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Mostrando entradas de enero, 2018

Experiencias en la costa oeste: 11. Sequoia

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Veo como los pies se me agrandan y se vuelven peludos. Ya no me caben los zapatos. Compruebo delante del espejo que las orejas me crecen desmesuradamente y que tienen pelos por todos lados. Mi estatura ha empequeñecido y los humanos me parecen todos de dimensiones descomunales. Me vuelvo traviesa y pillina, tengo muchas ganas de travesuras. Ya está. Ya soy una hobbit. Dispuesta a acompañar a Frodo en su travesía para llegar a deshacerse del maldito anillo, paseando por el parque natural de Sequoia es así como me siento. La inmensidad de los árboles te traslada a cualquier lugar antes sólo imaginado. Su enorme diámetro, su espeluznante altura, su copa frondosa a punto de llegar hacia el infinito... parece que el parque Sequoia se encontraba sólo en la imaginación de Tolkien, pero llego a comprobar que existe de verdad, aunque para eso necesite que alguien me pellizque en el brazo. ¡Ay! Pues si, estoy despierta, mis orejas no son peludas y mi estatura, aunque no para tirar cohetes, entra …

No es para tanto

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De vacaciones en la casa patria, me mimo y me dejo mimar. Uno de mis grandes placeres es ir a la peluquería de toda la vida, donde la mejor peluquera del mundo, Mireia, me pone la keratina para que mi pelo loco se quede como mínimo algunas semanas en posición vertical. Y allí, en la gloria capilar, me preguntan si quiero que me hagan las uñas. Por supuesto, mimo total. Aparece una chiquilla de no más de veinte años, que acaba de llegar a su turno y se sienta delante de mi.  ¡Qué frio, madre del amor hermoso! Me comenta. No es para tanto, le contesto yo. A eso que ella me mira con cara desconfiada y pensando si estoy loca o soy una maleducada, con lo cual le contesto que estos diez grados celsius de temperatura que ella cree que son tan fríos no son nada comparado con los diez grados fahrenheit que sufrimos los habitantes de Massachusetts.  Y le cuento que en Massachusetts hace tanto frío que durante las tormentas de nieve típicas en invierno, el gobernador sale por televisión para inform…

Experiencias en la costa oeste: 10. Yosemite

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Yosemite es verde. Yosemite son montañas, árboles altos y frondosos, cascadas que casi llegan al cielo, animalitos correteando por doquier. Yosemite es un parque natural conteniendo naturaleza viva, lo que lo distingue enormemente de todos los que hemos visitado anteriormente, donde nuestros ojos se deleitaron con la naturaleza muerta. Yosemite es vida y muerte, que te deja contemplar el ciclo de la vida en todo su esplendor.  Realizamos tres excursiones, a cada cual más hermosa.  En la primera, bordeamos un lago de agua cristalina que nos condujo a una gran mancha de nieve, muy atípica por esas lindes en agosto. Flores pequeñitas reseguían un pequeño caminito que nos condujo de nuevo a nuestro punto de destino. En la segunda excursión, llegamos a la cima de una montaña de dimensiones pequeñas, para contemplar apesadumbrados que el paisaje con el que queríamos deleitar nuestra mente estaba totalmente cubierto del humo de unos fuegos controlados que había unas millas más allá. La tercera excu…

Paso del tiempo playero

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Hemos tenido el lujazo de pasar el fin de año del 2017 en Tenerife con los abuelos. Un lujazo en todos los sentidos.  En primer lugar, porque los niños han podido disfrutar de unos abuelos que viven a más de 6000 km de Massachusetts, con lo cual, verlos al natural, sin cachivaches electrónicos, es tarea arduo complicada. Los abuelos los han mimado, abrazado, besado y acurrucado hasta la saciedad, y los niños se han dejado mimar, abrazar, besar y acurrucar con una sonrisa en los labios.  En segundo lugar, porque hemos podido disfrutar de unas temperaturas envidiables para esta época del año, aún más si las comparamos con el frío de Massachusetts. Decir que vestimos bañador gran parte del día no es broma, y menos cuando lo comparo con las fotos que recibimos de nuestros amigos que han pasado las vacaciones en Massachusetts, con temperaturas negativas y abrigados hasta la saciedad, para salir aunque sea un minuto a la calle. En tercer lugar, porque mi familia (aunque yo sea la excepción), e…

Se acabaron los besos en público

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He aprovechado hasta la saciedad besar a mis hijos. En casa los beso en las mejillas y encima de la cabeza. Fuera de casa, pues igual. Hasta la fecha. El mayor ya hace tiempo que me dijo que no quería que yo lo besara o abrazara en público. Con lo cual yo aprovechaba las oportunidades públicas para abalanzarme sobre el menor, besarle las mejillas y darle un abrazo de esos que se confunden entre abrazo de oso o de mamá amantísima.  Pero eso ya es historia. Hoy mi pequeño me ha dicho sin mirarme directamente a los ojos, que no le gusta que yo le bese en público. Y yo no he podido negarme a la obviedad: mis dos hijos prefieren que las demostraciones de amor materno se realicen puertas adentro y en ningún caso puertas afuera. Y yo reprimo mis ganas de abrazarles cuando los despido en la parada del autobús, o de besarles cuando llegan cansados del cole. Estoy ya en un mundo de besos fugaces y prohibidos, que, fuera de casa, solamente puedo hacer cuando todos los papás y niños que también es…