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Mostrando las entradas etiquetadas como Ratoncito Pérez

Ejercicio de madre. Clases gratuitas

Cuando alguien me pregunta si practico algún deporte, mi respuesta es afirmativa. Cuando me preguntan qué deporte practico, les digo la verdad: tengo dos hijos. Esto debería contar como deporte semi-olímpico como mínimo. Como algún escéptico no cree que tener dos hijos sea un deporte, aquí dejo una serie de ejercicios diarios que sirven como clases de gimnasia para el más incrédulo, y que voy a describir de manera totalmente gratuita: - ejercicios de las cuerdas vocales . Este es el músculo que tengo más ejercitado en todo mi cuerpo. Me paso el día gritando a mis hijos para que hagan los deberes, ordenen su habitación, recojan su ropa, cenen, pongan la mesa, se laven los dientes y vayan a la cama. Los gritos van acentuándose a medida que pasa el tiempo, puesto que mis hijos cada vez me hacen menos caso. Tengo calculado que a los sesenta ya tendré voz de soprano y triunfaré en la ópera (mi objetivo: Milán). - ejercicios de espalda.  Mis hijos ayudan enormemente a la actividad di...

Alma de gato peludo

¡A la ducha! Grito a mis pequeños a pleno pulmón. Hora de ducha y acto seguido, cenar en familia.  Pero a mi frase imperativa no le sigue un movimiento de pasos que se dirigen al baño, tampoco escucho el sonido del agua de la ducha. Se escucha un silencio total. ¡A la ducha! Repito, por eso de que a veces aún creo que mis pequeños no han escuchado mis órdenes la primera vez. Paro la oreja. Durante un minuto. Y dos y también tres. Nada de nada, ninguna reacción a mi demanda. Subo a su cuarto y les encuentro sentados mirando un video, o jugando los dos (caso raro) sin peleas, o leyendo cada uno por separado.  ¿Pero que no me habéis escuchado? Venga, duchaos, que estoy acabando la cena. Y de su interior, escucho un Fffffxxxxttttt que me estremece, seguido de un ¡No, mamá, hoy no! Nos peleamos, y al cabo de diez minutos, cuando mi comida ya está quemada y el humo la delata, consigo ganar la batalla "in extremis", y mis dos hijos preadolescentes van con cara de enfad...

De como el ratoncito conoció al elfo

"¡Mira, mamá!" me dice mi pequeño orgulloso, mostrándome una pequeña caja de plástico azul en forma de baúl. "¡El diente que se me movía se me ha caído durante la comida en el cole!". Pues veremos lo que te trae esta noche el Ratoncito Pérez. En casa, aunque en Massachusetts, intentamos mantener las tradiciones con las que hemos crecido mi marido y yo. En el caso de los dientes, a nuestros pequeños no los visita el hada de los dientes americana, la famosa Fairy Tooth . En nuestra casa aparece el Ratoncito Pérez, para traer algún pequeño regalito como intercambio del diente que descansa quietecito debajo de la almohada. Pero hoy mi pequeño me pide que yo misma hable con el Ratoncito Pérez y le pida un regalo inusual. "Mamá, yo quiero que el Ratoncito Pérez me traiga de regalo al Elf on the shelf ". ¿Cómo?¿Y ese quién es? Reconozco que lo he visto multitud de veces en multitud de tiendas por las que paseo para encontrar regalos innecesarios para gen...

Las abuelas y las redes sociales: Whatsapp

Tenemos una tía abuela que se desvive por nuestros hijos. Y desde que estamos en Massachusetts, ha decidido, a sus más de setenta años, ponerse al día con el tema de las redes sociales .  Skype y Whatsapp ya son herramientas que domina y con las cuales tenemos conversaciones más o menos divertidas y casi siempre desconcertantes.  Whatsapp es la vía de comunicación más fluida y con la que nos liamos muchas veces, aunque siempre es gratificante encontrar a la tía abuela al otro lado de la línea. Pongo algunos ejemplos de comunicación a través del Whatsapp en la que no siempre se ha llegado a un entendimiento por las dos partes: Tía abuela : "Qwjrd." Yo : "OK, mensaje en clave. Intento descifrarlo pero no lo consigo." Tía abuela : "¿no te va el guaps? no me dices nada." Yo, al cabo de muchas horas : "El Whatsapp funciona, pero no he podido contestarte antes." Tía abuela : envío de una foto de mi sobrino pequeño, aunque la fot...

El Ratoncito Pérez en América

Parece que el dicho "la primavera la sangre altera" se cumple en nuestra familia. Después de un invierno blanco, frío y largo, las primeras flores empiezan a sacar su cabecita de colores entre la hierba, los pájaros cantan, las ardillas trepan por los árboles... y los dientes de leche de mis dos churumbeles empiezan a moverse. Anteayer, mi hijo mayor empezó a notar que se le movía un diente. Y tanto y tanto lo notó (vamos, que se lo tocaba con los dedos y con la lengua constantemente, sin cesar), que ayer le cayó. Justamente en clase de arte. Yo creo que muy concentrado en la pintura no estaba precisamente. Cuando fui a buscarlos al cole, el mayor me sonrió con su boquita abierta, orgulloso de mostrarme que su dentadura contaba con un diente de leche menos. Consigo traía un paquetito de papel y en inglés, claro está, su profesora había escrito: "diente dentro". Mi hijo cogía ese papelito como si de un tesoro se tratara.  Al llegar a casa, empecé como siempre ...