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Mostrando las entradas etiquetadas como tempestad

Blanca Navidad

Por la radio, escuchaba una canción, dónde la cantante deseaba que sus navidades fuesen blancas. No he podido evitar sonreír. Seguro segurísimo que ningún habitante de Massachusetts ha escrito esta canción. Seguro que la cantante es de california y, vestida con bañador, tumbada en una toalla mientras el astro sol la seca después de un chapuzón, ha tenido la salvaje idea de pedir navidades blancas. Aquí, en Massachusetts, el paisaje de invierno acostumbra a ser tan blanco nuclear, que lo raro sería que las navidades no fuesen blancas. Durante las primeras nieves, mi família, que vive al otro lado del océano, en un lugar donde la nieve es tan extraordinaria como para la chiquilla en bañador de la susodicha canción, mi família me pide que les muestre el paisaje. Así lo hago, mientras puedo ver sus caras de asombro y sus voces exclamando maravilladas lo bonito que es el entorno. Si, es verdad. Contemplar la nieve caer es precioso. De verdad. Ver cómo se posa en todas los recondijo...

Cruce

Una de las cosas que aún siguen asombrándome de la gente de Massachusetts es su sistema de conducción. Hace poco, en una sesión formativa en mi lugar de trabajo, nos pusieron un ejercicio. Nos juntaron en grupos de dos. Uno de nosotros representaba que era una persona que salía de su sesión en el gimnasio, la otra persona aparcaba el coche cerca de dónde la primera lo tenía aparcado, y lo abollaba. El ejercicio consistía en discutir la reacción de cada miembro del grupo ante esta situación. La mayoría de mis colegas (es decir, todos menos yo), dijeron que estas cosas pasan, que las dos personas hablaban, se ponían de acuerdo, se daban los teléfonos y la información del seguro, y a otra cosa mariposa.  ¿Cómorrrrrr? Yo dije que en mi patria, tanto uno como otro personaje nos habríamos alzado la voz, y que después de fuertes improperios, habríamos hecho un parte, con suerte.  Esto también sucede en el sistema de cruces en las calles. Hay bastantes cruces, donde los coc...

Los tacones no son para Massachusetts

Definitivamente. Decididamente. Los tacones no tienen cabida en estas tierras nevadas y heladas.   Recuerdo una de las últimas veces que calcé unos tacones de vértigo, más de un año atrás. Unos amigos nos habían invitado a cenar a su casa, y yo, muy pizpireta, me había enfundado en un vestido ajustado que marcaba mis michelines protuberantes de forma elegante, y me había calzado unos zapatos negros de charol de tacón demasiado alto, por eso de que así se me estilizaba la figura. Craso error, por supuesto. acostumbrada como estoy a usar zapatillas de deporte o botas, los tacones se entrometían en mi bienestar físico y psíquico. Mi bienestar físico peligraba, puesto que ya del coche a la puerta de entrada de la casa de nuestros amigos, mis andares no eran precisamente aprincesados. Más bien parecía un pato mareado. Y mi bienestar psíquico peligraba, puesto que mi incomodidad física evitaba que pasase un buen rato de pie, ya que mi cerebro se quejaba contínuamente a mis pierna...

Los paraguas son para el verano

Vivo en Massachusetts. Es primavera. No llueve. Las flores empiezan a salir y los árboles se tiñen de todos los colores.  Paseo por la calle. El sol se muestra para taparse a los cinco minutos, para volver a salir a los diez minutos.  Llueve. Al cabo de cinco minutos ya no llueve.  Una mujer camina en dirección contraria a la mía, con lo cual nos vamos acercando. Nos sonreímos, ¡Que pase un buen día! Vivo en Massachusetts. Es verano. No llueve. El calor aprieta. Paseo por la calle. El sol se muestra en todo su esplendor, el cielo es azul, los pájaros cantan, los árboles están cubiertos de un verde intenso y la gente pasea por las calles con zapatillas de playa. Una mujer camina en dirección contraria a la mía, con lo cual nos vamos acercando. Observo que lleva un paraguas para cubrirse del astro sol, ese astro que nos da la vida y mira tú por donde, ahora se nos dice que hay estudios indicando que sus rayos son perniciosos. Vivo en Mas...

De cintura para abajo

Érase una vez que el Dios Papakinmalkefa, tranquilamente sentado en una espléndida nube de colores rojizos, estaba mirando hacia abajo, contemplando a los habitantes de New England. Era invierno, y por aquellos lares, el frío y el viento se aliaban con fuerza para azotar a los pobres hombres y mujeres que ocupaban aquél lugar. El Dios Papakinmalkefa se compadeció de ellos, y decidió fabricar una crema con la que embadurnarse el cuerpo y así no notar el frío de temperaturas negativas, llegado el invierno. El Dios fabricó la crema y cogió al azar a uno de los habitantes de New England, a quién trasladó volando hasta su nube. El asombrado visitante, antes de abrir la boca, escuchó lo que Papakinmalkefa le dijo: - Hola, humano. Soy el Dios Papakinmalkefa. He comprobado que en vuestras tierras el frío apremia, y me he compadecido de vosotros. He preparado este ungüento para que te embadurnes todo el cuerpo. Así, de este modo, tu y tus descendientes nunca más notaréis el frío. El pobre ...

bibliotecas y ferias de libros

Al principio de vivir en Massachusetts, vivíamos en Newton, un pueblecito (o mejor dicho, una vasta extensión de terreno repleta de casitas de sueño americano con termitas incorporadas). En aquella época, mis hijos y yo nos apuntamos como miembros de la biblioteca pública de la localidad, y con el carnet podíamos sacar de la biblioteca una enorme cantidad de libros, para devolverlos al cabo de unas dos semanas. En aquella época, tuvimos en casa muchos libros prestados, y cuando yo recibía un correo electrónico de la biblioteca, recordándome amablemente su devolución, yo me volvía loca por encontrar los susodichos libros susceptibles de devolución debajo del sofá, o escondidos entre las sábanas. También en aquella época, los niños y yo acudíamos a la biblioteca para ver una película bastante actual y totalmente gratuita, o a contemplar obras de arte de artistas locales que nunca captaron mi alma ni mucho menos mi monedero, o a comprar libros viejos por menos de un dólar cada uno, o par...

La calma antes de la tormenta

La gente de Massachusetts está siempre informada sobre las inclemencias del tiempo de su zona. La gente de Massachusetts está acostumbrada a estados meteorológicos muy cambiantes, con lo cual, les guste o no, quieran o no quieran, escuchan a las autoridades y a los meteorólogos en todos los medios de comunicación, que informan a destajo sobre la próxima tormenta que se avecina. Esta situación es mucho más evidente durante los meses de invierno que los de verano, por razones obvias. Parece como si en la costa norte-este de los Estados Unidos, las estaciones tardasen en llegar. El invierno de verdad llega en Navidades, normalmente, y la primavera de verdad llega a veces en junio y no antes, por lo menos en lo que a temperaturas se refiere. Y los habitantes de Massachusetts escuchamos impávidos cómo los hombres y mujeres del tiempo anuncian una u otra tormenta, porqué en función de lo grave de ésta, afectará a nuestros quehaceres cotidianos.  Este año, sin ir más lejos, los niños s...

Me he enamorado

Me he enamorado, total y perdidamente , de la música country. Hace unos meses descubrí una cadena de radio, la 102.5 en la FM, dónde toda la música era country, y me he convertido en fan número uno, hasta el punto de que en casa sólo quiero escuchar música de este tipo, y mis amantísimos hijos y mi marido empiezan a estar hasta las narices de mis nuevos gustos musicales. Pero es que este tipo de música es totalmente espectacular para mis sentidos. Me encanta escuchar las canciones de Thomas Rhett, de Blake Shelton, de Kelsea Ballerini y de Keith Urban, contando amores y desamores, ya sean de parejas, de amigos o de amores no correspondidos. Normalmente cantado en primera persona, y contando una historia emotiva que me permite llorar mientras me imagino mentalmente lo que los cantantes van contando en la canción. Y la música que acompaña estos versos cargados de sentimiento es sencillamente espectacular. Tonadas lentas que van acelerando, que se te quedan en la mente incluso cuando han...

Experiencias en la costa oeste: 11. Sequoia

Veo como los pies se me agrandan y se vuelven peludos. Ya no me caben los zapatos. Compruebo delante del espejo que las orejas me crecen desmesuradamente y que tienen pelos por todos lados. Mi estatura ha empequeñecido y los humanos me parecen todos de dimensiones descomunales. Me vuelvo traviesa y pillina, tengo muchas ganas de travesuras. Ya está. Ya soy una hobbit. Dispuesta a acompañar a Frodo en su travesía para llegar a deshacerse del maldito anillo, paseando por el parque natural de Sequoia es así como me siento. La inmensidad de los árboles te traslada a cualquier lugar antes sólo imaginado. Su enorme diámetro, su espeluznante altura, su copa frondosa a punto de llegar hacia el infinito... parece que el parque Sequoia se encontraba sólo en la imaginación de Tolkien, pero llego a comprobar que existe de verdad, aunque para eso necesite que alguien me pellizque en el brazo. ¡Ay! Pues si, estoy despierta, mis orejas no son peludas y mi estatura, aunque no para tirar cohetes, ...

Mamá gilipollas

He decidido basarme en la ciencia para intentar entender a mis hijos. Aparte del prueba-error que ya tantas veces he probado en mi vida y con el cual he obtenido errores inmejorables, ahora estoy probando diferentes teorías a través de hipótesis bien argumentadas. Uno de mis últimos trabajos científicos es el siguiente: Título: Los amigos de mi hijo Cada día, al recoger a mis pequeños en la parada del autobús, les formulo la misma pregunta: ¿Qué habéis hecho en el cole hoy? Sus respuestas, cada día, son una de las siguientes, o con suerte las dos juntas: - No lo sé; - No me acuerdo. Muchas pistas para generar hipótesis no me dan, con lo cual yo continúo insistiendo, por eso de averiguar qué hacen mis hijos cuando se separan de mi. Formulo, pues, la siguiente pregunta: ¿Quieres que organice una playdate  con alguno de tus amigos? ( playdate , oséase que un niño amigo de tu hijo venga a tu casa dos horas, corran, salten, jueguen al Minecraft y uno de sus progenit...

Cambios climáticos

Estos días de verano, mi madre ha venido a visitarnos a Boston habillada con sus pantalones cortos, sus faldas multicolores y sus camisetas lánguidas, es decir, el atuendo justo y necesario para combatir los fuertes calores a los que están acostumbrados todos los habitantes de nuestra tierra al otro lado del océano. Pero aquí, en Massachusetts, es indispensable tener a mano ropa que abrigue y ropa holgada para cualquier hora del día en cualquier situación. Sirva como ejemplo el día que mi madre y yo decidimos hacer turismo por Brookline, un pueblo al lado ladito de Boston. En el trayecto en coche desde casa hasta Brookline, llovía a cántaros, la carretera estaba repleta de coches y charcos y las temperaturas no parecían muy halagüeñas. Las dos estábamos dentro del coche con chaqueta y pensando que tendríamos frío. Al llegar a Brookline, la tormenta había arreciado y decidimos que no necesitábamos paraguas, aunque si una chaqueta con capucha por si acaso.  Caminamos tranquilame...

Vacaciones de verano en coche

Si, las esperadas vacaciones de verano han llegado por fin. Los niños, sin horario a la vista, juegan a su libre albedrío, contentos de no tener deberes ni horarios estrictos. Estos dos meses de vacaciones que los pequeñuelos esperan con deleite son temidos a partes iguales por los padres. Los padres, esos seres que deben hacer malabarismos para compaginar el trabajo con cuidar a los niños. En mi caso particular de expatriación, el plan A), el plan B) y el plan C) para mis niños soy yo. Con lo cual, debo cuidar de ellos tantas horas como sea posible. Y me alegro y me desquicio a partes iguales. Me alegro porque los quiero, son simpáticos, divertidos, me cuentan infinidad de cosas que han leído o visto en Youtube, me abrazan, me dicen que me quieren...me desquicio porque la casa es un desorden contínuo, no obedecen si no es bajo amenaza de no usar la tablet, se pelean, discuten... Con esas, uno de los mayores placeres de estos dos meses con hijos a todas horas es el placer de cond...

Estrechando relaciones

En invierno, todo en Massachusetts parece más cercano, más familiar. Como el frio es intenso, nieva dia si dia también, hay tormentas de nieve por doquier y el gobernador sale por la tele aconsejando no salir de casa durante las susodichas tormentas, el ambiente familiar dentro de las cuatro paredes de la casa es obligado. Eso de discutir y largarte de casa pegando un portazo para dar una vuelta en coche no es factible en los meses de invierno, ya sea porque el frío te hiela los mocos justo en el momento de cerrar la puerta, ya sea porque la cantidad de nieve acumulada delante de la puerta del garage impide poder sacar el coche. O sea, que las familias están bien avenidas, obligadas o no.  Cuando las tormentas de nieve han acabado, dejando atrás unos paisajes blancos increíblemente maravillosos y la gente puede regresar a sus tareas cotidianas, como ir al trabajo, a la escuela o a pintarse las uñas, empieza la estrecha comunicación en las calles de Boston y alrededores. Calles...

Mi chica Desigual y Messi

Al empezar según qué tipo de trabajo en Massachusetts, no te tiran a los leones el primer día. Tienes unas horas de entrenamiento (training), donde te conviertes en la sombra de una persona experimentada que realiza el mismo trabajo que tu realizarás al cabo de pocos días . En mi trabajo actual, tuve la suerte de ser la sombra de personas excepcionales que me enseñaron, además del trabajo bien hecho, de la gran humanidad necesaria para realizarlo. Al entrar el primer día en la oficina, una sonrisa nerviosa en mi cara delataba mis ganas de caer bien y de hacerlo mejor. Nuevas caras me miraban con menor o mayor interés, algunas personas se interesaban por mi y me mostraban una sonrisa abierta de franca bienvenida, mientras otras continuaban con su trabajo cotidiano. Me senté en una silla mientras esperaba a mi entrenador particular, mi trainer asignado. Al lado de mi silla, una chica extrovertida hablaba en voz alta contando cosas a quién quisiera escucharla. Al cabo de un rato, se pe...

Mocos transoceánicos

Volvemos a casa (en Boston), después de nuestras vacaciones en casa (Barcelona). Si, vamos de casa a casa. En Boston tenemos nuestra vida actual, con amigos nuevos, compañeros de trabajo y de colegio y en Barcelona tenemos nuestra familia y los amigos de siempre. De casa a casa y tiro porque me toca. El viaje de vuelta no es ningún regalo. No hay vuelo directo entre Barcelona y Boston y esta vez hemos pasado por Munich por eso de alargar un poco más la jornada, para cerciorarnos que estamos muy pero que muy lejos de casa. En un momento dado, ya en el segundo avión del día, el que nos transportaba hacia nuestro destino final, se ha escuchado el silencio. La mayoría de gente llevaba puestos los auriculares para escuchar la película de turno escogida, otros intentaban dormir utilizando posturas que seguro les han desencajado alguna vértebra y otros nos levantábamos para ir al... baño! Y el silencio se ha roto al escucharse el estornudo de un bebé. Pobrecito. Al segundo, otro estornu...

Frío y calor

El Servicio meteorológico anuncia para mañana un tiempo nublado y con viento. Pero estamos a finales de primavera, así que será un nublado ventoso templado. Vamos a la playa, con lo cual, aunque se prevé mal tiempo, pongo en una bolsa playera el biquini y unas toallas. En Boston ciudad está lloviendo, pero seguro que mejora en la playa. Recorriendo el corto trayecto que nos separa de Newbury Port , compruebo que el tiempo, lejos de mejorar, empeora por momentos. Y en qué medida. Llegando a nuestra meta, lo difícil es salir del coche, porque el frío (y tu salud mental) te aconsejan que te metas en el coche y vuelvas ipso facto por donde has venido. Los churumbeles no quieren ni poner una patita fuera del coche y mi trabajo me cuesta convencerles de que disfrutarán a montones en la playa. ¿Playa?¿Qué playa? Una niebla espesa cubre casi todo el horizonte. Pero el problema es que intentar divisar eso, el horizonte, es tarea ardua puesto que el viento te obliga a cerrar los ojos y la ca...

Tipos de invierno

He descubierto que existen muchos tipos de inviernos. Cuando era muy pequeñita, allá por el siglo pasado, yo pensaba que sólo existía una clase de invierno. Lo describo así: Invierno de pequeñita En mi tierra patria, en el rincón de mundo donde yo vivía con mi família, los inviernos eran duros. Frío, mucho frío. Las chaquetas no eran las que ahora se usan, sino que para protegernos del frío usábamos unas chaquetas peludas de piel de borrego que pesaban cantidad. Pantalones de franela, guantes y bufanda nos protegían de un frío al que ya estábamos acostumbrados. Además, había un aliciente adicional a nuestro frío: nuestra querida niebla. Una niebla que se metía por todos los rincones de nuestro pueblo y que lo distinguía del resto de pueblos de la zona. Una niebla que convertía tu paisaje en gris y que se metía poco a poco dentro del alma. Una niebla que se convertía en tu confidente, en tu compañera y en tu amiga. Porque con la niebla en tu camino, nadie podía ver más allá ...

Frío

Ropa interior. Camiseta. Pantalones. Jersey. Calcetines gruesos. Botas. Guantes. Chaqueta que te cubra hasta debajo de la rodilla. Gorro. Gorro. Elemento indispensable para que no se enfríe la cabeza y no se congelen las ideas. Con eso, vamos preparados para el invierno. Y con eso, vamos preparados para cuando el frío apremia, pero solo para cubrir el corto trayecto desde el edificio donde estás hasta donde tienes aparcado el coche. Si, porque el frío intenso, este frío que llega a -25 ºC y que con viento acoplado te sume en una sensación de frío infinito, puede helarte las manos en cuestión de segundos. Este frío mantiene el rio y los lagos helados, convierte la nieve en rocas de hielo y traslada gran parte de tu flujo sanguíneo en la nariz, para que parezcas el reno de Santa a la hora de empujar el trineo de la felicidad. Massachusetts es sinónimo de invierno frío. Massachusetts es sinónimo de calor de hogar. Por obligación aunque se vuelva devoción. ...

Conduciendo dentro de la tormenta de nieve

De acuerdo. Respiro fuerte. Vuelvo a respirar fuerte. Llave en el contacto. Enciendo el motor y abro la puerta del garage. Marcha atrás, lentamente, poco a poco. La nieve empieza a impregnar las ruedas traseras del coche. Ruido. La nieve impregna también las ruedas delanteras. El ruido continua y el coche parece que sube y baja pequeños montículos que se habían depositado plácidamente delante de la salida antes de que yo los molestara. Respiro fuerte. Respiro otro vez. Soplo. ¡Vamos allá! Conduzco a una velocidad propia de los caracoles para salir a la calle. Freno cada metro, para comprobar los frenos en el suelo nevado y para comprobar si mi mente está preparada para la prueba.  Los frenos funcionan. Mis nervios también.  Intermitente a la derecha aunque no me atrevo a salir hasta que no veo ningún otro coche a dos millas de distancia. Salgo a la calle. ¡Primer paso conseguido! Pongo música para intentar relajarme. Los primeros metros han sido relativamente fáciles ...