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Mostrando las entradas etiquetadas como mamá

Mis amigas raras

Al empezar un proceso de expatriación, tus amigos son inexistentes. Tienes contigo a tu família, pero debes fabricarte de zero una nueva socialización. Al principio, mis mejores amigos en Massachusetts, eran la secretaria del colegio de los niños, porque me saludaba cada mañana cuando los dejaba en el colegio, y el cobrador del supermercado, porqué me daba los buenos días cuando me tocaba pagar. Con el tiempo, mi círculo de amigos se volvió verdadero, y ahora puedo decir que tenemos un círculo social entrañable. Pero aquí viene lo raro, o, en cualquier caso, lo que nunca habría sucedido veinte años atrás: tengo amigas diferentes. MUY diferentes. Sí. Una de mis mejores amigas me acompaña cada día en el coche, arriba y abajo, para ir al trabajo o para hacer la compra. Otra amiga vive en mi casa, pero no nos ponemos de acuerdo en cómo se limpia el suelo. La tercera lo sabe todo. La que me acompaña en el coche se llama Ruth. Ruth me guía por los entresijos de Massachusetts, y ha conse...

No entiendo a las peluqueras

No las entiendo, no las entiendo y no las entiendo. Nada, que no hay manera. Ni em mi tierra las entendía, cuando me contaban lo que precisaba mi pelo. Siempre terminaba con un peinado que yo no sabía que yo quisiera, pero que me decían que me era muy favorecedor. Y aquí pasa lo mismo, aunque en mejores condiciones, puesto que puedo decir que mi conocimiento del inglés, o del coreano en mi última experiencia, es más limitado que mi idioma materno. En mi última experiencia capilar, quise entrar walk-in (es decir, sin cita previa) en la peluquería que tenía cerca de casa. La peluquera es una coreana casada con un americano hace más de cuarenta años, que regenta dicha peluquería desde hace veinte.  Le conté mi plan perfecto para mi pelo: - Cortarme las puntas. Fácil. Rápido. Sencillo. - Cortarme. Las. Puntas. Satisfecha con mi demanda, en la que además utilicé la mímica para cerciorarme de que todo el mundo pudiera entenderla, no calibré lo que vendría a continuació...

Mis personal shoppers

Pongámonos en contexto. Tengo dos hijos. Machos, varones, o como quieran llamarlos en las diferentes culturas a las que tengo por costumbre arrimar el hombro. Mis dos hijos, que justo están empezando la preadolescencia, para deleite y aturdimiento de su queridísima madre, van vestidos cada día, oséase, 365 días al año, incluida Navidad con camisetas deportivas, pantalones de chandal y zapatillas de deporte. Con suerte, se peinan, se ponen el desodorante que roban de su padre a escondidas, y se lavan los dientes después que su amantísima madre se lo haya recordado más de cuatro veces. Los fines de semana, tanto su padre como su madre han desistido de pedirles-aconsejarles-rogarles-amenazarles que usen tejanos, prenda de ropa que mis hijos consideran para ser llevada en ocasiones especiales, en grandes celebraciones o eventos singulares. ya estamos en situación. El otro día, mi amantísimo esposo y yo teníamos una cena fuera de casa. Como esto sólo sucede una vez cada mucho tiempo, d...

Un ascensor de New York

Tres horas y media en coche separan las ciudades de Boston y New York. Aprovechando esta casuística, decidimos aprovechar las vacaciones del Labor Day para visitar la ciudad más famosa del mundo. Mansos como somos a los consejos de booking, para pasar un par de noches escogimos un pequeño hotel de una cadena hotelera importante, situado en Hell's kitchen, en la zona oeste de Manhattan. La habitación era pequeña pero correcta. Pero quiero hacer hincapié en lo que más me impresionó del edificio: ¡el ascensor! ¡Ríanse, señoras y señores, de la pequeña habitación de los hermanos Marx, donde gente en blanco y negro se apilaba uno encima de la otra en pocos metros cuadrados! ¡Olvídense de un coche pequeño donde cabían multitud de muchachos, estrujados como papel! ¡Síiiii! ¡El ascensor que nosotros teníamos en el centro de Manhattan (bueno, el único de los dos que funcionaba en el hotel), podía contener casi tanta gente como los habitantes de un pequeño país! ¡Y la aventu...

El maravilloso mundo de las actividades extraescolares

¿Cómo puede una aburrirse cuando se trata de planificar las actividades extraescolares de los churumbeles en Massachusetts? Nada, nada, a organizar.  Veamos, uno quiere ser futbolista de los que chutan la pelota, cuando sea mayor, con lo cual es bueno que lo apunte a soccer. Busco los clubes cerca de casa y, ¡Oh, maravilla! Todos los espacios están ocupados, ¡Mi hijo no tiene ni un sitio libre para entrenar fútbol durante los meses de otoño! Desolada, le comento en voz bajita que he intentado apuntarlo a clases, pero como no lo he hecho en las fechas requeridas, no queda sitio libre.  "No pasa nada, mamá", me suelta mi gaznapiro preferido, a lo que yo proceso que su deseo de ser futbolista profesional está bajando en intensidad. Bueno, paso siguiente, el otro quiere entrenar de tiro al arco. El problema es que no hay clases en los alrededores, con lo cual, deberíamos desplazarnos en horas punta hacia el sud de Massachusetts, para asistir a una media hora de clase, ...

Los tiempos de la banda

Junio. Tiempo para descubrir las habilidades artísticas de tu hijo, ya sea en forma de canto, o tocando un instrumento, o actuando en un festival. Mis retoños participan en la banda escolar, con lo cual, tuve la oportunidad de escuchar los sonidos que emergían de sus instrumentos. Pero el concierto no es sólo el momento en que tu hijo emite notas musicales. Hay mucho más. Lo cuento. Tiempo de silencio El día del concierto, llegué la primera al teatro de la escuela. Me senté, y observé a mi alrededor. A lo lejos, podía escuchar cómo los compañeros de mi hijo ensayaban, pero dentro del teatro, todo era paz y soledad. Hasta que llegó el segundo tiempo. Tiempo de madres Las madres llegan recién salidas de la peluquería, enfundadas en unos tejanos y con unos tacones atrevidos. Su tarea es árdua, puesto que deben reservar asiento para sus antepasados y para sus descendientes, es decir, para los abuelos y los hermanos del músico. Todo son sonrisas para con las otras madres, y se ...

Cruce

Una de las cosas que aún siguen asombrándome de la gente de Massachusetts es su sistema de conducción. Hace poco, en una sesión formativa en mi lugar de trabajo, nos pusieron un ejercicio. Nos juntaron en grupos de dos. Uno de nosotros representaba que era una persona que salía de su sesión en el gimnasio, la otra persona aparcaba el coche cerca de dónde la primera lo tenía aparcado, y lo abollaba. El ejercicio consistía en discutir la reacción de cada miembro del grupo ante esta situación. La mayoría de mis colegas (es decir, todos menos yo), dijeron que estas cosas pasan, que las dos personas hablaban, se ponían de acuerdo, se daban los teléfonos y la información del seguro, y a otra cosa mariposa.  ¿Cómorrrrrr? Yo dije que en mi patria, tanto uno como otro personaje nos habríamos alzado la voz, y que después de fuertes improperios, habríamos hecho un parte, con suerte.  Esto también sucede en el sistema de cruces en las calles. Hay bastantes cruces, donde los coc...

El tamaño importa

Hace ya meses, alguien de mi Facebook publicó las siguientes imágenes: En la primera, sale una foto del dragón y el niño de la película "Neverending story". En la parte posterior de dicha foto, la frase: La historia que nunca acaba, cuando eres un niño.  En la segunda foto, hay un cubo de ropa sucio inmensamente lleno. La frase que lo describe, es la siguiente: La historia que nunca acaba, cuando eres un adulto. Como persona adulta, por supuesto, me siento totalmente identificada con la segunda imagen. Cuando programo una lavadora, y he podido meter en ella toda la ropa sucia del cubo, me siento como una niña con zapatos nuevos al contemplar un milagro, es decir, el cubo de la ropa sucia vacío. Pero mi gozo se extingue al cabo de pocos segundos, cuando uno de mis dos churumbeles, sin darse cuenta de mi estado de excitación extrema, vacían dentro de dicho cubo la ropa que han usado para practicar cualquiera de sus deportes favoritos.  Si, mi gozo en un pozo. ...

Contacto de emergencia

Si aún no te habías dado cuenta, te enteras de que vives fuera de tu patria cuando rellenas toda la documentación concerniente a la escolarización de tus retoños, y debes escribir el nombre del contacto de emergencia. Mi marido, claro está, es mi contacto de emergencia. No, ese nombre y apellidos ya los he rellenado en las casillas donde pone Father. Ejem... ¿Mis niños pueden ser contactos de emergencia? Pues va a ser que no, puesto que son menores, y además son los que tienen la emergencia, en su caso. ¿Pues a quién diantre meto como "Contacto de emergencia"? La primera vez que me sucedió parecido descalabre, me acordé de una vecina simpática que había visto el día anterior y que me había sonreído. Aunque no habíamos mediado ni media palabra, pensé que sería muy buen contacto de emergencia, ya fuese por proximidad a mi vivienda, ya porqué además sus hijos acudían a la misma escuela que mis niños.  O sea que me puse manos a la obra. Al día siguiente, hice gal...

La dulce experiencia mamográfica

En Massachusetts, se recomienda a todas las mujeres mayores de cuarenta años que realicen una mamografía anual.   Como cumplo con este requisito desde hace ya bastantes años, tengo el inmenso placer de disfrutar de esta gozada una vez al año. Antes de empezar el relato de tan dichosa experiencia, debo decir, sin rintintín, que considero que las mamografías son una prueba útil para la detección precoz del cáncer de mama, y que no dejaré de realizarlas mientras tenga posibilidades de continuar. Y empiezo. - Recibo una carta del centro de salud recomendándome encarecidamente, y siguiendo las leyes de Massachusetts, que los llame para programar dicha prueba. - Los llamo. Tengo la increíble suerte de que una mujer ha rechazado la hora que tenía, y me la dan a mi. Tiempo de espera, menos de una semana. Estoy que salto de contenta. - Acudo puntualmente a mi cita. Entro en el centro de salud, y voy siguiendo los cartelitos que indican dónde van la mayoría de mujeres de más de ...

La próxima celebración la descubres en las tiendas, no en tu corazón

¿Que estamos en vísperas de Halloween y no sabes cual es la próxima celebración nacional? Tranquilo, acércate a un Target, Marshalls, TJMaxx o similares y solo en la entrada ya descubrirás los artículos necesarios para celebrar Thanksgiving. ¿Que después de Thanksgiving no sabes la que se avecina? Buena, ésta es un poco difícil. En Massachusetts tenemos Navidad y Hanukkah, a cada cual más popular en función de la situación religiosa o más bien tradicional que impere en tu hogar. Y en las macrotiendas mencionadas anteriormente, repletas de productos innecesarios, pero que con un marketing feroz a base de etiquetas con el precio actual y el precio anterior, te piden a gritos que compres todas las gangas que tu tarjeta de débito puede aceptar, sabes que estás en buenas manos. Puedes comprar árboles, decoración variopinta y una cantidad interminable de productos hogareños, con las fiestas de marras impresas hasta la saciedad.  ¿Y después de las Navidades? Pues esta es buena. Aquí...

¿Puedo?

No puedo. No puedo. Y no puedo. No hay manera. No consigo distinguir cuando me dicen "can" o cuando me dicen "can't". Cuando una amiga de mis peques viene a casa y me dice que lo que le cuento no puede hacerse, me la miro contentísima, hasta que observo la cara de mi hijo que, condescendientemente, me indica que lo he entendido al revés. Ya en la intimidad del hogar, ensayo repetidas veces el can y el can't. Mis hijos me ponen ejemplos hasta aburrir. Bueno, hasta aburrirse ellos, y yo, pero sin éxito en la resolución de lo que para mi es un jeroglífico indescifrable, lo que para mi es una meta inalcanzable, una quimera, una utopía. Parece fácil. Para los americanos. Para los estudiantes, americanos o no, que están creciendo en los parajes del autor de Moby Dick, de Paul Revere o de Pocahontas.  Pero no es fácil para mi. No lo es. Y punto. No tengo la capacidad para formular unos sonidos que mi garganta no ha aprendido durante los primeros cuarenta...

¿Existen las hadas?

Ser mamá implica muchas cosas. Quiere decir que eres una persona multitarea, capaz de dar cincuenta órdenes en dos segundos sin que nadie te haga caso; capaz de abrazar a tus churumbeles con pasión desenfrenada; cocinar sin tener ganas ni tiempo; organizar la semana; arroparlos cuando están dormidos;... y multitud de cosas de las que me olvido, o no. Pero además de todo esto, ser mamá significa, en mi caso particular, tener la capacidad para contar historias. Pequeños o grandes cuentos que florecen en mi imaginación a través de detalles que observo a mi alrededor, o de ideas con las que llegan mis hijos cargados del cole, o frases sueltas que intercambio con vecinos o compañeros de trabajo. Ser mamá en mi caso ha desbocado mi imaginación. He escrito muchos cuentos, y, si bien mis primeros vieron la luz a través de un proyecto web multilingüe, ahora he querido que un cuento sobre el poder de la imaginación vea la luz en formato físico, en un cuento para leer con los niños, y para que d...

De cintura para abajo

Érase una vez que el Dios Papakinmalkefa, tranquilamente sentado en una espléndida nube de colores rojizos, estaba mirando hacia abajo, contemplando a los habitantes de New England. Era invierno, y por aquellos lares, el frío y el viento se aliaban con fuerza para azotar a los pobres hombres y mujeres que ocupaban aquél lugar. El Dios Papakinmalkefa se compadeció de ellos, y decidió fabricar una crema con la que embadurnarse el cuerpo y así no notar el frío de temperaturas negativas, llegado el invierno. El Dios fabricó la crema y cogió al azar a uno de los habitantes de New England, a quién trasladó volando hasta su nube. El asombrado visitante, antes de abrir la boca, escuchó lo que Papakinmalkefa le dijo: - Hola, humano. Soy el Dios Papakinmalkefa. He comprobado que en vuestras tierras el frío apremia, y me he compadecido de vosotros. He preparado este ungüento para que te embadurnes todo el cuerpo. Así, de este modo, tu y tus descendientes nunca más notaréis el frío. El pobre ...

De manzanas recolectadas

¿Aún no habéis ido al "apple picking"? ¡Es fantástico! Awesome, fantastic, lots of fun, amazing. Cuando era época de recolección de manzanas, oséase temporada de otoño en Massachusetts, antes de que la nieve cubra todo el paisaje de un blanco nuclear, todos los padres y madres con los que me encontraba en mi camino me hablaban de lo increíble que era ir a recoger manzanas. Padres y madres de niños pequeños y no tan pequeños, incluso padres de adolescentes me decían que el "apple picking" era una experiencia sin parangón. Mi significant other era escéptico a este tipo de manifestaciones lúdicas americanas, puesto que ellos ponen mucho énfasis en cosas que nosotros no valoramos tanto. Y viceversa. Pero yo me dejé convencer, puesto que no era sólo una persona, ni dos ni tres, la que me hablaba maravillas de la recolección, sino casi casi todo el estado de Massachusetts al completo. Así pues, un día que el padre de mis hijos estaba ocupado en sus quehaceres, yo m...

Genética mejorada

Me encanta comprobar la teoría de la evolución en mis propias venas. Me complace ver como mis retoños me superan en gran cantidad de temas. Sin ir más lejos, a mi me apasiona leer. Mucho. Recuerdo que mis padres me reñían porqué me encontraban leyendo en cualquier rincón de casa, obviando los quehaceres domésticos. Pero tenía un talón de Aquiles: cuando me subía a un coche, no podía leer una línea de un libro sin marearme. Mucho. Ya sin la lectura, mis viajes en coche eran un martirio, vomitaba si eran largos (entiéndase por largos más de una hora y media de trayecto), con lo cual, siempre que probaba de leer, mis trayectos eran infernales. Pasé mi infancia y adolescencia con trayectos en coche mareada, con la ventanilla abierta para que el aire me refrescase mi mente enturbiada. Y sin poder leer una línea del libro que en aquellos momentos ocupaba mi actividad cerebral.  A mis hijos les apasiona leer. Mucho. Y con la mejora genética, puedo asegurar y aseguro que son capaces d...

Padres equipados

Sábado por la mañana. Estoy durmiendo en los brazos de Morfeo después de una semana intensa. Estoy soñando algo raro, como siempre, que no consigo descifrar. Y, de pronto, a las 6:30 de la mañana, suena el despertador. ¿6:30 de la mañana un sábado? ¿6:30?¡6:30!¡Mierda!¿Pero qué...? Y acto seguido recuerdo que uno de mis churumbeles ha decidido que de mayor quiere ser futbolista, con lo cual su amantísima madre lo apuntó a clases de fútbol (soccer, como lo llaman en Massachusetts) y los partidos se juegan durante todo el otoño los sábados a las 8 de la mañana. Resignada, paro el maldito despertador y me preparo el desayuno. Despierto a mi futbolista en potencia, y nos vamos al campo de fútbol, para delicia de los pequeños, que no de los padres. Como me estoy americanizando a marchas forzadas, éste sábado he llegado al campo equipada con todo el material necesario, orgullosa de que mi retoño se vaya de mi lado para jugar un partido de maldito fútbol. Ay, perdón. Aquí describo mi atu...

Puertas y gritos

Uno de mis trabajos consiste en recoger y llevar a mis hijos a sus actividades extraescolares, que no son pocas. Ahora uno, ahora el otro, mis hijos suben y bajan del asiento trasero de mi coche cuando llegan o nos vamos de sus lugares de práctica deportiva o artística, o ambas.  Como madre, ser la taxista de mis hijos durante toda la tarde es una de mis actividades preferidas. Es broma. Evidentemente. Habida cuenta que odio conducir, si le sumo la conducción en hora punta, donde me quedo encallada en todos los semáforos; le añado el hecho de que uno mis hijos tiene alguna actividad justo después de cole, en sitios extraordinariamente lejos del colegio, con lo cual es prácticamente imposible llegar a tiempo si no se alinean los astros; y termino en que, a la misma hora, uno debe empezar una actividad en la otra punta del pueblo dónde el otro está acabando la suya, con lo cual debo decidir si el que está a punto de terminar, finalice antes de tiempo, o el que debe empezar llegue ...

Ida y vuelta

Preparar las maletas volar cruzando el océano estamos en casa, de vacaciones. Amigos, risas y comida playa, sol y siesta família, abrazos y te quieros juegos, paseos y nostalgia. Calamares a la andaluza patatas bravas  mejillones al vapor rape a la plancha. Cerveza bien fría vino blanco de l'Empordà vino tinto de Ribera del Duero un poco de agua por favor. Vistas prodigiosas delante del mar Asombrosas puestas de sol pensamientos para los que no están y susurros con confidencias. Niños que crecen rápido mayores que encogemos más cuerpos esculturales en la playa y yo que prefiero no mirarme. Suspiro contemplando el mar preparar maletas volar cruzando el océano de vuelta a casa.

La guerra de los pelos grises. El nudo

Después de mi decisión de no teñirme el pelo canoso, lo puse en conocimiento de mi família, la que habita en mi casa y la que habita en la tablet via Skype. Y aquí empezaron las crudas batallas que debía librar en todos los frentes: - Mis hijos me dijeron que mi cabello blanco me hacía más viejecita (y eso que desde siempre ya me dicen que soy vieja, pues añadieron un grado más; - mi marido no me dijo nada oralmente, pero su mirada me contó que él prefería que me tiñese el cabello; - mi madre fue la que usó más armas para librar su batalla particular en contra de mis debilitados pelos blancuchos, usó el chantaje emocional a través de los siguientes argumentos: 1. Nena, así el pelo no te queda bien 2. Parece que ya no te guste ser presumida 3. Parece como que te dejes de cuidar 4. Tus sobrinitas me dicen que la tiíta está más guapa con el pelo teñido 5. Tu hermana dice que no es propio de ti dejarse el pelo blanco 6. Cuando venga a veros iremos a la peluquería 7. Un...