Despidiendo nuevas amistades

Al llegar a un nuevo país, crees con certeza que te vas a integrar inmediatamente a la vida y costumbres de la nueva patria que te acoge. Y en América, esta creencia parece muy cierta al principio. La gente es simpática, te sonríe y te saluda por la calle, sin conocerte de nada te preguntan cómo estás y te dan los buenos días. Al cabo de un tiempo, descubres que los americanos son mucho más cerrados de lo que parecen en el primer momento, y que debes buscarte la vida social lejos de los pura sangre.
Así pues, el plan B) consistió en buscar y encontrar gente de casa. Y se encuentran, vaya si se encuentran, y qué placer indescriptible hablar con gente que tiene las mismas tradiciones que tienes tu. 
Unos amigos que ya regresaron nos presentaron a unos amigos suyos, también de nuestro país. Y este año, hemos podido hacer múltiples actividades con ellos.
Recuerdo la vez que vinieron a casa para cenar. Los adultos (los niños en el sótano haciendo de las suyas, por supuesto), nos pusimos a hablar sobre nuestros gustos y preferencias durante la cena, y como quien no quiere la cosa, acabamos escuchando (bendito youtube) las canciones de nuestra vida. ¡Y qué placer comprobar que mis canciones son conocidas y además compartidas por los demás integrantes de la cena! Nos pusimos a cantar (a gritar sería el verbo más correcto) canciones de Abba, Umberto Tocci, Rocio Jurado, Miguel Bosé, Nino Bravo, Julio Iglesias, Raffaela Carra, Loquillo y los Trogloditas, el Último de la fila, Raphael, Cecilia... los gin-tonics y el saberse entendido obraron maravillas, y cantamos y bailamos hasta que los gin-tonics nos acompañaron al paraíso del sueño bien entrada la noche y a la pesadilla del dolor de cabeza a la mañana siguiente. 
Estas nuevas amistades de nuestra patria entendían que cuando les decimos que vengan a la una de la tarde para empezar a comer no significa que literalmente se personen a la una de la tarde para empezar a comer, significa que vengan cuando quieran, que tenemos las puertas abiertas. Estos amigos entendían que la hora de irse no estaba marcada, que dependía de lo bien que nos lo estuviéramos pasando, y no del señor reloj que marcaba las horas. Estos amigos entendían que un pan con tomate y aceite es delicia para los sentidos, sobre todo el del gusto, y que acompañado con una buena cerveza o un buen vino, es uno de los placeres que merece la pena mantener.
Risas, recuerdos, buen rollo, entendimiento... 
Si, conocer gente nueva siempre es de agradecer, pero conocer gente nueva con la que conectes es necesario y maravilloso a la vez. Sentir que estás "en la misma onda", cuando tu patria está a miles de quilómetros, es espectacular.

Estos amigos han regresado hace poco a su casa de nuevo.   Los echaremos mucho de menos. 
Es lo que tiene expatriarse, que te vas de casa con fecha (fija o no) de retorno.


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