Nuestro primer Halloween

Sábado por la mañana. Roncando plácidamente hasta que llega a nuestra cama un grito estremecedor: "¡Hoy es Halloween!¡Hoy es Halloween!".
Pues si, ha llegado el día más esperado por nuestros peques (evidentemente, los que nos han despertado del país de los sueños antes de que suene el despertador): ¡Nuestro primer Halloween en tierras americanas!

No, no ha sido ninguna sorpresa. Hace muchas semanas, los estantes de cualquier tienda que se precie un poco ya estaban repletos de color naranja, de calabazas, verdaderas o falsas, de muñecos horrendos, de telarañas, arañas peludas, esqueletos, guadañas y todo lo que os podáis imaginar para que la fiesta no decaiga. Supermercados, tiendas de craft, librerías, tiendas de ropa... todas tenían en común ese deseo nada oculto de Halloween a la vuelta de la esquina.
En la escuela, los niños decoraban calabazas en forma de cabeza de personaje famoso. Dando una vuelta por la clase de mi hijo mayor, descubrí calabazas representado la cabeza de Steve Jobs, Abraham Lincoln, Stephen Hawking, Roald Dahl o Sally Ride (todos ellos con su biografía al lado, puesto que sin ella me habría costado bastante identificar a algunos). En la clase de mi hijo menor, los deberes semanales consistían en fabricar un monstruo y describirlo (debo aclarar que algunos padres dedicaron bastantes horas a la fabricación de un monstruo monísimo).
Muchísimas casas del vecindario han decorado su entrada principal con telarañas, zombies, esqueletos colgantes, féretros y lápidas.
Preparación, preparación y preparación, para llegar con ánimos a la fecha señalada.

Para calentar motores, la semana pasada acudimos a una casa encantada (Haunted house), de la que salimos al cabo de diez segundos cuando contemplé la cara de horror de mi pequeño al observar a niños no mucho más mayores, actuando, corriendo y gritando a pleno pulmón "Help!", con maquillaje simulando sangre por toda la cara.

Si, llegó el día. Después de un trozo de pizza en buena compañía, empezamos a caminar con más papás y muchos niños. Los peques, todos disfrazados (de esqueleto, de guerrero de la guerra de las galaxias, de ninja, de vaquero, de princesa o de mariposa), empiezan a correr, agarrando su bolsa vacía, hacia la primera casa que ven. Llaman a la puerta. Sale una viejecita simpática con una caja en forma de calabaza llena de caramelos, y deja pacientemente que cada niño coja uno. Y ellos empiezan a llenar su bolsa, ya no está vacía. Siguiente casa. Un hombre mayor vuelve a ofrecerles caramelos. Y en la siguiente, una adolescente les entrega chocolatinas. La casa de al lado parece una discoteca, con luces de colores parpadeando alrededor. Su dueña está envuelta en un traje plateado y ofrece algodón de azúcar a los pequeños, que lo cogen asombrados. Elvis tampoco está muerto esta noche y, micrófono en mano, les dice a los niños que pueden coger caramelos. Una mujer mayor entrega caramelos a los niños y llama a la puerta de su vecina, para que también les entregue alguna cosa. Y así, siguiendo a nuestros peques, vamos caminando por el barrio. Las casas que están decoradas con motivos de Halloween desde hace ya varios días, parecen mucho más fantasmagóricas esta noche. Cantidad de telarañas gigantes envuelven los arbustos y los pequeños árboles de las entradas; los esqueletos cuelgan de las puertas, hay arañas gigantes moviéndose por el jardín, calabazas iluminadas por doquier y la noche les impregna de un aire lúdico-terrorífico.



Al cabo de hora y media, la bolsa de los churumbeles pesa demasiado e incluso ellos están cansados de tanto "Trick or treat". Los papás, que corremos detrás de ellos pidiendo que den las gracias a todos los vecinos entrega-caramelos, estamos más que contentos (aunque intentamos ocultarlo a ojos de nuestros hijos) cuando escuchamos a un pequeñajo que dice: "estoy cansado, quiero irme a casa!". ¡Bien! Los niños, cansados y dóciles por este motivo, dejan que los papás los llevemos a casa. Abrimos la puerta y allí mismo, mis pequeños vacían todo el contenido de la bolsa. Montones de chucherías, caramelos, chocolatinas, pequeños juguetitos, llenan nuestra entrada. Es hora de que nuestros hijos coman un poco de todos los tesoros que han acumulado sin mucho esfuerzo en hora y media de salir por el barrio. 
Si, habiendo comido demasiado poco para el gusto de los niños y de los dentistas (definición de dentista: dícese de las personas que se frotan las manos el día de Halloween pensando en las caries que van a curar) y demasiado para el gusto de los papás, nos vamos a la cama.

¡Nuestro primer Halloween superado!¡Otra experiencia típicamente americana, que yo sólo conocía a través de la película "ET el extraterrestre" y de la serie "Modern Family"!¡Expectativas cumplidas!




Comentarios

  1. ¡Seguro que lo pasastéis genial! En España ya se celebra también y los niños piden caramelos, haciendo las delicias de los dentistas jaja. Lo que me hizo gracia es que yo estuve en NY a mediados de noviembre y muchas casas seguían con las calabazas en los jardines, ¡no las habían quitado todavía! Esto es como los árboles de Navidad que continúan puestos a mediados de enero jaja.

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    1. Totalmente cierto! Aquí hay muchas casas que mantienen las calaveras y fantasmas y algunas ya lucen las lucecitas navideñas. En decoración son los reyes!

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  2. Hola! comparto contigo que halloween aquí nos encantó, los niños fueron super felices y tienen caramelos suficientes para esperar el siguiente halloween!! venimos de Caracas, una ciudad que se ha vuelto tan poco amable los últimos años que esta celebración realmente me conmovio, no porque sea fanática de las calaveras y los fantasmas, si no por el sentido comunitario que tuvo: calles llenas de niños, vecinos con las puertas abiertas, todos compartiendo. Cambridge es como un pueblo, entonces en cada esquina los niños se encontraban compañeritos de clase y terminamos tomando vino en casa de unos papás irlandeses del colegio super amables, me encantó esta celebración y me alegra que ustedes también la hayan pasado tan requetebien. Carolina Izquiel.

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    1. Si, tal como dices, me encantó que todos los vecinos estuvieran dispuestos a abrir las puertas a los niños y los cargaran con golosinas. La gente mayor estaba encantada de recibir a los niños, los niños estaban encantados con la magia del momento, y había algunos papás que se disfrazaron requetebién y compartieron risas con los demás.
      Si, nos encantó nuestro primer Halloween, me alegro que ustedes también lo pasaran genial!
      Un fuerte abrazo!

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