirección contraria a la mía, con lo cual nos vamos acercando. Observo que lleva un paraguas para cubrirse del astro sol, ese astro que nos da la vida y mira tú por donde, ahora se nos dice que hay estudios indicando que sus rayos son perniciosos.
Vivo en Massachusetts. Es otoño. Llueve. El viento osa levantar cuanto se inter…

El maravilloso mundo del teatro escolar

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Mi hijo mayor me convenció para que el pasado fin de semana fuésemos a ver una obra de teatro, en el teatro de su escuela, y protagonizada por muchos de sus amigos. Como no se me ocurrió nada que pudiese contrarestar dicho evento, me vi en la obligación de acceder a tan apasionante plan. Así que fuimos. Sin muchas ganas por mi parte, pero nos dirigimos con semblante contento a la escuela. Pagamos religiosamente la entrada, y para mi sorpresa, al entrar en el teatro, comprobé azorada que casi no había asientos libres. Mi mayor se sentó en un asiento libre en la primera fila, y cuando ya se habían apagado las luces, mi pequeño y yo nos sentamos en los otros únicos asientos libres, al lado de dos viejecitas entrañables, en los asientos reservados para gente incapacitada.  ¡Empieza el espectáculo! Un montón de chavales disfrazados llena el escenario. Sus voces, sus cantos, sus gestos,... todo necesita muchas más horas de dedicación, de ensayo. Ninguna de las coreografías funciona a la perfe…

Pot luck

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Unos amigos nos invitaron a su casa.
¿Cómo nos invitaron? Usando Evite, un programa que te permite realizar de forma fácil una invitación a partir de unas plantillas determinadas, y enviarla usando internet a los contactos que escojas.
¿Qué nos proponían en la invitación de Evite? Un Pot luck.
¡Ajajá! ¿Y qué es un Pot luck? Pues todos los invitados deben traer algo para comer. Los host, los anfitriones, ponían su casa a disposición, tenían utensilios, platos, mesas, sillas... Y los invitados llegamos cargados con bolsas y platas de comida. Todos al llegar, abríamos nuestras bolsas y poníamos nuestros platos en la isla de la cocina, que la anfitriona se ocupaba de arreglar para que todo quedase perfecto. Además, el Pot luck en cuestión era multicultural, con lo cuál pudimos degustar samosas caseras de un chico de ascendencia india, hummus delicioso de unos marroquíes, dulces italianos, crema catalana, pollo al horno macerado en salsa,... toda la isla de la cocina se ocupó con éstos manjares …

De cintura para abajo

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Érase una vez que el Dios Papakinmalkefa, tranquilamente sentado en una espléndida nube de colores rojizos, estaba mirando hacia abajo, contemplando a los habitantes de New England. Era invierno, y por aquellos lares, el frío y el viento se aliaban con fuerza para azotar a los pobres hombres y mujeres que ocupaban aquél lugar. El Dios Papakinmalkefa se compadeció de ellos, y decidió fabricar una crema con la que embadurnarse el cuerpo y así no notar el frío de temperaturas negativas, llegado el invierno. El Dios fabricó la crema y cogió al azar a uno de los habitantes de New England, a quién trasladó volando hasta su nube. El asombrado visitante, antes de abrir la boca, escuchó lo que Papakinmalkefa le dijo: - Hola, humano. Soy el Dios Papakinmalkefa. He comprobado que en vuestras tierras el frío apremia, y me he compadecido de vosotros. He preparado este ungüento para que te embadurnes todo el cuerpo. Así, de este modo, tu y tus descendientes nunca más notaréis el frío. El pobre humano…