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Mostrando las entradas etiquetadas como nieve

La creación de Billy

Ha nevado.  Todo mi entorno es blanco. Blanco nuclear.  Los árboles cubiertos de nieve, el suelo cubierto de nieve, las casas cubiertas de nieve. Las máquinas quitanieve pasan muy de vez en cuando por nuestra pequeña calle.  ¡Vamos a fabricar un muñeco de nieve! Nos vestimos para la ocasión: Nos ponemos ropa cómoda, y la cubrimos con: -pantalones de nieve, -anorac, -buff, -gorro, -guantes, -botas, (mis pequeños añaden gafas de esquiar, puesto que saben que la fabricación del muñeco llevará irremediablemente a una guerra de bolas de nieve). Así vestidos, como si de un muñeco Michelin gigantesco se tratara, salimos a la calle sin poder doblar excesivamente nuestras articulaciones.  Empiezo a recoger nieve de mi alrededor, y sólo consigo una masa uniforme que me cuesta trabajo agrandar. "¡No, mamá, así no!" Me corrige mi pequeño. "Tienes que hacer una pequeña bola de nieve, y luego hacerla rodar por el suelo." ¡Y este renacuajo qué ...

Blanca Navidad

Por la radio, escuchaba una canción, dónde la cantante deseaba que sus navidades fuesen blancas. No he podido evitar sonreír. Seguro segurísimo que ningún habitante de Massachusetts ha escrito esta canción. Seguro que la cantante es de california y, vestida con bañador, tumbada en una toalla mientras el astro sol la seca después de un chapuzón, ha tenido la salvaje idea de pedir navidades blancas. Aquí, en Massachusetts, el paisaje de invierno acostumbra a ser tan blanco nuclear, que lo raro sería que las navidades no fuesen blancas. Durante las primeras nieves, mi família, que vive al otro lado del océano, en un lugar donde la nieve es tan extraordinaria como para la chiquilla en bañador de la susodicha canción, mi família me pide que les muestre el paisaje. Así lo hago, mientras puedo ver sus caras de asombro y sus voces exclamando maravilladas lo bonito que es el entorno. Si, es verdad. Contemplar la nieve caer es precioso. De verdad. Ver cómo se posa en todas los recondijo...

bibliotecas y ferias de libros

Al principio de vivir en Massachusetts, vivíamos en Newton, un pueblecito (o mejor dicho, una vasta extensión de terreno repleta de casitas de sueño americano con termitas incorporadas). En aquella época, mis hijos y yo nos apuntamos como miembros de la biblioteca pública de la localidad, y con el carnet podíamos sacar de la biblioteca una enorme cantidad de libros, para devolverlos al cabo de unas dos semanas. En aquella época, tuvimos en casa muchos libros prestados, y cuando yo recibía un correo electrónico de la biblioteca, recordándome amablemente su devolución, yo me volvía loca por encontrar los susodichos libros susceptibles de devolución debajo del sofá, o escondidos entre las sábanas. También en aquella época, los niños y yo acudíamos a la biblioteca para ver una película bastante actual y totalmente gratuita, o a contemplar obras de arte de artistas locales que nunca captaron mi alma ni mucho menos mi monedero, o a comprar libros viejos por menos de un dólar cada uno, o par...

La calma antes de la tormenta

La gente de Massachusetts está siempre informada sobre las inclemencias del tiempo de su zona. La gente de Massachusetts está acostumbrada a estados meteorológicos muy cambiantes, con lo cual, les guste o no, quieran o no quieran, escuchan a las autoridades y a los meteorólogos en todos los medios de comunicación, que informan a destajo sobre la próxima tormenta que se avecina. Esta situación es mucho más evidente durante los meses de invierno que los de verano, por razones obvias. Parece como si en la costa norte-este de los Estados Unidos, las estaciones tardasen en llegar. El invierno de verdad llega en Navidades, normalmente, y la primavera de verdad llega a veces en junio y no antes, por lo menos en lo que a temperaturas se refiere. Y los habitantes de Massachusetts escuchamos impávidos cómo los hombres y mujeres del tiempo anuncian una u otra tormenta, porqué en función de lo grave de ésta, afectará a nuestros quehaceres cotidianos.  Este año, sin ir más lejos, los niños s...

Celebraciones indiscretas

Ayer vino a casa uno de los amigos de mi hijo mayor, para una playdate. Es decir, básicamente la mamá del amigo te lo entrega un par de horas, y transcurrido ese tiempo, la mamá del amigo viene a recogerlo. Con lo cual, intercambio con esa mujer un hola y un gracias cuando llega el niño, y un adiós y gracias cuando se va. Todo muy cordial y con grandes sonrisas. Durante el tiempo que el niño-amigo está en casa, los niños (propios y extraños), juegan y comen. Ayer se interesaron por el fusball, lo que yo de pequeña llamaba popularmente futbolín. Como les faltaba un jugador, me apunté.  En el equipo blanco, jugaban mi hijo pequeño y el amigo. En el equipo negro, jugábamos mi hijo mayor y yo.  Empieza el juego y la pelota va rodando entre los jugadores de plástico, mientras nuestras manos intentan dirigir a nuestras piezas. El equipo blanco marca un gol. Pelota en juego otra vez, y nos marcan otro gol. Y a la tercera, marco yo un gol. Me alegro como si hubiera ganado la ...

Estrechando relaciones

En invierno, todo en Massachusetts parece más cercano, más familiar. Como el frio es intenso, nieva dia si dia también, hay tormentas de nieve por doquier y el gobernador sale por la tele aconsejando no salir de casa durante las susodichas tormentas, el ambiente familiar dentro de las cuatro paredes de la casa es obligado. Eso de discutir y largarte de casa pegando un portazo para dar una vuelta en coche no es factible en los meses de invierno, ya sea porque el frío te hiela los mocos justo en el momento de cerrar la puerta, ya sea porque la cantidad de nieve acumulada delante de la puerta del garage impide poder sacar el coche. O sea, que las familias están bien avenidas, obligadas o no.  Cuando las tormentas de nieve han acabado, dejando atrás unos paisajes blancos increíblemente maravillosos y la gente puede regresar a sus tareas cotidianas, como ir al trabajo, a la escuela o a pintarse las uñas, empieza la estrecha comunicación en las calles de Boston y alrededores. Calles...

Mocos transoceánicos

Volvemos a casa (en Boston), después de nuestras vacaciones en casa (Barcelona). Si, vamos de casa a casa. En Boston tenemos nuestra vida actual, con amigos nuevos, compañeros de trabajo y de colegio y en Barcelona tenemos nuestra familia y los amigos de siempre. De casa a casa y tiro porque me toca. El viaje de vuelta no es ningún regalo. No hay vuelo directo entre Barcelona y Boston y esta vez hemos pasado por Munich por eso de alargar un poco más la jornada, para cerciorarnos que estamos muy pero que muy lejos de casa. En un momento dado, ya en el segundo avión del día, el que nos transportaba hacia nuestro destino final, se ha escuchado el silencio. La mayoría de gente llevaba puestos los auriculares para escuchar la película de turno escogida, otros intentaban dormir utilizando posturas que seguro les han desencajado alguna vértebra y otros nos levantábamos para ir al... baño! Y el silencio se ha roto al escucharse el estornudo de un bebé. Pobrecito. Al segundo, otro estornu...

Apoltronados

¿Cual es el mejor espacio para ver una película? Hay quien puede pensar que es un cine de los de barrio, con sus sillas viejas pero entrañables, con los ruidos de las abuelitas detrás que no quieren entender el argumento, y con ese olor a humedad y polvo que enturbia la pantalla y que gusta por lo vintage que puede quedar. Otros pueden pensar que es el sillón o el sofá de su casa, medio tumbados medio sentados, al lado de sus seres queridos disfrutando de la pantalla plana de nueva generación. Pero yo sé la verdad. De la buena. La absoluta. El mejor lugar para ver una película son los cines (Theaters) en los que puedes cenar mirando embelesado la pantalla. Atención, no debe perderse ni un detalle: - al entrar enseñas tu móbil al chico de la puerta que te escaneará el código de barras indicando que has comprado la entrada por internet; - luego te diriges al mostrador para pedir un poquitín de comida: 1. Bebida refrescante talla enorme 2. Pizza, hot dog o variedad de com...

Cuestión de fe

Mi café con leche me impidió entrar a observar el interior de la catedral de Saint Patrick, en la quinta avenida de New York, con lo cual decidí esperar tranquilamente a mi familia apoyada en una de las paredes de la entrada del templo, mientras sorbía tranquilamente el interior de mi vaso de papel. Me encanta observar a la gente anónima, así pues pasé un rato agradable viendo a la pareja asiática con una enorme bolsa de Louis Vuitton que salía de Saint Patricks cogidos de la mano; a la chica de dieciocho años que cuchicheaba cosas muy muy serias a su madre; a la mujer que no paraba de curiosear su teléfono sin darse cuenta de la belleza que había a su alrededor; al hombre con tesón aburrido mientras no paraba de echar la vista atrás, para comprobar que sus familiares le seguían. Y entre esa multitud, ELLA apareció de repente. Iba cargada con muchas bolsas de plástico, que asía frenéticamente a lado y lado de su cuerpo delgado y débil. Su vestimenta era oscura, por no decir comple...

Animales en observación

Vivo en uno de los suburbios de Boston. En una de esas calles repletas de casitas con jardín, de vecinos que se saludan con la mano pero que no intiman, de buzones plantados en el césped y que parecen una casita para pequeños animalitos. Dicho lo cual, evidentemente es indispensable el uso de un automóbil para ir a cualquier sitio. Por la mañana, muy tempranito, conduzco mi coche para dirigirme a mi lugar de trabajo. Paso entre hileras interminables de árboles que me saludan con sus ramas repletas de hojas verdes. Circulo por calles curvadas que desembocan en más calles repletas de meandros. Entro dentro de pueblos que están despertando al nuevo día. Y observo a la fauna humana que conforma mi espacio particular, a lado y lado de la carretera: - Animal en observación número 1: El paseador de perros. Dícese de un hombre que pasea dos o tres o cuatro perros a la vez. Oficio muy preciado, puesto que mucha gente tiene un perro en su casa y toda esta gente trabaja todo el día d...

Tipos de invierno

He descubierto que existen muchos tipos de inviernos. Cuando era muy pequeñita, allá por el siglo pasado, yo pensaba que sólo existía una clase de invierno. Lo describo así: Invierno de pequeñita En mi tierra patria, en el rincón de mundo donde yo vivía con mi família, los inviernos eran duros. Frío, mucho frío. Las chaquetas no eran las que ahora se usan, sino que para protegernos del frío usábamos unas chaquetas peludas de piel de borrego que pesaban cantidad. Pantalones de franela, guantes y bufanda nos protegían de un frío al que ya estábamos acostumbrados. Además, había un aliciente adicional a nuestro frío: nuestra querida niebla. Una niebla que se metía por todos los rincones de nuestro pueblo y que lo distinguía del resto de pueblos de la zona. Una niebla que convertía tu paisaje en gris y que se metía poco a poco dentro del alma. Una niebla que se convertía en tu confidente, en tu compañera y en tu amiga. Porque con la niebla en tu camino, nadie podía ver más allá ...

Frío

Ropa interior. Camiseta. Pantalones. Jersey. Calcetines gruesos. Botas. Guantes. Chaqueta que te cubra hasta debajo de la rodilla. Gorro. Gorro. Elemento indispensable para que no se enfríe la cabeza y no se congelen las ideas. Con eso, vamos preparados para el invierno. Y con eso, vamos preparados para cuando el frío apremia, pero solo para cubrir el corto trayecto desde el edificio donde estás hasta donde tienes aparcado el coche. Si, porque el frío intenso, este frío que llega a -25 ºC y que con viento acoplado te sume en una sensación de frío infinito, puede helarte las manos en cuestión de segundos. Este frío mantiene el rio y los lagos helados, convierte la nieve en rocas de hielo y traslada gran parte de tu flujo sanguíneo en la nariz, para que parezcas el reno de Santa a la hora de empujar el trineo de la felicidad. Massachusetts es sinónimo de invierno frío. Massachusetts es sinónimo de calor de hogar. Por obligación aunque se vuelva devoción. ...

Hola, ¿Cómo estás?

En la casa patria, se saluda del siguiente modo en la calle: 1. PERSONA CONOCIDA DE TODA LA VIDA CON LA QUE HAS TENIDO POCO TRATO Yo: "Adiós". Ella: "Adiós". Y punto. Un atisbo de sonrisa asoma en tu boca, por eso de quedar bien. Nadie se ha parado a conversar, las dos hemos continuado nuestro camino en direcciones opuestas. Al cabo de un segundo, tu mente ya no recuerda a quién has saludado o piensa en que quizá esa persona era la prima del hermano de la tía que se casó con José y que la dejó por una mucho más joven. 2. PERSONA DESCONOCIDA Las dos nos cruzamos por la calle. Nadie mira a nadie. Continuamos impasibles nuestros caminos, sin prestar atención la una a la otra. 3. PERSONA CONOCIDA, AMIGA O PARIENTE Yo: "¡Hola!¿Cómo estás?" Ella: "¡Cuanto tiempo, qué alegría!" Las dos nos acercamos y nos damos un beso de mentirijilla en cada mejilla (Básicamente damos besos al aire). Depende de si el individuo en cuestión n...

Conduciendo dentro de la tormenta de nieve

De acuerdo. Respiro fuerte. Vuelvo a respirar fuerte. Llave en el contacto. Enciendo el motor y abro la puerta del garage. Marcha atrás, lentamente, poco a poco. La nieve empieza a impregnar las ruedas traseras del coche. Ruido. La nieve impregna también las ruedas delanteras. El ruido continua y el coche parece que sube y baja pequeños montículos que se habían depositado plácidamente delante de la salida antes de que yo los molestara. Respiro fuerte. Respiro otro vez. Soplo. ¡Vamos allá! Conduzco a una velocidad propia de los caracoles para salir a la calle. Freno cada metro, para comprobar los frenos en el suelo nevado y para comprobar si mi mente está preparada para la prueba.  Los frenos funcionan. Mis nervios también.  Intermitente a la derecha aunque no me atrevo a salir hasta que no veo ningún otro coche a dos millas de distancia. Salgo a la calle. ¡Primer paso conseguido! Pongo música para intentar relajarme. Los primeros metros han sido relativamente fáciles ...

Voluntariado

Somos muchas las que nos liamos la manta a la cabeza y seguimos a nuestros maridos cruzando mares y montañas. Somos muchas las que, una vez el marido está ya en el trabajo, los niños en el cole y las habitaciones de la nueva casa con todos los detallitos posibles, nos preguntamos: ¿Y ahora qué hago yo con mi vida? En Massachusetts hay un sinfín de posibilidades. Al principio parece que el abanico es infinito, pero vas encontrando limitaciones tales como: - limitación económica: estudiar un curso en una universidad o un college es carísimo; - limitación geográfica: el punto A (donde vives) dista mucho del punto B (donde quieres desenvolupar tu nueva andadura americana); - limitación temporal: tus niños tienen unos horarios bastante difíciles de compaginar con una jornada completa; - limitación americana: sin experiencia americana, es difícil que tu experiencia conseguida en otra parte del mundo (o sea, la que no se llama norteamericana), te sirva de algo; - limitaci...