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Mostrando las entradas etiquetadas como compras

El Trader Joe's del buen rollo

Aunque mis compras para rellenar la nevera acostumbran a ser en el Market Basket, dónde la relación calidad-precio es más que aceptable para mi bolsillo, debo decir que me encanta ir de vez en cuando al trader Joe's de la esquina a comprar cualquier nimiedad. Siempre salgo de buen humor de esta tienda, más pequeña que un supermercado normal, con menos opciones de compra y con productos más caros. ¿Por qué? Es más acogedora.  Te da la bienvenida con flores naturales de todos los colores, y paseándote por entre sus estantes hueles a canela y a calor de hogar. Hay muchos productos preparados, de diferentes culturas culinarias, preparados hasta el punto casi final, para que los humanos reticentes a cocinar realicemos el mínimo esfuerzo para poder degustar una comida sabrosa y sana, sólo calentándola en el horno o en el microondas. Sin ir más lejos, en casa somos fans de un pollo Tikka Massala precocinado, de unos rollitos de pasta de hojaldre con cebolla y bacon, y de un hum...

Snow day

Diciembre y primer snow day, es decir, primer día de nieve. A las cinco de la mañana, ya he recibido un correo electrónico, una llamada telefónica y un mensaje de voz de la secretaria del distrito escolar, indicándome que las escuelas públicas permanecerán cerradas debido a la tormenta de nieve que asola nuestro territorio. Lo que ya nos temíamos. Las noticias y las previsiones meteorológicas instruyen adecuadamente a los habitantes de Massachusetts, con lo cual la nevera contiene los alimentos necesarios para pasar la susodicha tormenta. Ya estamos acostumbrados. Mientras los más precavidos y todos los estudiantes nos mantenemos calentitos en nuestro hogar, sólo algunos osados y todas las quitanieves están en las calles, sacando la nieve que se ha posado en el suelo. Con una taza de te humeante en la mano, me dirijo hacia la ventana, para contemplar cómo el paisaje va cambiando, poco a poco. Los copos de nieve van cayendo lentamente, como si la fuerza de la gravedad no fues...

Medicamentos televisivos

En mi tierra madre, los interruptores de mi casa no se parecen a los que salen en Stranger Things, los paquetes de cereales no son los mismos que los que se comen en Big Bang theory, ni las capuchas son las mismas que las de Mr. Robot.  Pero en Massachusetts sí.  Aquí veo que muchos de los enseres que utilizo en mi día a día salen en la tele. Y aún hoy no deja de sorprenderme este hecho.  ¡Incluso he llegado a familiarizarme con los medicamentos! Mi doctor me recetó unos antibióticos y me dirigí a la farmacia a recogerlos. Me los entregaron en aquella botellita de plástico anaranjado transparente, de tapón blanco, que me hizo soñar que yo era House, en plan chulo, tomándome mi vicodina particular, mientras salvaba a un paciente de una muerte segura, gracias a mi inteligencia superior. Pero luego despertaba de mi ensoñación, y arremetía contra la realidad, que no era otra que tomarme unos antibióticos que me quitarían unos mocos y dolores de garganta, mientras regañ...

Mis amigas raras

Al empezar un proceso de expatriación, tus amigos son inexistentes. Tienes contigo a tu família, pero debes fabricarte de zero una nueva socialización. Al principio, mis mejores amigos en Massachusetts, eran la secretaria del colegio de los niños, porque me saludaba cada mañana cuando los dejaba en el colegio, y el cobrador del supermercado, porqué me daba los buenos días cuando me tocaba pagar. Con el tiempo, mi círculo de amigos se volvió verdadero, y ahora puedo decir que tenemos un círculo social entrañable. Pero aquí viene lo raro, o, en cualquier caso, lo que nunca habría sucedido veinte años atrás: tengo amigas diferentes. MUY diferentes. Sí. Una de mis mejores amigas me acompaña cada día en el coche, arriba y abajo, para ir al trabajo o para hacer la compra. Otra amiga vive en mi casa, pero no nos ponemos de acuerdo en cómo se limpia el suelo. La tercera lo sabe todo. La que me acompaña en el coche se llama Ruth. Ruth me guía por los entresijos de Massachusetts, y ha conse...

No entiendo a las peluqueras

No las entiendo, no las entiendo y no las entiendo. Nada, que no hay manera. Ni em mi tierra las entendía, cuando me contaban lo que precisaba mi pelo. Siempre terminaba con un peinado que yo no sabía que yo quisiera, pero que me decían que me era muy favorecedor. Y aquí pasa lo mismo, aunque en mejores condiciones, puesto que puedo decir que mi conocimiento del inglés, o del coreano en mi última experiencia, es más limitado que mi idioma materno. En mi última experiencia capilar, quise entrar walk-in (es decir, sin cita previa) en la peluquería que tenía cerca de casa. La peluquera es una coreana casada con un americano hace más de cuarenta años, que regenta dicha peluquería desde hace veinte.  Le conté mi plan perfecto para mi pelo: - Cortarme las puntas. Fácil. Rápido. Sencillo. - Cortarme. Las. Puntas. Satisfecha con mi demanda, en la que además utilicé la mímica para cerciorarme de que todo el mundo pudiera entenderla, no calibré lo que vendría a continuació...

Mis personal shoppers

Pongámonos en contexto. Tengo dos hijos. Machos, varones, o como quieran llamarlos en las diferentes culturas a las que tengo por costumbre arrimar el hombro. Mis dos hijos, que justo están empezando la preadolescencia, para deleite y aturdimiento de su queridísima madre, van vestidos cada día, oséase, 365 días al año, incluida Navidad con camisetas deportivas, pantalones de chandal y zapatillas de deporte. Con suerte, se peinan, se ponen el desodorante que roban de su padre a escondidas, y se lavan los dientes después que su amantísima madre se lo haya recordado más de cuatro veces. Los fines de semana, tanto su padre como su madre han desistido de pedirles-aconsejarles-rogarles-amenazarles que usen tejanos, prenda de ropa que mis hijos consideran para ser llevada en ocasiones especiales, en grandes celebraciones o eventos singulares. ya estamos en situación. El otro día, mi amantísimo esposo y yo teníamos una cena fuera de casa. Como esto sólo sucede una vez cada mucho tiempo, d...

Diferencias reconciliables

Me encanta observar a la gente cuando estoy sentada en el autobús o en el metro. Y gracias a los teléfonos móviles que nos emperramos en mantener permanentemente en nuestro campo de visión, puedo asegurar que nadie se siente amenazado por el hecho de que yo lo analice visualmente. Me gusta comprobar que todos más o menos tenemos cara de dormidos a primera hora de la mañana, y de cansados por la tarde, después de la jornada laboral. Me gusta observar la cara de tontos que nos queda a la mayoría cuando observamos a un bebé de pocos meses acurrucado en su cochecito y vigilado de cerca por su orgullosa mamá. Y las caras de bobalicones de una pareja con más de cuarenta por barba, besuqueándose y totalmente ajenos a las miradas de sus vecinos de transporte. Y a la señora mayor que me mira bondadosa, mientras yo le devuelvo una mirada tímida y aparto la vista. Y a esa chica que no para de dibujar bocetos en su cuaderno y que se baja en la parada del College of Arts de Boston. Y la de aquel...

I love your shoes

Era hace tiempo ya. Acabábamos de aterrizar en tierras americanas, y paseábamos medio despistados por las calles de una pequeña gran ciudad. De pronto, una mujer que también circulaba por la calle, pero en sentido contrario a nosotros, me mira a la cara, sonriente, y me dice: I like your shoes! Yo no supe qué contestarle y continué transitando por la calle. Pero para mis adentros pensé que qué quería esa mujer, porqué se dirigía a mi sin conocerme, y cómo osaba criticar, aunque fuera positivamente, alguna pieza de mi vestuario. Como el tiempo todo lo pone en su lugar, he aprendido a familiarizarme con este tipo de expresiones espontáneas. Una sonrisa mientras cruzo la calle, o un saludo cuando camino por unos de los pasillos de mi lugar de trabajo. Sin conocernos de nada. Siendo la primera vez que intercambiamos miradas. Una alusión positiva del día, del tiempo, del jersey que llevo puesto, o de los pendientes que he estrenado.  Los americanos son amables, afables diría yo...

Necesidades encontradas

¿Qué necesitamos para ser felices? En Estados Unidos, como en gran parte del mundo que funciona mediante el consumismo, nos parece que seremos más felices si compramos muchas cosas bonitas. Muchas. Muchísimas. ¿Y en qué lugar puedes encontrar las preciosidades que, una vez en tu casa, no lucirán tan bonitas como pensabas?  Pues en Home Goods. La primera vez que pisé este macro espacio que destila romanticismo, buen gusto, necesidades primordiales encontradas y precios demasiado baratos par ser verdad, me quedé con la boca abierta. He sido una visitante asidua de este espacio, paseándome entre las estanterías cargadas de delicatessen italianas, jarrones de cristal polacos, platos portugueses y mantelería fabricada en China. Si, puedo encontrar de todo para decorar mi casa. Puedo incluso ornamentarla sin que se resienta estrepitosamente la cuenta corriente. Puedo llenarla y rellenarla de cosas preciosas. Pero, a veces, después de colocar un jarrón en aquél espacio vacío,...

La moda infantil

Pajama day, oséase, el día del pijama. En la escuela, mis hijos, junto con todos los compañeros de la clase, ganan "pajama days". O porqué han acabado una etapa, o porqué como equipo han realizado un sinfín de tareas adecuadas, o por... por lo que sea. El gran premio es ir vestidos a la escuela en pijama, con su peluche preferido, y listos para disfrutar de un día con pocas actividades académicas y muchas de lúdicas.  Hace poco, mi hijo pequeño tuvo un Pajama day. Y ni corto ni perezoso, se dirigió a la escuela en pijama, acarreando su peluche preferido dentro de la mochila. Al acabar el día, fuí a buscarlo para una visita que teníamos programada al médico. En el coche, le dije que se pusiera la ropa que le había traído. "No, mamá, no quiero cambiarme." Claro y simple. Oséase, que nos dirigimos a Boston, mi hijo en pijama. Y no uno cualquiera. No uno de discreto, de colores apagados, no. ¡El de los dinosaurios! ¡Bendita moda americana inexistente!

Zapatos

Si existiese un juego con el cual adivinar la época del año según los zapatos que lleva la gente, en Massachusetts se fallaría estripitosamente. He visto gente con chancletas (lo que aquí se llama flip-flops) caminando por la nieve, he comprobado como gran cantidad de gente se persona en el supermercado con las zapatillas de andar por casa, he asumido que los zapatos de tacón son peligrosos en cualquier época del año, y he admirado unas botas altas que no sabría clasificar para ninguna época. Hoy estamos en primavera, o mejor dicho, en lo que debería ser primavera, pero que en realidad son unas semanas frías con algún día caluroso intercalado. Dirigiéndome al trabajo, he podido ver una chica con zapatillas de andar por casa, una mujer muy mayor con deportivas, una joven esbelta con unas botas interminables, una mujer con botas de piel de borrego, un chico con chancletas y yo misma, con merceditas. El primer ño que pasé aquí, después de uno de los peores inviernos que recuerdan la ...

Ahorrando comprando

Uno de los pilares americanos que fortalece la economía del país son las compras. Las campañas publicitarias son tan dulcemente agresivas, que te obligan a comprar sus productos, aunque no los necesites. De hecho, me atrevería a decir que más de un noventa por ciento de lo que compramos, ya sea vía internet o presencialmente, no lo necesitamos en absoluto. Aunque estemos totalmente convencidos de lo contrario. Recibo emails diarios de ofertas que no puedo desperdiciar. Y con un tiempo limitado. No, no puedo pensar mucho tiempo en si esta oferta me satisface o no, tengo que hacerlo ya, puesto que el descuento acaba en unas horas. ¡Venga, a comprar para ahorrar! Emails de productos de final de temporada, o de ofertas de principio de temporada, o del día de la madre, Thanksgiving, Navidad, o el día del padre. ¡Cualquier ocasión es buena para aprovechar las ofertas que no tienen desperdicio! Tengo una amiga que el día después de Halloween compra los disfraces para sus hijos del sigu...

La próxima celebración la descubres en las tiendas, no en tu corazón

¿Que estamos en vísperas de Halloween y no sabes cual es la próxima celebración nacional? Tranquilo, acércate a un Target, Marshalls, TJMaxx o similares y solo en la entrada ya descubrirás los artículos necesarios para celebrar Thanksgiving. ¿Que después de Thanksgiving no sabes la que se avecina? Buena, ésta es un poco difícil. En Massachusetts tenemos Navidad y Hanukkah, a cada cual más popular en función de la situación religiosa o más bien tradicional que impere en tu hogar. Y en las macrotiendas mencionadas anteriormente, repletas de productos innecesarios, pero que con un marketing feroz a base de etiquetas con el precio actual y el precio anterior, te piden a gritos que compres todas las gangas que tu tarjeta de débito puede aceptar, sabes que estás en buenas manos. Puedes comprar árboles, decoración variopinta y una cantidad interminable de productos hogareños, con las fiestas de marras impresas hasta la saciedad.  ¿Y después de las Navidades? Pues esta es buena. Aquí...

Comprar con un clic

Todo. Todo lo que se me ocurre puede comprarse en Estados Unidos a través de un clic, tumbado tranquilamente en tu cama, a las diez de la noche, o incluso de madrugada. Todo. Hace pocos días, asistí a un evento con más de un centenar de personas. El profesor había preguntado el porcentaje de cosas que comprábamos por internet. Mi asombro fué mayúsculo, cuando prácticamente la totalidad de la gente contestó que más de un noventa por ciento de sus compras son a través del ordenador. O de la tablet. O del teléfono. Antes de llegar a Estados Unidos, yo no compraba nada por internet. Nada de nada. Y ahora, cada vez me voy acostumbrando a comprar más y más, tranquilamente sentada en mi sofá, contemplando y escogiendo lo que deseo (o lo que desean que desee), a través de la pantalla. Es fácil. Aunque demasiado fácil, y te cuesta controlar muy mucho entre lo que deseas y lo que necesitas, llegando a comprar mucho más a través de deseos que de necesidades. Otra cosa que también generó ...

Amiga es

Amiga es un café con leche, confidencias por ambas partes y risas desbocadas. Amiga es encontrarse en la cola del supermercado, un abrazo descomunal y hablar como si nos hubiésemos visto ayer. Amiga es llegar al trabajo y que te hablen de un país que no conoces, mientras te preguntan por el tuyo. Amiga es una copa de champán mientras nos reímos de nosotras y contemplamos a nuestros churumbeles. Amiga es un anillo de casada a través del Whatsapp,  donde te cuenta con imágenes su boda de ensueño. Amiga son mensajes de añoranza fotos de los hijos y un deseo de reencuentro, para reír y disfrutar juntas. Amiga son cenas sin previsión, charlas inacabables, un buen vino y un nos vemos pronto. Amigas son gente de mi tierra que viven allí,  o que viven cerca de mi, o gente nueva que conozco de aquí. Gracias Luciana, Bernarda, Neusa, Hélène Isa Nuria y Ana. Amigas

Pot luck

Unos amigos nos invitaron a su casa. ¿Cómo nos invitaron? Usando Evite, un programa que te permite realizar de forma fácil una invitación a partir de unas plantillas determinadas, y enviarla usando internet a los contactos que escojas. ¿Qué nos proponían en la invitación de Evite? Un Pot luck. ¡Ajajá! ¿Y qué es un Pot luck? Pues todos los invitados deben traer algo para comer. Los host, los anfitriones, ponían su casa a disposición, tenían utensilios, platos, mesas, sillas... Y los invitados llegamos cargados con bolsas y platas de comida. Todos al llegar, abríamos nuestras bolsas y poníamos nuestros platos en la isla de la cocina, que la anfitriona se ocupaba de arreglar para que todo quedase perfecto. Además, el Pot luck en cuestión era multicultural, con lo cuál pudimos degustar samosas caseras de un chico de ascendencia india, hummus delicioso de unos marroquíes, dulces italianos, crema catalana, pollo al horno macerado en salsa,... toda la isla de la cocina se o...

De manzanas recolectadas

¿Aún no habéis ido al "apple picking"? ¡Es fantástico! Awesome, fantastic, lots of fun, amazing. Cuando era época de recolección de manzanas, oséase temporada de otoño en Massachusetts, antes de que la nieve cubra todo el paisaje de un blanco nuclear, todos los padres y madres con los que me encontraba en mi camino me hablaban de lo increíble que era ir a recoger manzanas. Padres y madres de niños pequeños y no tan pequeños, incluso padres de adolescentes me decían que el "apple picking" era una experiencia sin parangón. Mi significant other era escéptico a este tipo de manifestaciones lúdicas americanas, puesto que ellos ponen mucho énfasis en cosas que nosotros no valoramos tanto. Y viceversa. Pero yo me dejé convencer, puesto que no era sólo una persona, ni dos ni tres, la que me hablaba maravillas de la recolección, sino casi casi todo el estado de Massachusetts al completo. Así pues, un día que el padre de mis hijos estaba ocupado en sus quehaceres, yo m...

De la televisión a mi casa

De pequeña, en mi casa patria, las películas que podíamos ver en el cine o en la televisión eran prácticamente todas americanas. Americanas de los Estados Unidos, se entiende. Yo disfrutaba con fruición de unos argumentos que muchas veces no tenían el menor sentido, y me encantaba ver unos entornos que para mi eran totalmente desconocidos. Ahora que vivo en Boston, puedo comprobar que muchas cosas de mi cotidianidad actual forman parte de los escenarios de las grandes películas que yo adoraba de pequeña. Y también de las que veo actualmente. Sin ir más lejos, el tamaño de la nevera, el galón de leche y los cereales que ahora veo en la pantalla, son objetos que forman parte de mi día a día. Compro productos en el supermercado que ahora salen en mis películas. Paso por delante de establecimientos que tienen cabida en la gran pantalla, paseo por sitios que han servido de escenario en grandes producciones. Incluso los interruptores de mi casa son los mismos que salen en la archifamosa ...

Puertas y gritos

Uno de mis trabajos consiste en recoger y llevar a mis hijos a sus actividades extraescolares, que no son pocas. Ahora uno, ahora el otro, mis hijos suben y bajan del asiento trasero de mi coche cuando llegan o nos vamos de sus lugares de práctica deportiva o artística, o ambas.  Como madre, ser la taxista de mis hijos durante toda la tarde es una de mis actividades preferidas. Es broma. Evidentemente. Habida cuenta que odio conducir, si le sumo la conducción en hora punta, donde me quedo encallada en todos los semáforos; le añado el hecho de que uno mis hijos tiene alguna actividad justo después de cole, en sitios extraordinariamente lejos del colegio, con lo cual es prácticamente imposible llegar a tiempo si no se alinean los astros; y termino en que, a la misma hora, uno debe empezar una actividad en la otra punta del pueblo dónde el otro está acabando la suya, con lo cual debo decidir si el que está a punto de terminar, finalice antes de tiempo, o el que debe empezar llegue ...

Bicicleteando en Provincetown

Pasear por Provincetown, el famoso pueblecito del extremo superior de Cape Cod, es pasear por calles de verano multicolores, de sabor a mar y a marisco, de alegría y de tranquilidad. Me encanta entretenerme en las pequeñas tiendecitas de la Comercial St; entrar en las diminutas galerías de arte, donde fotógráfos y pintores nos muestran sus obras más preciadas; sonreirme a mi misma leyendo las frases que hay impresas en las camisetas del verano y que impregnan los escaparates de las tiendas de recuerdos del pueblo; comer un helado aunque mi barriga aún este llena del lobster que me acabo de zampar. Provincetown es alegría y comprensión, un lugar dónde todos cabemos y todos nos sentimos contentos. Por primera vez desde que vivimos en Massachusetts, en Provincetown alquilamos unas bicicletas para dar un paseo por los caminos habilitadas en la parte superior del pueblo. Le comenté a la chica que nos las alquilaba que yo era muy patosa, con lo cual me recomendó fervientemente el uso de un...