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Mostrando las entradas etiquetadas como invierno

La creación de Billy

Ha nevado.  Todo mi entorno es blanco. Blanco nuclear.  Los árboles cubiertos de nieve, el suelo cubierto de nieve, las casas cubiertas de nieve. Las máquinas quitanieve pasan muy de vez en cuando por nuestra pequeña calle.  ¡Vamos a fabricar un muñeco de nieve! Nos vestimos para la ocasión: Nos ponemos ropa cómoda, y la cubrimos con: -pantalones de nieve, -anorac, -buff, -gorro, -guantes, -botas, (mis pequeños añaden gafas de esquiar, puesto que saben que la fabricación del muñeco llevará irremediablemente a una guerra de bolas de nieve). Así vestidos, como si de un muñeco Michelin gigantesco se tratara, salimos a la calle sin poder doblar excesivamente nuestras articulaciones.  Empiezo a recoger nieve de mi alrededor, y sólo consigo una masa uniforme que me cuesta trabajo agrandar. "¡No, mamá, así no!" Me corrige mi pequeño. "Tienes que hacer una pequeña bola de nieve, y luego hacerla rodar por el suelo." ¡Y este renacuajo qué ...

Blanca Navidad

Por la radio, escuchaba una canción, dónde la cantante deseaba que sus navidades fuesen blancas. No he podido evitar sonreír. Seguro segurísimo que ningún habitante de Massachusetts ha escrito esta canción. Seguro que la cantante es de california y, vestida con bañador, tumbada en una toalla mientras el astro sol la seca después de un chapuzón, ha tenido la salvaje idea de pedir navidades blancas. Aquí, en Massachusetts, el paisaje de invierno acostumbra a ser tan blanco nuclear, que lo raro sería que las navidades no fuesen blancas. Durante las primeras nieves, mi família, que vive al otro lado del océano, en un lugar donde la nieve es tan extraordinaria como para la chiquilla en bañador de la susodicha canción, mi família me pide que les muestre el paisaje. Así lo hago, mientras puedo ver sus caras de asombro y sus voces exclamando maravilladas lo bonito que es el entorno. Si, es verdad. Contemplar la nieve caer es precioso. De verdad. Ver cómo se posa en todas los recondijo...

Snow day

Diciembre y primer snow day, es decir, primer día de nieve. A las cinco de la mañana, ya he recibido un correo electrónico, una llamada telefónica y un mensaje de voz de la secretaria del distrito escolar, indicándome que las escuelas públicas permanecerán cerradas debido a la tormenta de nieve que asola nuestro territorio. Lo que ya nos temíamos. Las noticias y las previsiones meteorológicas instruyen adecuadamente a los habitantes de Massachusetts, con lo cual la nevera contiene los alimentos necesarios para pasar la susodicha tormenta. Ya estamos acostumbrados. Mientras los más precavidos y todos los estudiantes nos mantenemos calentitos en nuestro hogar, sólo algunos osados y todas las quitanieves están en las calles, sacando la nieve que se ha posado en el suelo. Con una taza de te humeante en la mano, me dirijo hacia la ventana, para contemplar cómo el paisaje va cambiando, poco a poco. Los copos de nieve van cayendo lentamente, como si la fuerza de la gravedad no fues...

Yo soy de aquí

Pongámonos en situación: Massachusetts, invierno . Temperaturas de cero grados centígrados por la mañana (32 F). Si, ciertamente no son las temperaturas a las que estábamos acostumbrados años atrás, donde los números negativos reinaban en el termómetro. Pero aún así, cero grados centígrados es frío. Para cualquier mortal. En cualquier parte del mundo. Mi pequeño que ya no es tan pequeño, pregunta la temperatura a Alexa, y esta le responde que hoy estaremos entre los treinta y los cincuenta grados Fahrenheit (oséase, entre los cero (0) y los diez (10) grados centígrados). Y muy convencido, mi pequeño y yo tenemos la conversación que sigue: Pequeño: Mamá, hoy hará calor, voy a ponerme pantalones cortos. Yo: ¡Ni lo sueñes, estamos a temperaturas casi negativas! Pequeño: ¡Pero vamos a llegar a cincuenta! Yo: ¡Esto es frío! Pequeño: Mamá, yo ya soy de aquí, y me he acostumbrado al frío. No lo siento. Tengo calor a cincuenta. Después de este tira y afloja, no voy a reproduci...

I love your shoes

Era hace tiempo ya. Acabábamos de aterrizar en tierras americanas, y paseábamos medio despistados por las calles de una pequeña gran ciudad. De pronto, una mujer que también circulaba por la calle, pero en sentido contrario a nosotros, me mira a la cara, sonriente, y me dice: I like your shoes! Yo no supe qué contestarle y continué transitando por la calle. Pero para mis adentros pensé que qué quería esa mujer, porqué se dirigía a mi sin conocerme, y cómo osaba criticar, aunque fuera positivamente, alguna pieza de mi vestuario. Como el tiempo todo lo pone en su lugar, he aprendido a familiarizarme con este tipo de expresiones espontáneas. Una sonrisa mientras cruzo la calle, o un saludo cuando camino por unos de los pasillos de mi lugar de trabajo. Sin conocernos de nada. Siendo la primera vez que intercambiamos miradas. Una alusión positiva del día, del tiempo, del jersey que llevo puesto, o de los pendientes que he estrenado.  Los americanos son amables, afables diría yo...

Necesidades encontradas

¿Qué necesitamos para ser felices? En Estados Unidos, como en gran parte del mundo que funciona mediante el consumismo, nos parece que seremos más felices si compramos muchas cosas bonitas. Muchas. Muchísimas. ¿Y en qué lugar puedes encontrar las preciosidades que, una vez en tu casa, no lucirán tan bonitas como pensabas?  Pues en Home Goods. La primera vez que pisé este macro espacio que destila romanticismo, buen gusto, necesidades primordiales encontradas y precios demasiado baratos par ser verdad, me quedé con la boca abierta. He sido una visitante asidua de este espacio, paseándome entre las estanterías cargadas de delicatessen italianas, jarrones de cristal polacos, platos portugueses y mantelería fabricada en China. Si, puedo encontrar de todo para decorar mi casa. Puedo incluso ornamentarla sin que se resienta estrepitosamente la cuenta corriente. Puedo llenarla y rellenarla de cosas preciosas. Pero, a veces, después de colocar un jarrón en aquél espacio vacío,...

Tuve un sueño

Soñé que estaba sentada en un banco de madera contemplando un precioso lago repleto de nenúfares. Delante de mi, unos niños traviesos y simpáticos ponían gusanos de cebo en sus cañas de pescar, intentando a veces con éxito, una presa brillante y viscosa. Al cabo de un rato, en mi sueño, aparecían otros niños, de tez más morena que los anteriores y que, sin conocerse de nada, intercambiaban experiencias propias en el mundo de la pesca. El padre de los últimos niños se quedaba sentado en la hierba, a unos metros de mi. Al rato, escuhaba una música armoniosa. Cuando me giré para descubrir de dónde provenían las notas, descubrí a una anciana de rasgos asiáticos que caminaba lentamente por un caminito cercano a dónde yo estaba sentada. Y mientras andaba, entonaba unos cánticos placenteros y para mi totalmente desconocidos. Soñé que unos amigos de aquél papá sentado en la hierba aparecían de la nada y se sentaban con él, pero que a veces se encaramaban a los árboles para desenredar el hilo ...

La meteorología y el fútbol

Mi pequeño desea ser futbolista, cuando sea mayor. Atrás ha quedado la época en que quería ser bombero, astronauta, marciano (¡Si, marciano!), maestro, y gemólogo. Ahora su ambición es llegar a ser futbolista, o jugador de soccer, como aquí lo llaman. El fútbol en Massachusetts es y será el fútbol americano, el de Tom Brady y los Patriots, el de los cascos y los touchdowns. Pero no. Mi hijo no se ha dejado influir por el fútbol americano, y quiere ser un jugador que da patadas a la pelota, para que ésta acabe finalmente dentro de una portería. Pero mi hijo cuenta con un handicap muy importante para lograr su sueño: el tiempo. Si, el tiempo. En Massachusetts, como en cualquier parte del mundo, tenemos cuatro estaciones. En invierno, el frío, el viento y la nieve impeden la práctica de cualquier deporte en el exterior. Como el verano es harto caluroso y los jovenzuelos no tienen un horario estricto, sólo puede practicarse el fútbol durante las estaciones temperadas, oséase, primavera ...

Sin palabras

Primavera en Massachusetts

Paseando por el cementerio

Nunca. Nunca se me pasó por la cabeza dar un paseo por el cementerio de mi pueblo. En mi tierra, el cementerio es un lugar inhóspito plagado de paredes repletas de nichos y flores marchitas. Al cementerio iba los días señalados para recordar más efusivamente a mis seres queridos ya difuntos. Pero aquí en Massachusetts, puedo pasear por la orilla del rio Charles, dar la vuelta completa a un lago de algunos parajes de Brookline o Wellesley, y, a veces, pasear por los cementerios.  Los cementerios de aquí son lugares apacibles, muchos de ellos situados cerca de un lago. Tienen grandes extensiones de terreno, de las cuales emergen lápidas de piedra con los nombres de los difuntos. Me gusta pasear por los cementerios porqué irradian tranquilidad. Me gusta leer los apellidos de la gente difunta que yace debajo de la tierra. Nombres irlandeses en un lado del terreno, se mezclan con nombres chinos, o de otras nacionalidades fáciles de distinguir meramente por el apellido. Me gusta que...

La dulce experiencia mamográfica

En Massachusetts, se recomienda a todas las mujeres mayores de cuarenta años que realicen una mamografía anual.   Como cumplo con este requisito desde hace ya bastantes años, tengo el inmenso placer de disfrutar de esta gozada una vez al año. Antes de empezar el relato de tan dichosa experiencia, debo decir, sin rintintín, que considero que las mamografías son una prueba útil para la detección precoz del cáncer de mama, y que no dejaré de realizarlas mientras tenga posibilidades de continuar. Y empiezo. - Recibo una carta del centro de salud recomendándome encarecidamente, y siguiendo las leyes de Massachusetts, que los llame para programar dicha prueba. - Los llamo. Tengo la increíble suerte de que una mujer ha rechazado la hora que tenía, y me la dan a mi. Tiempo de espera, menos de una semana. Estoy que salto de contenta. - Acudo puntualmente a mi cita. Entro en el centro de salud, y voy siguiendo los cartelitos que indican dónde van la mayoría de mujeres de más de ...

Los tacones no son para Massachusetts

Definitivamente. Decididamente. Los tacones no tienen cabida en estas tierras nevadas y heladas.   Recuerdo una de las últimas veces que calcé unos tacones de vértigo, más de un año atrás. Unos amigos nos habían invitado a cenar a su casa, y yo, muy pizpireta, me había enfundado en un vestido ajustado que marcaba mis michelines protuberantes de forma elegante, y me había calzado unos zapatos negros de charol de tacón demasiado alto, por eso de que así se me estilizaba la figura. Craso error, por supuesto. acostumbrada como estoy a usar zapatillas de deporte o botas, los tacones se entrometían en mi bienestar físico y psíquico. Mi bienestar físico peligraba, puesto que ya del coche a la puerta de entrada de la casa de nuestros amigos, mis andares no eran precisamente aprincesados. Más bien parecía un pato mareado. Y mi bienestar psíquico peligraba, puesto que mi incomodidad física evitaba que pasase un buen rato de pie, ya que mi cerebro se quejaba contínuamente a mis pierna...

¿Puedo?

No puedo. No puedo. Y no puedo. No hay manera. No consigo distinguir cuando me dicen "can" o cuando me dicen "can't". Cuando una amiga de mis peques viene a casa y me dice que lo que le cuento no puede hacerse, me la miro contentísima, hasta que observo la cara de mi hijo que, condescendientemente, me indica que lo he entendido al revés. Ya en la intimidad del hogar, ensayo repetidas veces el can y el can't. Mis hijos me ponen ejemplos hasta aburrir. Bueno, hasta aburrirse ellos, y yo, pero sin éxito en la resolución de lo que para mi es un jeroglífico indescifrable, lo que para mi es una meta inalcanzable, una quimera, una utopía. Parece fácil. Para los americanos. Para los estudiantes, americanos o no, que están creciendo en los parajes del autor de Moby Dick, de Paul Revere o de Pocahontas.  Pero no es fácil para mi. No lo es. Y punto. No tengo la capacidad para formular unos sonidos que mi garganta no ha aprendido durante los primeros cuarenta...

¿Existen las hadas?

Ser mamá implica muchas cosas. Quiere decir que eres una persona multitarea, capaz de dar cincuenta órdenes en dos segundos sin que nadie te haga caso; capaz de abrazar a tus churumbeles con pasión desenfrenada; cocinar sin tener ganas ni tiempo; organizar la semana; arroparlos cuando están dormidos;... y multitud de cosas de las que me olvido, o no. Pero además de todo esto, ser mamá significa, en mi caso particular, tener la capacidad para contar historias. Pequeños o grandes cuentos que florecen en mi imaginación a través de detalles que observo a mi alrededor, o de ideas con las que llegan mis hijos cargados del cole, o frases sueltas que intercambio con vecinos o compañeros de trabajo. Ser mamá en mi caso ha desbocado mi imaginación. He escrito muchos cuentos, y, si bien mis primeros vieron la luz a través de un proyecto web multilingüe, ahora he querido que un cuento sobre el poder de la imaginación vea la luz en formato físico, en un cuento para leer con los niños, y para que d...

Los paraguas son para el verano

Vivo en Massachusetts. Es primavera. No llueve. Las flores empiezan a salir y los árboles se tiñen de todos los colores.  Paseo por la calle. El sol se muestra para taparse a los cinco minutos, para volver a salir a los diez minutos.  Llueve. Al cabo de cinco minutos ya no llueve.  Una mujer camina en dirección contraria a la mía, con lo cual nos vamos acercando. Nos sonreímos, ¡Que pase un buen día! Vivo en Massachusetts. Es verano. No llueve. El calor aprieta. Paseo por la calle. El sol se muestra en todo su esplendor, el cielo es azul, los pájaros cantan, los árboles están cubiertos de un verde intenso y la gente pasea por las calles con zapatillas de playa. Una mujer camina en dirección contraria a la mía, con lo cual nos vamos acercando. Observo que lleva un paraguas para cubrirse del astro sol, ese astro que nos da la vida y mira tú por donde, ahora se nos dice que hay estudios indicando que sus rayos son perniciosos. Vivo en Mas...

De cintura para abajo

Érase una vez que el Dios Papakinmalkefa, tranquilamente sentado en una espléndida nube de colores rojizos, estaba mirando hacia abajo, contemplando a los habitantes de New England. Era invierno, y por aquellos lares, el frío y el viento se aliaban con fuerza para azotar a los pobres hombres y mujeres que ocupaban aquél lugar. El Dios Papakinmalkefa se compadeció de ellos, y decidió fabricar una crema con la que embadurnarse el cuerpo y así no notar el frío de temperaturas negativas, llegado el invierno. El Dios fabricó la crema y cogió al azar a uno de los habitantes de New England, a quién trasladó volando hasta su nube. El asombrado visitante, antes de abrir la boca, escuchó lo que Papakinmalkefa le dijo: - Hola, humano. Soy el Dios Papakinmalkefa. He comprobado que en vuestras tierras el frío apremia, y me he compadecido de vosotros. He preparado este ungüento para que te embadurnes todo el cuerpo. Así, de este modo, tu y tus descendientes nunca más notaréis el frío. El pobre ...

De alemanes y tal, Oktoberfest

En septiembre, en un pequeño pueblo de Massachusetts, fuimos a la Oktoberfest, invitados por una amiga argentina de raíces judías. Si. Repito. En septiembre (no en octubre), en un pequeño pueblo de Massachusetts (un pueblo de un estado americano de los Estados Unidos) fuimos a la Oktoberfest (una fiesta tradicional alemana que traducida debe ser la fiesta del otoño), invitados por una amiga argentina de raíces judías (o sea, que en su DNA no aparece la raza germana ni por casualidad).  Nadie hablaba alemán, o al menos nadie que yo escuchara lo hablaba. Pero la cerveza en grandes vasos y las kartoffen en grandes platos pululaban en las manos de casi todos los allí presentes. Muchas de las mujeres, mi menda incluída, se hizo unas trenzas y se compró una diadema de flores artificiales. Y así, ni cortos ni perezosos, un montón de americanos y demás orígenes (muy pocos de los cúales parecían eslavos), nos reunimos en un acampado para celebrar una fiesta de la que no conocíamos los oríg...

bibliotecas y ferias de libros

Al principio de vivir en Massachusetts, vivíamos en Newton, un pueblecito (o mejor dicho, una vasta extensión de terreno repleta de casitas de sueño americano con termitas incorporadas). En aquella época, mis hijos y yo nos apuntamos como miembros de la biblioteca pública de la localidad, y con el carnet podíamos sacar de la biblioteca una enorme cantidad de libros, para devolverlos al cabo de unas dos semanas. En aquella época, tuvimos en casa muchos libros prestados, y cuando yo recibía un correo electrónico de la biblioteca, recordándome amablemente su devolución, yo me volvía loca por encontrar los susodichos libros susceptibles de devolución debajo del sofá, o escondidos entre las sábanas. También en aquella época, los niños y yo acudíamos a la biblioteca para ver una película bastante actual y totalmente gratuita, o a contemplar obras de arte de artistas locales que nunca captaron mi alma ni mucho menos mi monedero, o a comprar libros viejos por menos de un dólar cada uno, o par...

Sabes que vives en Massachusetts si tus hijos:

- consideran que con diez grados centígrados el calor es insoportable y se visten con pantalón corto; - empiezan las frases cuando hablan entre ellos con un "Dude" sin saber quién es "The big Lebowski" de los hermanos Coen; - creen sinceramente que pueden ir a todas partes con chancletas de playa y calcetines de deporte; - alzan la mano contínuamente para responder preguntas que se plantean en casa durante la cena, y esperan pacientemente (o no) su turno para contestar; - empiezan las frases con un "Guys" cuando se dirigen a su padre o a mi menda (su madre); - soportan mejor las temperaturas negativas que positivas; - piensan en inglés, sueñan en inglés, leen en inglés; - creen que alzar el dedo medio (o corazón) es el peor de los insultos; - cuentan chistes que sus padres no americanos y con una cultura diferente, son incapaces de entender; - creen que "hilarious" es sinónimo de "divertido" - creen que los tejanos ...

Celebraciones indiscretas

Ayer vino a casa uno de los amigos de mi hijo mayor, para una playdate. Es decir, básicamente la mamá del amigo te lo entrega un par de horas, y transcurrido ese tiempo, la mamá del amigo viene a recogerlo. Con lo cual, intercambio con esa mujer un hola y un gracias cuando llega el niño, y un adiós y gracias cuando se va. Todo muy cordial y con grandes sonrisas. Durante el tiempo que el niño-amigo está en casa, los niños (propios y extraños), juegan y comen. Ayer se interesaron por el fusball, lo que yo de pequeña llamaba popularmente futbolín. Como les faltaba un jugador, me apunté.  En el equipo blanco, jugaban mi hijo pequeño y el amigo. En el equipo negro, jugábamos mi hijo mayor y yo.  Empieza el juego y la pelota va rodando entre los jugadores de plástico, mientras nuestras manos intentan dirigir a nuestras piezas. El equipo blanco marca un gol. Pelota en juego otra vez, y nos marcan otro gol. Y a la tercera, marco yo un gol. Me alegro como si hubiera ganado la ...