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Mostrando las entradas etiquetadas como New England

Blanca Navidad

Por la radio, escuchaba una canción, dónde la cantante deseaba que sus navidades fuesen blancas. No he podido evitar sonreír. Seguro segurísimo que ningún habitante de Massachusetts ha escrito esta canción. Seguro que la cantante es de california y, vestida con bañador, tumbada en una toalla mientras el astro sol la seca después de un chapuzón, ha tenido la salvaje idea de pedir navidades blancas. Aquí, en Massachusetts, el paisaje de invierno acostumbra a ser tan blanco nuclear, que lo raro sería que las navidades no fuesen blancas. Durante las primeras nieves, mi família, que vive al otro lado del océano, en un lugar donde la nieve es tan extraordinaria como para la chiquilla en bañador de la susodicha canción, mi família me pide que les muestre el paisaje. Así lo hago, mientras puedo ver sus caras de asombro y sus voces exclamando maravilladas lo bonito que es el entorno. Si, es verdad. Contemplar la nieve caer es precioso. De verdad. Ver cómo se posa en todas los recondijo...

I love your shoes

Era hace tiempo ya. Acabábamos de aterrizar en tierras americanas, y paseábamos medio despistados por las calles de una pequeña gran ciudad. De pronto, una mujer que también circulaba por la calle, pero en sentido contrario a nosotros, me mira a la cara, sonriente, y me dice: I like your shoes! Yo no supe qué contestarle y continué transitando por la calle. Pero para mis adentros pensé que qué quería esa mujer, porqué se dirigía a mi sin conocerme, y cómo osaba criticar, aunque fuera positivamente, alguna pieza de mi vestuario. Como el tiempo todo lo pone en su lugar, he aprendido a familiarizarme con este tipo de expresiones espontáneas. Una sonrisa mientras cruzo la calle, o un saludo cuando camino por unos de los pasillos de mi lugar de trabajo. Sin conocernos de nada. Siendo la primera vez que intercambiamos miradas. Una alusión positiva del día, del tiempo, del jersey que llevo puesto, o de los pendientes que he estrenado.  Los americanos son amables, afables diría yo...

Sonido de casa

Estoy en Massachusetts. Por la calle escucho inglés, principalmente. Estoy acostumbrada a ello, evidentemente. Lo tengo asimilado. Pero a veces, cuando escucho hablar mi idioma, no puedo dejar de saludar a quién lo está hablando. Porque estoy en Massachusetts. Y las oportunidades de hablarlo son escasas. Así que me acerco a ese desconocido o desconocida, y al cabo de un momento, ya somos menos desconocidos y más familiares. Y nos contamos la vida en un periquete, como si tuviésemos mucha prisa por hablar sobre nuestra experiencia, a quién quiera escucharla en nuestro idioma. Y nos conocemos de oído a la familia del otro, y nos pasamos los números de teléfono, para poder contactar en caso necesario, o simplemente por si nos apetece.  Si, es un ejercicio que me llena de alegría y de añoranza. Me encanta saber que ese ya no desconocido comparte sensaciones, que sabe cómo degustar un buen rape, que conoce el pequeño pueblo de dónde provengo. Y pregunto. Más preguntas. Sin cesar. P...

Necesidades encontradas

¿Qué necesitamos para ser felices? En Estados Unidos, como en gran parte del mundo que funciona mediante el consumismo, nos parece que seremos más felices si compramos muchas cosas bonitas. Muchas. Muchísimas. ¿Y en qué lugar puedes encontrar las preciosidades que, una vez en tu casa, no lucirán tan bonitas como pensabas?  Pues en Home Goods. La primera vez que pisé este macro espacio que destila romanticismo, buen gusto, necesidades primordiales encontradas y precios demasiado baratos par ser verdad, me quedé con la boca abierta. He sido una visitante asidua de este espacio, paseándome entre las estanterías cargadas de delicatessen italianas, jarrones de cristal polacos, platos portugueses y mantelería fabricada en China. Si, puedo encontrar de todo para decorar mi casa. Puedo incluso ornamentarla sin que se resienta estrepitosamente la cuenta corriente. Puedo llenarla y rellenarla de cosas preciosas. Pero, a veces, después de colocar un jarrón en aquél espacio vacío,...

Zapatos

Si existiese un juego con el cual adivinar la época del año según los zapatos que lleva la gente, en Massachusetts se fallaría estripitosamente. He visto gente con chancletas (lo que aquí se llama flip-flops) caminando por la nieve, he comprobado como gran cantidad de gente se persona en el supermercado con las zapatillas de andar por casa, he asumido que los zapatos de tacón son peligrosos en cualquier época del año, y he admirado unas botas altas que no sabría clasificar para ninguna época. Hoy estamos en primavera, o mejor dicho, en lo que debería ser primavera, pero que en realidad son unas semanas frías con algún día caluroso intercalado. Dirigiéndome al trabajo, he podido ver una chica con zapatillas de andar por casa, una mujer muy mayor con deportivas, una joven esbelta con unas botas interminables, una mujer con botas de piel de borrego, un chico con chancletas y yo misma, con merceditas. El primer ño que pasé aquí, después de uno de los peores inviernos que recuerdan la ...

Sin palabras

Primavera en Massachusetts

Los tacones no son para Massachusetts

Definitivamente. Decididamente. Los tacones no tienen cabida en estas tierras nevadas y heladas.   Recuerdo una de las últimas veces que calcé unos tacones de vértigo, más de un año atrás. Unos amigos nos habían invitado a cenar a su casa, y yo, muy pizpireta, me había enfundado en un vestido ajustado que marcaba mis michelines protuberantes de forma elegante, y me había calzado unos zapatos negros de charol de tacón demasiado alto, por eso de que así se me estilizaba la figura. Craso error, por supuesto. acostumbrada como estoy a usar zapatillas de deporte o botas, los tacones se entrometían en mi bienestar físico y psíquico. Mi bienestar físico peligraba, puesto que ya del coche a la puerta de entrada de la casa de nuestros amigos, mis andares no eran precisamente aprincesados. Más bien parecía un pato mareado. Y mi bienestar psíquico peligraba, puesto que mi incomodidad física evitaba que pasase un buen rato de pie, ya que mi cerebro se quejaba contínuamente a mis pierna...

Los paraguas son para el verano

Vivo en Massachusetts. Es primavera. No llueve. Las flores empiezan a salir y los árboles se tiñen de todos los colores.  Paseo por la calle. El sol se muestra para taparse a los cinco minutos, para volver a salir a los diez minutos.  Llueve. Al cabo de cinco minutos ya no llueve.  Una mujer camina en dirección contraria a la mía, con lo cual nos vamos acercando. Nos sonreímos, ¡Que pase un buen día! Vivo en Massachusetts. Es verano. No llueve. El calor aprieta. Paseo por la calle. El sol se muestra en todo su esplendor, el cielo es azul, los pájaros cantan, los árboles están cubiertos de un verde intenso y la gente pasea por las calles con zapatillas de playa. Una mujer camina en dirección contraria a la mía, con lo cual nos vamos acercando. Observo que lleva un paraguas para cubrirse del astro sol, ese astro que nos da la vida y mira tú por donde, ahora se nos dice que hay estudios indicando que sus rayos son perniciosos. Vivo en Mas...

De cintura para abajo

Érase una vez que el Dios Papakinmalkefa, tranquilamente sentado en una espléndida nube de colores rojizos, estaba mirando hacia abajo, contemplando a los habitantes de New England. Era invierno, y por aquellos lares, el frío y el viento se aliaban con fuerza para azotar a los pobres hombres y mujeres que ocupaban aquél lugar. El Dios Papakinmalkefa se compadeció de ellos, y decidió fabricar una crema con la que embadurnarse el cuerpo y así no notar el frío de temperaturas negativas, llegado el invierno. El Dios fabricó la crema y cogió al azar a uno de los habitantes de New England, a quién trasladó volando hasta su nube. El asombrado visitante, antes de abrir la boca, escuchó lo que Papakinmalkefa le dijo: - Hola, humano. Soy el Dios Papakinmalkefa. He comprobado que en vuestras tierras el frío apremia, y me he compadecido de vosotros. He preparado este ungüento para que te embadurnes todo el cuerpo. Así, de este modo, tu y tus descendientes nunca más notaréis el frío. El pobre ...

De alemanes y tal, Oktoberfest

En septiembre, en un pequeño pueblo de Massachusetts, fuimos a la Oktoberfest, invitados por una amiga argentina de raíces judías. Si. Repito. En septiembre (no en octubre), en un pequeño pueblo de Massachusetts (un pueblo de un estado americano de los Estados Unidos) fuimos a la Oktoberfest (una fiesta tradicional alemana que traducida debe ser la fiesta del otoño), invitados por una amiga argentina de raíces judías (o sea, que en su DNA no aparece la raza germana ni por casualidad).  Nadie hablaba alemán, o al menos nadie que yo escuchara lo hablaba. Pero la cerveza en grandes vasos y las kartoffen en grandes platos pululaban en las manos de casi todos los allí presentes. Muchas de las mujeres, mi menda incluída, se hizo unas trenzas y se compró una diadema de flores artificiales. Y así, ni cortos ni perezosos, un montón de americanos y demás orígenes (muy pocos de los cúales parecían eslavos), nos reunimos en un acampado para celebrar una fiesta de la que no conocíamos los oríg...

Genética mejorada

Me encanta comprobar la teoría de la evolución en mis propias venas. Me complace ver como mis retoños me superan en gran cantidad de temas. Sin ir más lejos, a mi me apasiona leer. Mucho. Recuerdo que mis padres me reñían porqué me encontraban leyendo en cualquier rincón de casa, obviando los quehaceres domésticos. Pero tenía un talón de Aquiles: cuando me subía a un coche, no podía leer una línea de un libro sin marearme. Mucho. Ya sin la lectura, mis viajes en coche eran un martirio, vomitaba si eran largos (entiéndase por largos más de una hora y media de trayecto), con lo cual, siempre que probaba de leer, mis trayectos eran infernales. Pasé mi infancia y adolescencia con trayectos en coche mareada, con la ventanilla abierta para que el aire me refrescase mi mente enturbiada. Y sin poder leer una línea del libro que en aquellos momentos ocupaba mi actividad cerebral.  A mis hijos les apasiona leer. Mucho. Y con la mejora genética, puedo asegurar y aseguro que son capaces d...

Puertas y gritos

Uno de mis trabajos consiste en recoger y llevar a mis hijos a sus actividades extraescolares, que no son pocas. Ahora uno, ahora el otro, mis hijos suben y bajan del asiento trasero de mi coche cuando llegan o nos vamos de sus lugares de práctica deportiva o artística, o ambas.  Como madre, ser la taxista de mis hijos durante toda la tarde es una de mis actividades preferidas. Es broma. Evidentemente. Habida cuenta que odio conducir, si le sumo la conducción en hora punta, donde me quedo encallada en todos los semáforos; le añado el hecho de que uno mis hijos tiene alguna actividad justo después de cole, en sitios extraordinariamente lejos del colegio, con lo cual es prácticamente imposible llegar a tiempo si no se alinean los astros; y termino en que, a la misma hora, uno debe empezar una actividad en la otra punta del pueblo dónde el otro está acabando la suya, con lo cual debo decidir si el que está a punto de terminar, finalice antes de tiempo, o el que debe empezar llegue ...

Me llamo Olivia

No. No me llamo Olivia. O quizás si. Me llamo Roser. Mis padres me pusieron este nombre en honor a mi abuela, que ostentaba el mismo. Roser, que se pronuncia ruzé, más o menos, oséase, que es impronunciable en tierras americanas e incluso más allá. La primera vez que pisé un Starbucks y la dependienta me preguntó mi nombre para estamparlo en el que sería mi vaso, tuve que repetir el nombre tres veces, luego deletrearlo y finalmente deletrearlo a velocidad reducida. Mi amor por mi nombre, el nombre que me ha visto nacer, crecer y madurar, hizo que lo pronunciase con infinita paciencia cada vez que entraba en el Starbucks a pedir mi dosis de cafeína, pero llegó un día en que decidí simplificar. Aquel día, cuando el dependiente me preguntó mi nombre, le contesté, sin pensármelo demasiado: "María". Sí. Y lo entendió a la primera. Con lo cual, para simplificar mi vida y la de mis congéneres, cuando alguien me pregunta el nombre, y sé que este alguien es una persona que ...

Superpoder

Tengo muchas amigas con superpoderes. Una de mis mejores amigas, cose cualquier tipo de tela y la puede transformar en buffs, bolsas de playa, estuches de lápices, marcadores de libros. Otra de mis amigas, es una apasionada de la cocina y enseña con paciencia infinita a que su peque mezcle los huevos con la harina para fabricar algo comestible. Otra amiga, transmite la pasión por la naturaleza a sus hijos, y sus acampadas en la montaña son espectacularmente bonitas. Mi superpoder es el de estar en dos sitios a la vez. ¿Que cómo lo hago? ¿Teletransportación?¿Paro del tiempo? Bueno, casi casi, aunque a veces no sé ni dónde me encuentro. Mis hijos han desarrollado, por suerte, aficiones distintas el uno del otro, con lo cual sus actividades extraescolares no coinciden ni en espacio ni en tiempo. Pero, eso si, coinciden en día. Los días de las dos aficiones, su madre amantísima, oséase mi menda, debe c onducir su utilitario, cargado con el hijo mayor y su habituallamiento deportivo ha...

La calma antes de la tormenta

La gente de Massachusetts está siempre informada sobre las inclemencias del tiempo de su zona. La gente de Massachusetts está acostumbrada a estados meteorológicos muy cambiantes, con lo cual, les guste o no, quieran o no quieran, escuchan a las autoridades y a los meteorólogos en todos los medios de comunicación, que informan a destajo sobre la próxima tormenta que se avecina. Esta situación es mucho más evidente durante los meses de invierno que los de verano, por razones obvias. Parece como si en la costa norte-este de los Estados Unidos, las estaciones tardasen en llegar. El invierno de verdad llega en Navidades, normalmente, y la primavera de verdad llega a veces en junio y no antes, por lo menos en lo que a temperaturas se refiere. Y los habitantes de Massachusetts escuchamos impávidos cómo los hombres y mujeres del tiempo anuncian una u otra tormenta, porqué en función de lo grave de ésta, afectará a nuestros quehaceres cotidianos.  Este año, sin ir más lejos, los niños s...

Pronunciando lo mismo

A simple vista, puedo identificar perfectamente un pato de un perro, un perro de un embarcadero y un embarcadero de un doctor. Incluso en fotos, creo que acertaré a primera vista la diferencia entre un médico y un pato, aunque los dos lleven vestido blanco. Pero si me hablan de uno o de otro, sin ninguna pista, me cuesta diferenciarlos. Y cuando se trata de pronunciar el nombre, esta tarea para mi es harto imposible. Duck (pato) Dog (perro) Dock (embarcadero) Doc (doctor) Parece fácil, ¿verdad? Pues para mi es imposible pronunciar estos cuatro nombres con las diferencias sutiles y prácticamente imperceptibles a como los pronuncian mis hijos, que están creciendo en un ambiente eminentemente americano. Primero hago que ellos me pronuncien los nombres. Cuando ellos comprueban que su madre intenta imitar los sonidos y no lo consigue, me intentan enseñar la pronunciación hablando a cámara lenta. Pero ni así. Y creo que es porqué yo no tengo interiorizado estas diferencias en ...

Sin vergüenza

Lo he visto en múltiples ocasiones. Y no deja de impresionarme cada vez que lo veo. Pero cada vez me gusta más y me siento mejor observándolo. El fenómeno de la sin vergüenza que impera, como mínimo, en Massachusetts.  Gente mayor, adulta, vestida por la calle de cualquier manera. Jóvenes en pijama y cubiertos con plumones para ir a la compra. Y no pasa nada. Nadie se gira por la calle viendo a gente muy bien arreglada o muy mal arreglada. Nadie cuchichea lo bien o mal vestidos que van funganito o manganito. Y me encanta esta sensación de libertad que me permite expresarme vistiendo ropa deportiva siempre que no estoy trabajando. Me encanta ir a caminar con ropa deportiva, quedar con una amiga vistiendo ropa deportiva, ir de compras con ropa deportiva. Sin maquillaje. Sin tacones. El zénit del fenómeno sin vergüenza lo pude vivir en una competición de un trabajo de la escuela donde asistimos porque mi hijo mayor participaba. En esa competición, que duró un día entero, los mayore...

Mamá gilipollas

He decidido basarme en la ciencia para intentar entender a mis hijos. Aparte del prueba-error que ya tantas veces he probado en mi vida y con el cual he obtenido errores inmejorables, ahora estoy probando diferentes teorías a través de hipótesis bien argumentadas. Uno de mis últimos trabajos científicos es el siguiente: Título: Los amigos de mi hijo Cada día, al recoger a mis pequeños en la parada del autobús, les formulo la misma pregunta: ¿Qué habéis hecho en el cole hoy? Sus respuestas, cada día, son una de las siguientes, o con suerte las dos juntas: - No lo sé; - No me acuerdo. Muchas pistas para generar hipótesis no me dan, con lo cual yo continúo insistiendo, por eso de averiguar qué hacen mis hijos cuando se separan de mi. Formulo, pues, la siguiente pregunta: ¿Quieres que organice una playdate  con alguno de tus amigos? ( playdate , oséase que un niño amigo de tu hijo venga a tu casa dos horas, corran, salten, jueguen al Minecraft y uno de sus progenit...

Demasiada educación

Mi jornada laboral empieza a las nueve de la mañana y normalmente, para conducir en un trayecto en el que tardaría veinte minutos sin tráfico, estoy sentada en el coche mirando las musarañas más de hora y cuarto. Aburridísimo y estresante a la vez. Si estuviese en la casa patria, estas colas largas acarrearían consigo un sinfín de bocinazos, improperios que salen de la boca de los apasionados conductores, ya sea con las ventanillas abiertas o cerradas y frenazos al último segundo. Pero no, no estoy en la tierra patria, estoy en Massachusetts, tierra de la buena educación y las mejores maneras, con lo cual, colas quilométricas se traducen en un sinfín de pacientes conductores que llegan todos tarde al trabajo pero que aún tienen tiempo para: - dejar pasar un coche que espera entrar en el carril principal, el carril dónde estás tu atascado - dejar pasar el coche que tienes en sentido opuesto y que desea girar a tu derecha, sin que éste tenga ninguna preferencia - dejar pasar tra...

I love you to the moon and back

A los americanos les encantan las frases chulas, ya sean por su positivismo, su sarcasmo, o su sarcasmo positivo. Tienen un montón de frases esparcidas por doquier, en forma de cuadros, de posapapeles, de camisetas, de tazas de café, de cajas... Al pasear por Marshals, HomeGoods o TJMaxx, megatiendas por ontonomasia que tienen infinidad de cosas innecesarias pero tan apetecibles por precio, color y forma que estás casi obligado a comprarlas, no puedo por menos que sonreír al leer estas frases, escritas en una gran variedad de sus artículos. Mi frase preferida de todas es I LOVE YOU TO THE MOON AND BACK Que traducida literalmente es TE QUIERO HASTA LA LUNA Y DE VUELTA, aunque a mi me gusta traducirla como TE QUIERO HASTA EL INFINITO. El origen de esta frase es un cuento infantil, donde una mamá conejo y su hijo conejito se cuentan lo mucho que se quieren. La frase con la que expresan la cantidad de amor más grande que uno puede tener es I LOVE YOU TO THE MOON AND BACK....