Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como abuelos

Rojo que te quiero rojo

Navidad. Cenas de empresa, comidas con famílias propias y de compañeros... todos bien arregladitos para disfrutar sin las presiones del trabajo. Mis hijos incluso se han vestido (obligados bajo amenaza de quedarse un buen rato sin sus malditos aparatos electrónicos) sin sus camisetas y pantalones deportivos. Usan una camiseta que nos han hecho creer a pies juntillas que no es para nada deportiva, y unos tejanos, que son sus pantalones para las ocasiones más formales (¡ay, cuando pienso en mi infancia repleta de cuellos bordados, vestiditos de colores pálidos y un lazo en la cintura! Quizá por este motivo les permito su uso inadecuado de la definición de ropa de vestir). Las deportivas, pero, continúan envolviendo sus pies cada vez más enormes y de olor dudoso. En una de estas fiestas navideñas, arreglados para la ocasión, puedo observar que los más pequeños, niños y niñas entre uno y diez años, van ataviados con ropa de color rojo. Quedo embelesada observando a dos hermanitas, las...

Mis amigas raras

Al empezar un proceso de expatriación, tus amigos son inexistentes. Tienes contigo a tu família, pero debes fabricarte de zero una nueva socialización. Al principio, mis mejores amigos en Massachusetts, eran la secretaria del colegio de los niños, porque me saludaba cada mañana cuando los dejaba en el colegio, y el cobrador del supermercado, porqué me daba los buenos días cuando me tocaba pagar. Con el tiempo, mi círculo de amigos se volvió verdadero, y ahora puedo decir que tenemos un círculo social entrañable. Pero aquí viene lo raro, o, en cualquier caso, lo que nunca habría sucedido veinte años atrás: tengo amigas diferentes. MUY diferentes. Sí. Una de mis mejores amigas me acompaña cada día en el coche, arriba y abajo, para ir al trabajo o para hacer la compra. Otra amiga vive en mi casa, pero no nos ponemos de acuerdo en cómo se limpia el suelo. La tercera lo sabe todo. La que me acompaña en el coche se llama Ruth. Ruth me guía por los entresijos de Massachusetts, y ha conse...

Disfraces

En mi época infantil, allá por la era de los dinosaurios, en mi tierra no celebrábamos Halloween, si acaso el Carnaval, pero durante los meses de febrero o marzo. Mis disfraces fueron de india, princesa, señora de época o pastorcilla, si mal no recuerdo. Hoy en día, en Massachusetts, y más durante la celebración de Halloween el 31 de octubre, mis disfraces quedarían totalmente desfasados, y más para los niños casi adolescentes con los que tengo tratos últimamente. Por ejemplo, sin ir más lejos: - Una chiquilla adorable con cara de angelito que no ha roto un plato, me acerca el brazo para mostrarme, orgullosa, su última creación: usando vaselina, harina, grapas y pintalabios, se ha fabricado ella solita una corteza que se ha extendido en uno de sus brazos. Parece una extremidad de zombie tan real, que al verlo casi me desmayo y deben llamar a la ambulancia (que aquí, por cierto, es el 911). - un muchachillo se ha ensartado en un disfraz de Demogorgon, con lo cual parece que un ...

El día de la foto

Como todos los padres, madres o tutores americanos, recibo diariamente una cantidad exagerada (perdón, necesaria) de correos electrónicos de profesores donde me cuentan las próximas excursiones, del director de la escuela, quién me hace un resumen de las próximas fiestas planificadas, de las madres y padres que forman parte de la organización de la organización de padres y profesores que desean que pague la cuota de miembro a dicha comunidad, y de madres y padres que me piden por favor que compre cualquier tontería para sufragar los gastos de nuestros pequeños en la escuela.  ¡Arghhhhhh!¡Demasiado para mi mente! No puedo leer todos los correos electrónicos, con lo cual, los leo en diagonal (que, para mi, leer en diagonal es leer la primera línea y poco más).  O sea que, para mi humillación pública, me pierdo temas importantes que afectan a mis churumbeles.  Por exceso de información, sirva la paradoja. Este año, siguiendo la tónica del pasado, y el anterior, y el...

Sonido de casa

Estoy en Massachusetts. Por la calle escucho inglés, principalmente. Estoy acostumbrada a ello, evidentemente. Lo tengo asimilado. Pero a veces, cuando escucho hablar mi idioma, no puedo dejar de saludar a quién lo está hablando. Porque estoy en Massachusetts. Y las oportunidades de hablarlo son escasas. Así que me acerco a ese desconocido o desconocida, y al cabo de un momento, ya somos menos desconocidos y más familiares. Y nos contamos la vida en un periquete, como si tuviésemos mucha prisa por hablar sobre nuestra experiencia, a quién quiera escucharla en nuestro idioma. Y nos conocemos de oído a la familia del otro, y nos pasamos los números de teléfono, para poder contactar en caso necesario, o simplemente por si nos apetece.  Si, es un ejercicio que me llena de alegría y de añoranza. Me encanta saber que ese ya no desconocido comparte sensaciones, que sabe cómo degustar un buen rape, que conoce el pequeño pueblo de dónde provengo. Y pregunto. Más preguntas. Sin cesar. P...

A veces olvido

A veces olvido los placeres de mi tierra patria. Olvido que la gente pasea, de noche, por las calles que han sufrido el sol intenso durante el día. Olvido las fiestas del pueblo que invitan al jolgorio y a salir de una casa demasiado calurosa. A veces olvido que hay cine en la arena de la playa, o gospel en un escenario que albergará más tarde otros grupos con estilos diferentes. A veces casi no me acuerdo de los helados a medianoche, las risas en la calle, los bocadillos a orillas del mar. Y regreso a casa de vacaciones, y los sabores y los olores me vuelven a la memoria, y disfruto paseando con mi hermana y nuestros churumbeles, por unas calles abarrotadas de gente que precisa de alegría, y que acude sin falta a los eventos especiales de su ciudad.  A veces olvido que mi familia vive lejos de mi. Pero que cuando regreso, todo sigue igual como lo había dejado, y mis amigos de toda la vida continúan siendo mis amigos de toda la vida, y nuestras conversaciones son tan divertida...

Los tiempos de la banda

Junio. Tiempo para descubrir las habilidades artísticas de tu hijo, ya sea en forma de canto, o tocando un instrumento, o actuando en un festival. Mis retoños participan en la banda escolar, con lo cual, tuve la oportunidad de escuchar los sonidos que emergían de sus instrumentos. Pero el concierto no es sólo el momento en que tu hijo emite notas musicales. Hay mucho más. Lo cuento. Tiempo de silencio El día del concierto, llegué la primera al teatro de la escuela. Me senté, y observé a mi alrededor. A lo lejos, podía escuchar cómo los compañeros de mi hijo ensayaban, pero dentro del teatro, todo era paz y soledad. Hasta que llegó el segundo tiempo. Tiempo de madres Las madres llegan recién salidas de la peluquería, enfundadas en unos tejanos y con unos tacones atrevidos. Su tarea es árdua, puesto que deben reservar asiento para sus antepasados y para sus descendientes, es decir, para los abuelos y los hermanos del músico. Todo son sonrisas para con las otras madres, y se ...

La meteorología y el fútbol

Mi pequeño desea ser futbolista, cuando sea mayor. Atrás ha quedado la época en que quería ser bombero, astronauta, marciano (¡Si, marciano!), maestro, y gemólogo. Ahora su ambición es llegar a ser futbolista, o jugador de soccer, como aquí lo llaman. El fútbol en Massachusetts es y será el fútbol americano, el de Tom Brady y los Patriots, el de los cascos y los touchdowns. Pero no. Mi hijo no se ha dejado influir por el fútbol americano, y quiere ser un jugador que da patadas a la pelota, para que ésta acabe finalmente dentro de una portería. Pero mi hijo cuenta con un handicap muy importante para lograr su sueño: el tiempo. Si, el tiempo. En Massachusetts, como en cualquier parte del mundo, tenemos cuatro estaciones. En invierno, el frío, el viento y la nieve impeden la práctica de cualquier deporte en el exterior. Como el verano es harto caluroso y los jovenzuelos no tienen un horario estricto, sólo puede practicarse el fútbol durante las estaciones temperadas, oséase, primavera ...

Biography day

Si tuviese que saber mucho sobre un personaje famoso, quizás escogería a Michelle Obama. Estoy leyendo su libro, "Becoming", y me encanta su franqueza, su seguridad, y su capacidad de abstracción para contar esta primera etapa que ha sido su vida.  A mi hijo le pidieron que escogiese un personaje, para que leyera sobre él, lo descubriese, y escribiera unos párrafos sobre lo que lo hizo único. Después de un árduo trabajo de búsqueda de información y posterior redacción, mi pequeño llegó a casa con casi una tesis doctoral sobre Galileo Galilei. Me encantó escucharle contar pedazos de la vida de este científico que descubrió e inventó cosas extraordinarias para su época.  Después, todo lo que hizo mi hijo debía envolverse en un disfraz de Galileo, para presentarlo delante de padres, profesores y compañeros en un día importante, el "Biography day". Manos a la obra, escogimos una de mis blusas, una de mis chaquetas, y unos bombachos rojos de un disfraz de pirata. ...

Zapatos

Si existiese un juego con el cual adivinar la época del año según los zapatos que lleva la gente, en Massachusetts se fallaría estripitosamente. He visto gente con chancletas (lo que aquí se llama flip-flops) caminando por la nieve, he comprobado como gran cantidad de gente se persona en el supermercado con las zapatillas de andar por casa, he asumido que los zapatos de tacón son peligrosos en cualquier época del año, y he admirado unas botas altas que no sabría clasificar para ninguna época. Hoy estamos en primavera, o mejor dicho, en lo que debería ser primavera, pero que en realidad son unas semanas frías con algún día caluroso intercalado. Dirigiéndome al trabajo, he podido ver una chica con zapatillas de andar por casa, una mujer muy mayor con deportivas, una joven esbelta con unas botas interminables, una mujer con botas de piel de borrego, un chico con chancletas y yo misma, con merceditas. El primer ño que pasé aquí, después de uno de los peores inviernos que recuerdan la ...

La dulce experiencia mamográfica

En Massachusetts, se recomienda a todas las mujeres mayores de cuarenta años que realicen una mamografía anual.   Como cumplo con este requisito desde hace ya bastantes años, tengo el inmenso placer de disfrutar de esta gozada una vez al año. Antes de empezar el relato de tan dichosa experiencia, debo decir, sin rintintín, que considero que las mamografías son una prueba útil para la detección precoz del cáncer de mama, y que no dejaré de realizarlas mientras tenga posibilidades de continuar. Y empiezo. - Recibo una carta del centro de salud recomendándome encarecidamente, y siguiendo las leyes de Massachusetts, que los llame para programar dicha prueba. - Los llamo. Tengo la increíble suerte de que una mujer ha rechazado la hora que tenía, y me la dan a mi. Tiempo de espera, menos de una semana. Estoy que salto de contenta. - Acudo puntualmente a mi cita. Entro en el centro de salud, y voy siguiendo los cartelitos que indican dónde van la mayoría de mujeres de más de ...

De cintura para abajo

Érase una vez que el Dios Papakinmalkefa, tranquilamente sentado en una espléndida nube de colores rojizos, estaba mirando hacia abajo, contemplando a los habitantes de New England. Era invierno, y por aquellos lares, el frío y el viento se aliaban con fuerza para azotar a los pobres hombres y mujeres que ocupaban aquél lugar. El Dios Papakinmalkefa se compadeció de ellos, y decidió fabricar una crema con la que embadurnarse el cuerpo y así no notar el frío de temperaturas negativas, llegado el invierno. El Dios fabricó la crema y cogió al azar a uno de los habitantes de New England, a quién trasladó volando hasta su nube. El asombrado visitante, antes de abrir la boca, escuchó lo que Papakinmalkefa le dijo: - Hola, humano. Soy el Dios Papakinmalkefa. He comprobado que en vuestras tierras el frío apremia, y me he compadecido de vosotros. He preparado este ungüento para que te embadurnes todo el cuerpo. Así, de este modo, tu y tus descendientes nunca más notaréis el frío. El pobre ...

Genética mejorada

Me encanta comprobar la teoría de la evolución en mis propias venas. Me complace ver como mis retoños me superan en gran cantidad de temas. Sin ir más lejos, a mi me apasiona leer. Mucho. Recuerdo que mis padres me reñían porqué me encontraban leyendo en cualquier rincón de casa, obviando los quehaceres domésticos. Pero tenía un talón de Aquiles: cuando me subía a un coche, no podía leer una línea de un libro sin marearme. Mucho. Ya sin la lectura, mis viajes en coche eran un martirio, vomitaba si eran largos (entiéndase por largos más de una hora y media de trayecto), con lo cual, siempre que probaba de leer, mis trayectos eran infernales. Pasé mi infancia y adolescencia con trayectos en coche mareada, con la ventanilla abierta para que el aire me refrescase mi mente enturbiada. Y sin poder leer una línea del libro que en aquellos momentos ocupaba mi actividad cerebral.  A mis hijos les apasiona leer. Mucho. Y con la mejora genética, puedo asegurar y aseguro que son capaces d...

Bicicleteando en Provincetown

Pasear por Provincetown, el famoso pueblecito del extremo superior de Cape Cod, es pasear por calles de verano multicolores, de sabor a mar y a marisco, de alegría y de tranquilidad. Me encanta entretenerme en las pequeñas tiendecitas de la Comercial St; entrar en las diminutas galerías de arte, donde fotógráfos y pintores nos muestran sus obras más preciadas; sonreirme a mi misma leyendo las frases que hay impresas en las camisetas del verano y que impregnan los escaparates de las tiendas de recuerdos del pueblo; comer un helado aunque mi barriga aún este llena del lobster que me acabo de zampar. Provincetown es alegría y comprensión, un lugar dónde todos cabemos y todos nos sentimos contentos. Por primera vez desde que vivimos en Massachusetts, en Provincetown alquilamos unas bicicletas para dar un paseo por los caminos habilitadas en la parte superior del pueblo. Le comenté a la chica que nos las alquilaba que yo era muy patosa, con lo cual me recomendó fervientemente el uso de un...

La guerra de los pelos grises. El nudo

Después de mi decisión de no teñirme el pelo canoso, lo puse en conocimiento de mi família, la que habita en mi casa y la que habita en la tablet via Skype. Y aquí empezaron las crudas batallas que debía librar en todos los frentes: - Mis hijos me dijeron que mi cabello blanco me hacía más viejecita (y eso que desde siempre ya me dicen que soy vieja, pues añadieron un grado más; - mi marido no me dijo nada oralmente, pero su mirada me contó que él prefería que me tiñese el cabello; - mi madre fue la que usó más armas para librar su batalla particular en contra de mis debilitados pelos blancuchos, usó el chantaje emocional a través de los siguientes argumentos: 1. Nena, así el pelo no te queda bien 2. Parece que ya no te guste ser presumida 3. Parece como que te dejes de cuidar 4. Tus sobrinitas me dicen que la tiíta está más guapa con el pelo teñido 5. Tu hermana dice que no es propio de ti dejarse el pelo blanco 6. Cuando venga a veros iremos a la peluquería 7. Un...

La guerra de los pelos grises. El inicio

Tengo cuarenta y siete años y ¡oh, sorpresa! tengo cabellos grises que florecen en mi cabeza. He probado repetidas veces ser una buena florecita e ir a la peluquería a teñirme, con los siguientes resultados: 1. Llamo una semana antes del evento para concertar hora en el salon de turno, 2. Me presento a la peluquería en cuestión, 3. Una mujer de mi edad pero con el pelo espléndido y donde no caben las canas, me pide que me espere mientras mi peluquera se prepara 4. La peluquera viene a buscarme a la sala de espera, con una sonrisa de oreja a oreja 5. Después de sentarme en la silla delante de un espejo inmenso, la peluquera me aconseja un balayage para disimular mis canas incipientes 5. Aunque no tengo ni idea de lo que es un balayage y me suena a algo muy caro, acepto su propuesta, puesto que me dice que quedará espectacular (evidentemente) 6. Coge tinte y pim pam pim pam sin ton ni son me friega un mejunge espeso y blanco por el pelo 7. Me pregunta por mi família,...

Sin vergüenza

Lo he visto en múltiples ocasiones. Y no deja de impresionarme cada vez que lo veo. Pero cada vez me gusta más y me siento mejor observándolo. El fenómeno de la sin vergüenza que impera, como mínimo, en Massachusetts.  Gente mayor, adulta, vestida por la calle de cualquier manera. Jóvenes en pijama y cubiertos con plumones para ir a la compra. Y no pasa nada. Nadie se gira por la calle viendo a gente muy bien arreglada o muy mal arreglada. Nadie cuchichea lo bien o mal vestidos que van funganito o manganito. Y me encanta esta sensación de libertad que me permite expresarme vistiendo ropa deportiva siempre que no estoy trabajando. Me encanta ir a caminar con ropa deportiva, quedar con una amiga vistiendo ropa deportiva, ir de compras con ropa deportiva. Sin maquillaje. Sin tacones. El zénit del fenómeno sin vergüenza lo pude vivir en una competición de un trabajo de la escuela donde asistimos porque mi hijo mayor participaba. En esa competición, que duró un día entero, los mayore...

El peor cumpleaños de mi vida

Cumpleaños de antaño (es decir, el mío): yo celebraba mi cumpleaños con mis abuelos, (con la suerte de que tenía a los cuatro), mis padres, y mi hermana. ¿Cómo lo celebrábamos? Pues con una comida NORMAL y un pastel ESPECIAL. El pastel era mi preferido, de limón y nata y crema quemada en la parte superior. Para lamerse los dedos. Mi madre encendía las velas, yo pedía un deseo que no contaba a nadie para que se cumpliera (y que nunca se cumplía), soplaba las velas, mis queridos miembros de la familia aplaudían y mi abuelo tiraba una foto. Sólo una, por supuesto, de aquellas de cámara fotográfica y carrete de treinta y seis fotos para revelar. Si acaso, recibía algún pequeño regalo que me hacía ilusión, y besaba a mis padres y abuelos dándoles las gracias por asistir a mi cumpleaños. Todo un acontecimiento. Cumpleaños actual (es decir, el de uno de mis pequeñuelos): un mes antes del cumpleaños, empiezo a preguntar a mi hijo dónde quiere celebrar su cumpleaños. Aquí en Massachuse...

Paso del tiempo playero

Hemos tenido el lujazo de pasar el fin de año del 2017 en Tenerife con los abuelos. Un lujazo en todos los sentidos.  En primer lugar, porque los niños han podido disfrutar de unos abuelos que viven a más de 6000 km de Massachusetts, con lo cual, verlos al natural, sin cachivaches electrónicos, es tarea arduo complicada. Los abuelos los han mimado, abrazado, besado y acurrucado hasta la saciedad, y los niños se han dejado mimar, abrazar, besar y acurrucar con una sonrisa en los labios.  En segundo lugar, porque hemos podido disfrutar de unas temperaturas envidiables para esta época del año, aún más si las comparamos con el frío de Massachusetts. Decir que vestimos bañador gran parte del día no es broma, y menos cuando lo comparo con las fotos que recibimos de nuestros amigos que han pasado las vacaciones en Massachusetts, con temperaturas negativas y abrigados hasta la saciedad, para salir aunque sea un minuto a la calle. En tercer lugar, porque mi familia (aunque yo ...