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Mostrando las entradas etiquetadas como Russo's

Luciérnagas humanas

En mi infancia, las luciérnagas que recuerdo estaban en un cuento ilustrado por Constanza. Una niña conduciendo (ahora la habrían detenido), tenía un accidente y su coche impactaba contra un árbol (ahora dirían que es sexista (y seguramente tendrían razón)). Con el impacto, las luces del coche quedaban hechas añicos, y la pobre niña lloraba, puesto que se había quedado a oscuras en mitad de un bosque (en los cuentos actuales, seguramente un zombi se la comería, pero por aquél entonces esos seres maravillosos que copan los libros políticamente correctos de mis hijos aún no existían). En cambio, quienes sí aparecían eran una pequeñas luciérnagas que, voluntariamente, se ponían dentro de las luces y le permitían llegar a casa sana y salva (ahora diríamos que eso es violencia animal). En mi juventud pude contemplar luciérnagas reales, pero no en muchas ocasiones. Recuerdo que las últimas las vi en Harlem, mientras regresábamos de un espectacular concierto. Ahora, lo que puedo contempl...

¿A qué hora quedamos?

¿Que a qué hora quedamos? Depende.   Aquí encontramos dos casos. De hecho, dos y sólo dos casos posibles. Imaginamos que nosotros hemos organizado una comida en nuestra casa. Caso 1 Quedamos con norteamericanos.  Normalmente quedamos para comer.  A las doce del mediodía. Si hemos acordado las doce, a las doce en punto suena el timbre de nuestra casa, y llegan unos americanos contentos, que te saludan con un abrazo no muy fuerte, se quitan los zapatos, los dejan en la entrada, te entregan una botella de vino, unas galletas y unas flores, y te preguntan dónde pueden dejar la ropa de abrigo. Mientras acabamos de preparar la comida, los americanos se sientan alrededor de la cocina, bebiendo una cerveza o un vaso de agua, normalmente, y con una conversación educada y divertida. Comida lista, y pasamos al comedor, donde continuamos con la conversación, mientras vamos saboreando algún plato típico, ya sea de aquí o de allí. Al cabo de dos horas, puntuale...

La próxima celebración la descubres en las tiendas, no en tu corazón

¿Que estamos en vísperas de Halloween y no sabes cual es la próxima celebración nacional? Tranquilo, acércate a un Target, Marshalls, TJMaxx o similares y solo en la entrada ya descubrirás los artículos necesarios para celebrar Thanksgiving. ¿Que después de Thanksgiving no sabes la que se avecina? Buena, ésta es un poco difícil. En Massachusetts tenemos Navidad y Hanukkah, a cada cual más popular en función de la situación religiosa o más bien tradicional que impere en tu hogar. Y en las macrotiendas mencionadas anteriormente, repletas de productos innecesarios, pero que con un marketing feroz a base de etiquetas con el precio actual y el precio anterior, te piden a gritos que compres todas las gangas que tu tarjeta de débito puede aceptar, sabes que estás en buenas manos. Puedes comprar árboles, decoración variopinta y una cantidad interminable de productos hogareños, con las fiestas de marras impresas hasta la saciedad.  ¿Y después de las Navidades? Pues esta es buena. Aquí...

¿Puedo?

No puedo. No puedo. Y no puedo. No hay manera. No consigo distinguir cuando me dicen "can" o cuando me dicen "can't". Cuando una amiga de mis peques viene a casa y me dice que lo que le cuento no puede hacerse, me la miro contentísima, hasta que observo la cara de mi hijo que, condescendientemente, me indica que lo he entendido al revés. Ya en la intimidad del hogar, ensayo repetidas veces el can y el can't. Mis hijos me ponen ejemplos hasta aburrir. Bueno, hasta aburrirse ellos, y yo, pero sin éxito en la resolución de lo que para mi es un jeroglífico indescifrable, lo que para mi es una meta inalcanzable, una quimera, una utopía. Parece fácil. Para los americanos. Para los estudiantes, americanos o no, que están creciendo en los parajes del autor de Moby Dick, de Paul Revere o de Pocahontas.  Pero no es fácil para mi. No lo es. Y punto. No tengo la capacidad para formular unos sonidos que mi garganta no ha aprendido durante los primeros cuarenta...

Pot luck

Unos amigos nos invitaron a su casa. ¿Cómo nos invitaron? Usando Evite, un programa que te permite realizar de forma fácil una invitación a partir de unas plantillas determinadas, y enviarla usando internet a los contactos que escojas. ¿Qué nos proponían en la invitación de Evite? Un Pot luck. ¡Ajajá! ¿Y qué es un Pot luck? Pues todos los invitados deben traer algo para comer. Los host, los anfitriones, ponían su casa a disposición, tenían utensilios, platos, mesas, sillas... Y los invitados llegamos cargados con bolsas y platas de comida. Todos al llegar, abríamos nuestras bolsas y poníamos nuestros platos en la isla de la cocina, que la anfitriona se ocupaba de arreglar para que todo quedase perfecto. Además, el Pot luck en cuestión era multicultural, con lo cuál pudimos degustar samosas caseras de un chico de ascendencia india, hummus delicioso de unos marroquíes, dulces italianos, crema catalana, pollo al horno macerado en salsa,... toda la isla de la cocina se o...

Ejercicio de madre. Clases gratuitas

Cuando alguien me pregunta si practico algún deporte, mi respuesta es afirmativa. Cuando me preguntan qué deporte practico, les digo la verdad: tengo dos hijos. Esto debería contar como deporte semi-olímpico como mínimo. Como algún escéptico no cree que tener dos hijos sea un deporte, aquí dejo una serie de ejercicios diarios que sirven como clases de gimnasia para el más incrédulo, y que voy a describir de manera totalmente gratuita: - ejercicios de las cuerdas vocales . Este es el músculo que tengo más ejercitado en todo mi cuerpo. Me paso el día gritando a mis hijos para que hagan los deberes, ordenen su habitación, recojan su ropa, cenen, pongan la mesa, se laven los dientes y vayan a la cama. Los gritos van acentuándose a medida que pasa el tiempo, puesto que mis hijos cada vez me hacen menos caso. Tengo calculado que a los sesenta ya tendré voz de soprano y triunfaré en la ópera (mi objetivo: Milán). - ejercicios de espalda.  Mis hijos ayudan enormemente a la actividad di...

Miel

La primera vez que escuché la palabra honey (miel), sin que se hiciera referencia al producto proveniente de las abejas y objeto del deseo de los osos más golosos, fué en New York. En uno de mis viajes hace tiempo a una ciudad que me tiene enamorada, la chica que nos tomaba el pedido en un pequeño bar de Tribeca me dijo: ¿Y tú que és lo que quieres, honey? ¿Yo, miel?¿Miel de qué? Me encantó que alguien me comparara con un líquido dulce del color del oro viejo, pero no salí de mi asombro. Ahora que ya hace tiempo que vivo en Massachusetts, estoy acostumbrada a escuchar que mis amistades y mis compañeras de trabajo se acercan a mi tratándome de miel. ¡Incluso yo digo miel a mis amistades o a mis compañeras de trabajo! Atrás quedan mis palabras para mostrar afecto, tales como cariño (sentimiento), corazón (parte del cuerpo que simboliza toda la ternura), amor mío (explícitamente amor en mayúsculas), guapa (por dentro y por fuera). Cerca de Boston, al hablar con la persona a quién...

Momentos de relax

Ayer decidí que mis peques ya eran suficientemente mayores y que podía ir tranquilamente con ellos al supermercado para la compra semanal. Si, lo reconozco, me había levantado demasiado optimista. Pero ya se sienten mayores (y lo son) para muchas cosas, con lo cual decidí que me acompañaran y me ayudaran en la búsqueda de los alimentos que tomamos semanalmente toda la família.  Orgullosa, aparqué el coche y con un hijo a cada lado, entré en el supermercado. El mayor se ofreció a conducir el carrito, a lo que yo acepté encantada.  Empecé con la sección de lácticos, mirando qué yogures eran los más ricos (sin mirar las calorías). Estando yo en estos quehaceres, decido sacar mi vista de los estantes yoguriles y me encuentro que mi mayor había llenado el carrito con sus yogures preferidos, pero no con 3 o 4, sino con 50 o 60. Le digo que no puede cargar con tantos, y le cuento los motivos razonables (espaciales y económicos básicamente) por los que no está bien cargar tantos ...

Sin perder un segundo

Nos gusta, a toda la familia, probar la comida internacional. La japonesa, la china, la americana, la libanesa... cada una tiene sus peculiaridades y sus platos exquisitos, sus ingredientes principales que se combinan con otros que generación tras generación han aportado a cada receta una singularidad extrema y un sabor extraordinario. Hace poco probamos un restaurante mejicano. A los niños les encantan las quesadillas y a nosotros unas fajitas o similar regado con un poquito de tequila nos sabe a gloria (remordimientos aparte). Al entrar en el restaurante parecía que hubieras abandonado Massachusetts y hubieras entrado en una especie de pirámide fabricada hace miles y miles de años por una cultura milenaria. Aunque la chica que nos atendió era totalmente americana, su inglés era perfecto y la mesa, los cubiertos y los platos eran mucho más modernos de lo que imaginaba.  Ya escogido el menú, me dirigí al baño. En la puerta, un dibujo de una mujer voluptuosa y femenina nos invi...

Russo's

¿Dónde encuentras tu queso de toda la vida? ¿Eres extranjero y estás viviendo en Boston?¿Echas de menos algunos de los manjares de tu casa? Pues debes ir obligatoriamente a Russo's. Russo's es un supermercado. Una tienda de productos naturales y frescos. En las bolsas de los productos, es normal ver impresa la palabra Organic (o sea, la palabra que los americanos utilizan para decir que ese producto está cultivado o fabricado con productos naturales, sin usar elementos químicos que puedan dañar a nuestro organismo, a corto o largo plazo).  Entrar en Russo's es como entrar en un bosque de un cuento de hadas . Al abrir la puerta, flores de todas las formas y colores te dan la bienvenida. Aún sin acabar de contemplarlas, ya estás dentro del mundo de las hortalizas y los vegetales, seguido del universo de las frutas. Una sinfonía de colores y texturas que parece no acabar y que, como la bruja mala te dicen: "cógeme, soy apetitosa y saludable." Pero tu ya sabes ...