Mamá gilipollas

He decidido basarme en la ciencia para intentar entender a mis hijos. Aparte del prueba-error que ya tantas veces he probado en mi vida y con el cual he obtenido errores inmejorables, ahora estoy probando diferentes teorías a través de hipótesis bien argumentadas.
Uno de mis últimos trabajos científicos es el siguiente:
Título: Los amigos de mi hijo
Cada día, al recoger a mis pequeños en la parada del autobús, les formulo la misma pregunta:
¿Qué habéis hecho en el cole hoy?
Sus respuestas, cada día, son una de las siguientes, o con suerte las dos juntas:
- No lo sé;
- No me acuerdo.
Muchas pistas para generar hipótesis no me dan, con lo cual yo continúo insistiendo, por eso de averiguar qué hacen mis hijos cuando se separan de mi. Formulo, pues, la siguiente pregunta:
¿Quieres que organice una playdate con alguno de tus amigos?(playdate, oséase que un niño amigo de tu hijo venga a tu casa dos horas, corran, salten, jueguen al Minecraft y uno de sus progenitores lo recoja puntualmente con un gracias en la boca y un hasta pronto).
La respuesta afirmativa del mayor contrasta con la respuesta del menor, que es la siguiente:
- Yo no tengo amigos.
Y aquí se encienden todas mis alarmas. 
Y me pongo a investigar de manera muy pero que muy resolutiva:
- le inspecciono su maleta. Aparte de encontrar un jersey que había perdido el año pasado, dos yogures caducados, unos papeles arrugados y un chicle usado, no encuentro nada digno de mención. 
- hablo con la vecina con la que me topo cada día en la parada del autobús, y que tiene una niña de la edad del mío. Me cuenta que a su hija le encanta pasar tiempo con mi hijo, que es muy divertido. No me la creo.
- inspecciono el Instagram de mi hijo. Observo detenidamente todas las fotos y compruebo alarmada lo que me temía: en una de las fotos hay un conejo que paseaba por nuestro jardín y debajo de la foto, una frase que pone: "mi mejor amigo".
Ya no necesito más pruebas. Sé categóricamente que mi pequeño, al que consideraba el ser social y con más inteligencia emocional de toda la casa, no tiene amigos, puesto que ha publicado en su Instagram que su mejor amigo es un conejito que vimos el otro día pasar de refilón por nuestro jardín. Y sufro, como cualquier madre sufridora, por supuesto. Le cuento todas mis investigaciones y deducciones a mi marido, y él va afirmando con un "ajá", a todo lo que yo le digo, prueba inequívoca de que no me está escuchando, aunque yo me lo tomo como que si.
Llamo a la maestra de mi retoño un poco crecidito y le pido una reunión. Verá, señora maestra, usted está haciendo un gran trabajo, awesome, con mi hijo (aquí en América, si no dices un awesome cada tres frases no eres bien educado), pero resulta que no tiene amigos y estoy muy preocupada, porque estoy segura que él es muy social y no entiendo lo que le pasa. Incluso en su Instagram ha publicado que su mejor amigo es un conejo que vimos el otro día en el jardín!
La maestra me escucha pacientemente y me dice que lo hablará con la trabajadora social de la escuela, para comprobar si mi pequeño tiene algún problema, aunque ella no había detectado nada de nada.
Pasan los días y mi preocupación va en aumento, alimentada por los "ajás" de mi marido y las no-noticias de la maestra o de alguien de la escuela.
Un día en que mi hijo está especialmente hablador, me armo de valor y le pregunto sobre el pobre conejo de Instagram:
"Amor mío, ¿Por qué escribiste que tu mejor amigo era un conejo?"
"Eso no lo escribí yo, mamá, lo escribió Luke el día que vino a casa a jugar."
Escribo a la maestra, mi hijo no tiene a un conejo imaginario como mejor amigo. Mi hijo tiene amigos.
Pruebas científicas desechadas, aunque de todo el método científico sí que saco una conclusión:
Soy una mamá gilipollas.

Comentarios

  1. Jaaaaaaajajajajajaja ay que me daaaa!! Lo que me he reído, sobre todo porque me veía como tú dentro de unos años! Me alegro de que el conejo sea el mejor amigo de Luke, y no de tu retoño! Jajajajaja

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    1. Jeje, pues yo lo pasé fatal, y mi retoño tan feliz como una perdiz! Ya me contarás;)

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  2. jajajajajaja vaya susto! De todas maneras, mejor pecar de exageradas que no que que salten las alarmas! Un beso!

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    1. Si, pero mi método científico hizo aguas por todos lados. Es como el chiste de la araña, que la pones en un extremo de la mesa y le dices que venga desde el otro extremo. Y la araña camina hacia ti. Le arrancas una pata y lo mismo, la araña viene. Le arrancas todas las patas y la araña se queda quieta. Conclusión: la araña se ha quedado sorda;)
      Beso

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