Gracias John Lasseter

Vimos Cars 3. No tenía ninguna buena expectativa para la película, ni cuando vi el trailer me estremecí en ningún momento de emoción. Más de lo mismo, vaya, un campeón que después de muchos percances volverá a ser campeón. Un Rocky 3 a lo automóbil. Mis hijos, atentos a la pantalla, pero por lo que a mi respecta, ninguna emoción digna de mención aparte de aburrimiento. 
Pero, atención, al final de la película, las cosas cambian radicalmente, se produce un giro frenético en el guión y me encuentro delante de uno de los argumentos más reivindicativos en pro de derechos lógicos y éticos que nunca había visto.
Llegados a este punto, noviembre del 2017, dudo que mis comentarios sobre la película sean espoilers, así que allá voy:
1.- La protagonista, al final de la película, es una mujer (vale, si, "una coche"). Una mujer a la que toda la vida le han dicho que debe tocar con los pies en el suelo (si, si, con las ruedas en este caso), que no merece la pena soñar en quimeras inalcanzables, que el mundo es de los hombres y los ganadores han sido, son y serán del género masculino, que las mujeres estamos de relleno para adornar el mundo con flores y colores. Una mujer que se cree lo que le han dicho toda la vida, incluso lo que le indicaban los más allegados, que no querían lastimarla, al contrario, con sus advertencias lo único que deseaban es que no se desilusionara y que fuese objetiva en la vida. Una mujer que necesita un empujoncito, en este caso de Rayo McQueen, el protagonista hasta casi casi el final, quien le indica que si, que puede conseguir lo que se proponga, que se deje de estupideces y que haga lo que le venga en gana (en este caso ganar la carrera en cuestión). Y armándose de valor y de coraje, consigue el sueño de toda su vida, al que había renunciado por culpa de los convencionalismos sociales. Fantástico. Pero hay más.

2.- La chica-coche en cuestión tiene un nombre latino, sudamericano, de esos que son poco creíbles en las grandes esferas del poder. Y quizá por culpa de sus raíces la falta de confianza haya sido uno de los principales motivos de desaliento a la hora de conseguir sus metas. Pero lo consigue. Mujer y latina. Ajá. Pero hay más.

3.- Madurar no indica que estás acabado. Madurar indica que tienes unos valores que pueden cambiar con el tiempo, transformarse, y continuar siendo intensos. En esta tercera película de Rayo McQueen, vemos a un hombre (vale, si, coche), luchando por mantener su supremacia en el mundo que le ha visto cosechar los mayores éxitos. Pero el paso del tiempo no perdona, y él, como buen visionario, consigue entender que sus grandes logros no están en la pista pero si educando a quienes estén dispuestos a conseguir con sudor y lágrimas, llegar a lo más alto. Y Rayo McQueen, ese hombre ya maduro, consigue disfrutar con la nueva etapa de su vida que se le abre, un nuevo camino, donde el podio ya no lo ocupa en las pistas de carreras, pero si en el corazón de los que puede enseñar. Enseñar a correr, a vivir, a disfrutar y a sentir.
Impresionante. Espectacular. 











En los títulos del final, evidentemente leí el nombre de John Lasseter. La primera vez que vi su nombre fué en la biografía de Steve Jobs, escrita por Walter Isaacson. A partir de allí, todas las películas de Pixar que me han maravillado llevan escrito el nombre de John Lasseter como director, productor, o lo que sea. También en películas japonesas adaptaciones de cuentos clásicos, que maravillan por su magia y su puesta en escena, hay el nombre de John Lasseter.
Con lo cual, aparte de agradecerle la genialidad de las reivindicaciones de Cars 3, no puedo dejar de agradecerle su huella personal en tantas y tantas otras películas que han dejado atrás una filmografía infantil endulzada para ser atractivamente perfectas, tanto en fondo como en forma.

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