Sin vergüenza

Lo he visto en múltiples ocasiones. Y no deja de impresionarme cada vez que lo veo. Pero cada vez me gusta más y me siento mejor observándolo. El fenómeno de la sin vergüenza que impera, como mínimo, en Massachusetts. 
Gente mayor, adulta, vestida por la calle de cualquier manera. Jóvenes en pijama y cubiertos con plumones para ir a la compra. Y no pasa nada. Nadie se gira por la calle viendo a gente muy bien arreglada o muy mal arreglada. Nadie cuchichea lo bien o mal vestidos que van funganito o manganito. Y me encanta esta sensación de libertad que me permite expresarme vistiendo ropa deportiva siempre que no estoy trabajando. Me encanta ir a caminar con ropa deportiva, quedar con una amiga vistiendo ropa deportiva, ir de compras con ropa deportiva. Sin maquillaje. Sin tacones. El zénit del fenómeno sin vergüenza lo pude vivir en una competición de un trabajo de la escuela donde asistimos porque mi hijo mayor participaba. En esa competición, que duró un día entero, los mayores que ayudaban en la organización iban ataviados con unos sombreros que ríase las carreras de caballos de Ascott por su originalidad. Y a esos adultos, a esas personas responsables, no les importaba que todo el mundo los viese yendo ataviados con los más inverosímiles sombreros o, para más inri, con una indumentaria total. Uno de los presentadores del evento era un hombre alto, gordo y calvo, que exhibía su grácil cuerpo vistiendo pantalones cortos, camiseta de manga corta y chaquetón a juego, todo de color ¡amarillo fosforescente! Los calcetines, también del mismo color, le llegaban un poco más arriba de las rodillas e iban a juego con las zapatillas deportivas, blancas con rayas amarillas. Aquí el espectáculo está en disfrutar de lo que el día te ofrece, y no en criticar a los demás. Al final del acontecimiento, antes de entregar los premios, los niños votaron al sombrero más divertido y original. Ganó un hombre con un sombrero que llevaba colgados unos cuernos de alce realizados en cartulina, al que había pegado unas pequeñas luces de todos los colores. Además, lucía una espléndida barba grisácea y un delantal de lo más "in".
Pues eso, sin complejos. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Mi yo deportivo

El peor cumpleaños de mi vida

al despacho del director