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Mostrando las entradas etiquetadas como New York

I love your shoes

Era hace tiempo ya. Acabábamos de aterrizar en tierras americanas, y paseábamos medio despistados por las calles de una pequeña gran ciudad. De pronto, una mujer que también circulaba por la calle, pero en sentido contrario a nosotros, me mira a la cara, sonriente, y me dice: I like your shoes! Yo no supe qué contestarle y continué transitando por la calle. Pero para mis adentros pensé que qué quería esa mujer, porqué se dirigía a mi sin conocerme, y cómo osaba criticar, aunque fuera positivamente, alguna pieza de mi vestuario. Como el tiempo todo lo pone en su lugar, he aprendido a familiarizarme con este tipo de expresiones espontáneas. Una sonrisa mientras cruzo la calle, o un saludo cuando camino por unos de los pasillos de mi lugar de trabajo. Sin conocernos de nada. Siendo la primera vez que intercambiamos miradas. Una alusión positiva del día, del tiempo, del jersey que llevo puesto, o de los pendientes que he estrenado.  Los americanos son amables, afables diría yo...

Un ascensor de New York

Tres horas y media en coche separan las ciudades de Boston y New York. Aprovechando esta casuística, decidimos aprovechar las vacaciones del Labor Day para visitar la ciudad más famosa del mundo. Mansos como somos a los consejos de booking, para pasar un par de noches escogimos un pequeño hotel de una cadena hotelera importante, situado en Hell's kitchen, en la zona oeste de Manhattan. La habitación era pequeña pero correcta. Pero quiero hacer hincapié en lo que más me impresionó del edificio: ¡el ascensor! ¡Ríanse, señoras y señores, de la pequeña habitación de los hermanos Marx, donde gente en blanco y negro se apilaba uno encima de la otra en pocos metros cuadrados! ¡Olvídense de un coche pequeño donde cabían multitud de muchachos, estrujados como papel! ¡Síiiii! ¡El ascensor que nosotros teníamos en el centro de Manhattan (bueno, el único de los dos que funcionaba en el hotel), podía contener casi tanta gente como los habitantes de un pequeño país! ¡Y la aventu...

Me llamo Olivia

No. No me llamo Olivia. O quizás si. Me llamo Roser. Mis padres me pusieron este nombre en honor a mi abuela, que ostentaba el mismo. Roser, que se pronuncia ruzé, más o menos, oséase, que es impronunciable en tierras americanas e incluso más allá. La primera vez que pisé un Starbucks y la dependienta me preguntó mi nombre para estamparlo en el que sería mi vaso, tuve que repetir el nombre tres veces, luego deletrearlo y finalmente deletrearlo a velocidad reducida. Mi amor por mi nombre, el nombre que me ha visto nacer, crecer y madurar, hizo que lo pronunciase con infinita paciencia cada vez que entraba en el Starbucks a pedir mi dosis de cafeína, pero llegó un día en que decidí simplificar. Aquel día, cuando el dependiente me preguntó mi nombre, le contesté, sin pensármelo demasiado: "María". Sí. Y lo entendió a la primera. Con lo cual, para simplificar mi vida y la de mis congéneres, cuando alguien me pregunta el nombre, y sé que este alguien es una persona que ...

La calma antes de la tormenta

La gente de Massachusetts está siempre informada sobre las inclemencias del tiempo de su zona. La gente de Massachusetts está acostumbrada a estados meteorológicos muy cambiantes, con lo cual, les guste o no, quieran o no quieran, escuchan a las autoridades y a los meteorólogos en todos los medios de comunicación, que informan a destajo sobre la próxima tormenta que se avecina. Esta situación es mucho más evidente durante los meses de invierno que los de verano, por razones obvias. Parece como si en la costa norte-este de los Estados Unidos, las estaciones tardasen en llegar. El invierno de verdad llega en Navidades, normalmente, y la primavera de verdad llega a veces en junio y no antes, por lo menos en lo que a temperaturas se refiere. Y los habitantes de Massachusetts escuchamos impávidos cómo los hombres y mujeres del tiempo anuncian una u otra tormenta, porqué en función de lo grave de ésta, afectará a nuestros quehaceres cotidianos.  Este año, sin ir más lejos, los niños s...

Cupido está en el aire

Tengo una hora en coche desde casa al trabajo. No es mucho en América, pero demasiado para mi. Cansada de escuchar dos o más veces un CD preferido, me pasé a seleccionar programas de radio que me acompañaran en mi trayecto diario. Encontré uno que me gustaba de música actual, pero el tiempo dedicado a los anuncios superaba con creces el tiempo dedicado a las canciones, que se repetían y repetían a lo largo del día. Pasé pues, al cambio de frecuencia y encontré un programa de música country que me encanta. Música country, un rayo de sol y el paisaje de campo que atravieso cada día me impregnan de buen rollo para empezar el día con energía.  Pero ¡Oh, sorpresa! además de la música country, los locutores, Jackson y Hannah, han empezado un programa...¡de amor! La cosa va como sigue: - una persona entabla conversación con un desconocido, ya sea esperando el bus, o en la cola del supermercado.  - al separar los caminos con el totalmente desconocido, la persona piensa que pued...

Kennedy nació aquí

Cien años antes de conmemorar el centenario de su nacimiento; mucho antes de que fuera recordado por el Presidente que hizo y que pudo hacer mucho más si no lo hubiesen asesinado; antes de ser el Presidente de los Estados Unidos que hubiera logrado la frase "Cambridge, tenemos un problema", y no "Houston, tenemos un problema"; antes de ser elegido el primer Presidente americano gracias a un aparato que estaba triunfando en esos momentos llamado televisión, antes, antes de todo eso, Kennedy nació un 29 de mayo de 1917 en Brookline, Massachusetts , en la casa que sus padres poseían en la 83 Beals street. Brookline es un pueblo, o ciudad adosada a Boston, donde no se distingue donde acaba uno y empieza la otra. Calles y calles de edificios bajos, señoriales y antiguos, marcan las principales arterias de comunicación con la ciudad. Calles y calles pequeñas repletas de casas de madera de todos los colores, dibujan un bonito entresijo de vida alrededor. En una de esa...

Ticks

Sábado por la mañana. Toda la casa está dormida. Los despertadores apagados, no sea que nos asusten mientras estamos en brazos de Morfeo. Un tímido rayo de sol se cuela débilmente a través de la ventana y yo me giro hacia el lado opuesto, para disfrutar de este sueño calmado, de un día sin prisas, de un despertar lentamente que nos llevará a un desayuno sin horario pero con toda la família.  De pronto, un grito ensordecedor: "¡Mamáaaaaaaa!" Me incorporo, mientras intento situarme plenamente en este momento de realidad. Mientras busco mis gafas palpando en la mesilla de noche, mi pequeño entra en la habitación como una exhalación. "¡Mamá, MIRA, un tick!" Y me muestra una garrapata asquerosa adherida en la parte delantera de su pie. Comprobamos aterrorizados que las patas de este ser infecto se mueven, y que tiene la boca insertada dentro de la piel de mi hijo.  Me hiperventilo y vuelo para coger el teléfono y llamar a la pediatra. Me contesta una voz soñ...

New York con los cinco sentidos

Me gusta New York. Lo reconozco. Soy urbanita, me gusta perderme por las calles de las ciudades y descubrir sus entresijos, como aquellas tiendecitas entrañables que esconden objetos demasiado viejos, o aquellas calles en las que han caminado gente que hace siglos dejaron su lugar en este mundo, o una pequeña galería de arte con obras de artistas que el mundo seguramente nunca descubrirá. Y New York es una ciudad que me maravilla, me fascina y de la que nunca me canso. Este pasado año tuve la oportunidad de visitarla repetidas veces, ya fuese de escapada romántica, con los niños o con familiares que nos visitaban. Y en todas las visitas, yo regresaba a Boston maravillada por la ciudad que nunca duerme. Y descubrí que New York se vive con los cinco sentidos: Vista: Es el sentido obvio al hablar de New York. Alzas la vista hacia el infinito para conseguir vislumbrar la parte más alta de los múltiples rascacielos de Manhattan. Pero es que sin alzar la vista también observas multit...

Cuestión de fe

Mi café con leche me impidió entrar a observar el interior de la catedral de Saint Patrick, en la quinta avenida de New York, con lo cual decidí esperar tranquilamente a mi familia apoyada en una de las paredes de la entrada del templo, mientras sorbía tranquilamente el interior de mi vaso de papel. Me encanta observar a la gente anónima, así pues pasé un rato agradable viendo a la pareja asiática con una enorme bolsa de Louis Vuitton que salía de Saint Patricks cogidos de la mano; a la chica de dieciocho años que cuchicheaba cosas muy muy serias a su madre; a la mujer que no paraba de curiosear su teléfono sin darse cuenta de la belleza que había a su alrededor; al hombre con tesón aburrido mientras no paraba de echar la vista atrás, para comprobar que sus familiares le seguían. Y entre esa multitud, ELLA apareció de repente. Iba cargada con muchas bolsas de plástico, que asía frenéticamente a lado y lado de su cuerpo delgado y débil. Su vestimenta era oscura, por no decir comple...

Thanksgiving es Familia

Podría parecer que Thanksgiving es una fiesta en la que todo el mundo come turkey (pavo), y muchas cosas que acompañan al pobre pavo, como patatas hervidas, crema de espinacas, revuelto de pan con legumbres y mermelada de frutos rojos. Y que se acaba con unos postres también suculentos, como tarta de nueces, tarta de frutos secos, brownies y pastel de manzana, regado con helado de distintos sabores.  Y así es. Thanksgiving es eso. Podría parecer que Thanksgiving es una conmemoración de la historia de los primeros Pilgrims que poblaron Massachusetts. Aquellos 102 Pilgrims que surcaron el Atlántico a bordo del Mayflower y que después de un viaje horrendo desembarcaron en Plymouth y no en New York tal como habían acordado con el gobierno de Londres. Aquellos pobres Pilgrims que llegaron en septiembre a Massachusetts y que pasaron el peor invierno de sus vidas debido a las duras condiciones climatológicas. Los 47 Pilgrims que quedaron fueron los primeros pobladores europeos de l...

Jet lag de ida

¿Es real el jet lag de ida? De vuelta a casa para las vacaciones navideñas. De puerta a puerta, más de veinticuatro horas. Taxi, aeropuerto de Boston, aeropuerto de New York, espera larguísima y aeropuerto de Barcelona. Coche de alquiler y a ver a la abuela! Los niños están entusiasmados con mi madre, que los mima hasta la saciedad. Después de una comida sabrosa, siesta con ronquidos. Nos levantamos a las siete de la tarde y paseamos un poquito. Hora de cenar y de dormir. Mañana por la mañana tengo muchos encargos por hacer, me levantaré temprano para ver si puedo con todos. Segurísimo que escucharé las llaves de mi padre cuando éste salga de casa. Así pienso despertarme. Caramba, papá no se levanta. Qué raro, parece que en el pasadizo hay luz natural. Si aún es de noche! Miro el reloj. Las seis y media de la mañana... las seis y media de la mañana? No he cambiado la hora! No estamos en Boston, con lo cual, la hora real es: las doce y media del mediodía!!!!!!!! Maldito jet lag! Y ...