Mareando la perdiz

Día de playa. Casi 90º Fahrenheit, con lo cual, decidimos que lo mejor para nuestra salud mental y corporal es pasar un día de playa. Escogemos Ipswich.
En una bolsa de playa, ponemos todo lo necesario:
- una toalla para cada uno
- protector solar
- ropa interior
- un par de botellas de agua
- y ya está.
Nos vestimos con nuestros trajes de baño y encima nos cubrimos con ropa playera muy informal, nos calzamos una chancletas (aquí las llaman flip-flops) y andando (es un decir, que estamos a más de una hora de camino en coche), hacia la playa!

Llegamos a la playa. Para acceder a la susodicha, ¡cataclán! treinta dólares de nada sólo para aparcar el coche en un inmenso descampado en el que sólo divisas coches cuando giras la cabeza 360 grados. Una vez aparcados, cruzamos andando lo que sería un chiringuito de playa, un sitio donde te sirven comida frugal para pasar el día. La pena es que el chiringuito está a tocar del parking y alejado de la playa, pero qué le vamos a hacer. Una alfombra de plástico nos guía hacia nuestro cobijado destino: el mar, el océano, el agua bendita que nos permitirá pasar un rato divertido y agradable. Sombrillas a más no poder nos dificultan un poco el paso, pero finalmente llegamos a tocar del agua. ¡Qué raro! la gente tiene situadas las sombrillas y las toallas bastante lejos del agua. ¡Es que estos americanos son un poco exagerados! Supongo que alguien les dijo que no está permitido poner toallas a menos de diez metros del agua y como aquí se cumplen las leyes a rajatabla... Nada, nada, nosotros nos hacemos los suecos y nos ponemos muy cerquita del agua, para disfrutar lo más pronto posible de los chapuzones marítimos. Extendemos las toallas y yo me siento en una de ellas mientras observo las tareas de mis hijos cerca de las olas del mar. Ellos no paran de meterse y de salir contínuamente del agua, dejándose llevar por las olas y riéndose cuando éstas los transportan hacia la orilla. Decido meterme en el agua. ¡Aaaaayyyyy!¡Pero si está helada!¿¿¿¿¿Cómo puede alguien entrar en el agua sin congelarse??????
Con los pies mojados (sólo los pies, sólo hasta el tobillo), me recuesto en mi toalla otra vez.
Y observo a los americanos. Hay muchos, muchísimos, que para pasar un día de playa han decidido que lo necesario es:
- unas toallas
- una sombrilla
- una silla para cada persona adulta
- unas palas grandes para los peques
- una tienda de campaña de plástico tipo iglú
- comida
- más comida para picar
- bebidas isotónicas
- bebidas varias
- una nevera portátil
- juguetes de plástico para que los peques jueguen en la arena
- juguetes de plástico para que los peques jueguen dentro del agua
- y para transportar todo eso... un carro con dos ruedas preparadas para transporte encima de arena fina (o eso les deben haber dicho cuando lo compraron).
Debo reconocer que no les falta de nada, aunque la mamá y el papá americanos parecen más cansados que contentos.

Pero bueno, cada cual con sus manías o sus costumbres. 
Nosotros seguimos cerca de las olas, contemplando el mar y observando como los ingenuos americanos se posan demasiado alejados de la orilla. Hasta que ¡Chaffff! la primera ola que sin previo aviso nos moja todas nuestras toallas y nuestra bolsa playera. Nos apresamos a recoger nuestras cosas antes de que una nueva ola nos remoje otra vez todas nuestras pertenencias. 
¡Por fin lo he entendido! En este caso, los ingenuos hemos sido nosotros, puesto que la marea nos ha jugado una mala pasada. Pues si, aquí hemos pecado de inocentones y el mar nos ha dicho que no, que cerca de la orilla no es un buen sitio para poner nuestras toallas playeras. Mientras, los americanos de nuestro alrededor nos miran condescendientes pensando en lo ingenuos que somos nosotros.






Comentarios

  1. Jajja, ¡Qué buen día de playa plagado de experiencias!jajaja, a mí lo que más me "duele" no es que las olas os echaran y mojaran vuestros pobres andamiajes sino los 30 dólares que os cobraron, me recuerda lo que "sufría" yo en Miami por eso.¡Qué horror!

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    1. Los 30 dólares para aparcar a pleno sol en un parking de arena no tiene precio;) Regresamos a casa con el coche lleno de arena por fuera y por dentro, puesto que todas las toallas estaban mojadas y llenas de arena! Menos mal que no íbamos tan cargados como otros!

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