Desmontando Karate Kid

Mis niños han escogido karate como opción deportiva extraescolar. Empezaron esta semana. La visión que yo tenía del Karate no era muy profunda que digamos. Básicamente consistía en ver la película de karate kid tres o cuatro veces. Con esta amplia visión, tenía unos mitos ya formados, que con una semana de entreno de mis peques se me han desmontado:

DESMONTANDO AL PROFESOR
Los profesores de karate que salen en karate kid o son muy muy malos o son muy muy buenos. El malo malote va vestido de negro, chaqueta sin mangas, rubiales y con cara de mala leche que ¡ay! el guapo que se interponga en su camino. El bueno buenorro es de rasgos asiáticos, mitad maestro Yoda mitad abuelo panzón, que con su poca habla y sus gestos hábiles se te mete enseguida en el bolsillo.
Los profesores reales son muy diferentes a la preconcepción que yo tenía hasta la fecha. Hay el maestro o Sensei, que es un hombre de mediana edad, con cara de bonachón y barriga prominente, sin medio rasgo asiático y que te aparece al final de la clase para dar los cinco minutos de clase magistral. La profesora que está antes que el profesor de la barriga no tiene aún ni acné, lleva una cola estilizada, un cinturón negro o marrón y es más chula que un duro madrileño. 
Eso sí, mis hijos y todos sus compañeros cumplen a rajatabla lo que dicen los profesores, ya sea la muchacha sin rastros de acné o el Sensei. ¿Que deben recoger las colchonetas esparcidas por el suelo?¡Pues las recogen corriendo!¿Que deben realizar ejercicios gimnásticos al fallar una u otra pose de karate?¡Pues enseguida y sin rechistar! Y su madre querida, que se desvive por ellos, tiene que gritar para que a la cuarta ordenen su habitación.

DESMONTANDO LA CLASE
Entreno, entreno y más entrenamiento. Eso es lo que deja claro la película de karate kid. Un buen karateka debe entrenar muchísimo, poner mucha pasión en el karate, mentalizarse de que la fuerza está en el pensamiento y solo así, el bien vencerá al mal.
En los 45 minutos que dura la clase de mis niños, corren como locos, gritan como posesos pero eso de la concentración y la pasión no acabo de comprobarlo (ni creo que ellos tampoco).

DESMONTANDO LA LÓGICA
Una cultura que se intuye en la película de karate kid es la oriental, donde todo es sosegado, todo es cuestión de paciencia, seguridad y perseverancia. Coger a una mosca sin aplastarla con unos bastoncillos, mantener el equilibrio en un trozo de madera podrido cerca del mar, ser capaz de ganar un campeonato con un hueso de la pierna roto y sanado por imposición de manos... todo forma parte de ejemplos americanizados de la cultura oriental.
En la vida real, después de la clase, mis hijos y sus compañeros recibieron un tríptico para que el sábado (previo pago), vinieran al gimnasio donde reciben las clases de karate para ver una película, comer pizza y beber zumo de frutas. ¿Que qué película es? ¿Una de ninjas donde se cuentan todas las fases de un buen karateka?¿Un documental contando la historia de una de las culturas más antiguas del mundo mundial? Pues.... casi. Se trataba de ver KungFu panda 3. Pues si, muy entretenida, aunque yo no creo que nadie que vea la película descubra ningún sentimiento o aspecto oriental.

Así pues, desmontado el mito, nos queda la realidad. Mis pequeñuelos van contentos y satisfechos a una clase con la que hacen ejercicio sin rechistar. ¿La ilusión de mi peque? Practicar karate hasta conseguir el cinturón negro. Con ilusión, de momento, me basta y me sobra.




Comentarios

  1. Mi chiquillo hace judo y le encanta, todo esto de artes marciales le chifla!!

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