Conocí una americana en Polonia

Conocí a una americana en Polonia.
Ella y su família nos invitaron a comer a su casa. Y allí mi familia descubrió la magia de las comidas cocinadas en la barbacoa. La carne excelente tratada inmejorablemente, cocinada al punto y anteriormente ahumada. El punto exacto de cocción. Descubrimos sabores fantásticos nunca antes probados en nuestra tierra.
Al llegar a tierras americanas, uno de les cachivaches indispensables que compramos evidentemente fue una barbacoa, que nos ha dado un montón de comida sabrosa para compartir con familia y amigos.

Conocí a una americana en Polonia.
Íbamos juntas a zumba, tratando ambas de seguir, junto con el resto de mujeres de la clase, a un profesor demasiado joven y con demasiado ritmo. Al preguntar una de las compañeras si podía sacar una foto de la clase, mi amiga americana soltó: "Lo que pasa en la clase de zumba se queda en la clase de zumba". Era la primera vez que yo escuchaba una frase similar.
En estos años que estoy viviendo en Boston, he escuchado infinidad de veces esta frase, sustituyendo "clase de zumba" por cualquier otro tipo de actividad o de localidad.

Conocí a una americana en Polonia.
Celebraba Halloween con sus hijas y su marido. Nos invitaron a celebrarlo con ellos y nos disfrazamos de brujas, de fantasmas y de piratas, jugamos a juegos prohibidos, contamos historias espeluznantes, vaciamos calabazas y les dimos forma de cara.
Ya hemos pasado un par de Halloweens en Massachusetts, confirmando con creces lo que mi amiga me enseñó en su casa de Polonia.

Conocí a una americana en Polonia.
Ella hablaba de los Estados Unidos como de América y de los estadounidenses como de los americanos. Yo no entendía porqué englobaban su país a un continente entero.
Aquí en Massachusetts hablamos de América, no de los Estados Unidos. Y ya lo he interiorizado como una de las cosas más normales del mundo.

Conocí a una americana en Polonia.
Compraba muchas cosas por internet. Le llegaban paquetes desde Estados Unidos, de cosas que había pedido a través de una compañía que se llamaba Amazon y de la cual yo nunca había oído hablar.
Ahora Amazon y yo somos muy amigos y siempre confío en él para realizar cualquier tipo de compra, ya sea por aniversarios o simplemente por capricho. Y debo decir que Amazon me simplifica demasiado las cosas.

Conocí a una americana en Polonia.
Siempre llegaba a los sitios con su taza de café en la mano. Y tenía un sitio en el coche adrede para poner la susodicha. A mi me chocaba este comportamiento de caminar con la taza del café, puesto que mis cafés por aquel entonces eran un acto más de socialización que de beber en sí.
Yo ahora soy adicta a caminar con mi taza de café en la mano. Camino contenta por los pasadizos de mi trabajo, taza en mano, sorbiendo poco a poco, y me gusta llevármelo en el coche.

Conocí a una americana en Polonia.
Era amable, dulce y afable. Siempre predispuesta a ayudar y a colaborar. Amiga de sus amigos y discreta.
He conocido a muchos americanos como ella a primera vista. Pero debo reconocer que ella se ha convertido en una gran amiga y que no hay tantos aquí (ni allí), tan amables, dulces y dispuestos a ayudar en lo que sea necesario.

Encantada de conocerte, Jen, y de tenerte como amiga.





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