Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como jet lag

¿Puedo?

No puedo. No puedo. Y no puedo. No hay manera. No consigo distinguir cuando me dicen "can" o cuando me dicen "can't". Cuando una amiga de mis peques viene a casa y me dice que lo que le cuento no puede hacerse, me la miro contentísima, hasta que observo la cara de mi hijo que, condescendientemente, me indica que lo he entendido al revés. Ya en la intimidad del hogar, ensayo repetidas veces el can y el can't. Mis hijos me ponen ejemplos hasta aburrir. Bueno, hasta aburrirse ellos, y yo, pero sin éxito en la resolución de lo que para mi es un jeroglífico indescifrable, lo que para mi es una meta inalcanzable, una quimera, una utopía. Parece fácil. Para los americanos. Para los estudiantes, americanos o no, que están creciendo en los parajes del autor de Moby Dick, de Paul Revere o de Pocahontas.  Pero no es fácil para mi. No lo es. Y punto. No tengo la capacidad para formular unos sonidos que mi garganta no ha aprendido durante los primeros cuarenta...

De todo el mundo

Hay cosas buenas y cosas malas de vivir lejos de tu hogar. Yo siempre considero que la balanza se decanta enormemente en el lado positivo. Me gusta hacer listas de multitud de cosas, y mis listas positivas por el hecho de vivir lejos de mi hogar ya han copado algunos de mis artículos. Pero el otro día descubrí una cosa positiva que aún no figuraba en ninguna de mis listas anteriores, con lo cual paso a añadirla escribiendo éstas líneas. Mi media naranja me envió un chiste divertido a través de WhatsApp, la aplicación estrella de cualquier persona que se tercie a muchos quilómetros de su hogar. Solté una carcajada al ver el chiste y decidí compartirlo con muchos de mis contactos, también por WhatsApp, porqué echar unas risas es gratuito y necesario en muchas ocasiones. Algunos de mis contactos me contestaron con emoticones, o comentando simplemente que era divertido. Pero el protagonista de éstas líneas no era el chiste en si, sino el darme cuenta de que me estaban llegando mensajes ...

Experiencias en la costa oeste: 12. San Francisco

Arriba y abajo, arriba y abajo, así puedo describir nuestros vaivenes en una de las ciudades, eso dicen, más bellas de la costa oeste de los Estados Unidos. Después de que el padre de mis hijos organizara milimétricamente unas extraordinarias vacaciones en  diez parques naturales de la costa oeste, sin ningún fallo en su haber, habiendo cambiado cada día de alojamiento, disfrutado de las mejores vistas y las mejores excursiones con los espectáculos naturales más fantásticos del mundo, él me pidió que yo organizase las visitas a San Francisco , donde pasábamos los dos días con los que terminábamos nuestra aventura de la costa oeste. Pero no me pidió que lo organizase milimétricamente. Y los dos sabíamos que yo no era él. Aún así, él se arriesgó y tuvo que atenerse a su decisión. No consulté páginas web que contasen lo mejor que podíamos visitar en San Francisco, no, eso era demasiado fácil para mi menda. Lo que hice fué mandar un par de whattsapp a unos amigos que sabíamos ha...

Mocos transoceánicos

Volvemos a casa (en Boston), después de nuestras vacaciones en casa (Barcelona). Si, vamos de casa a casa. En Boston tenemos nuestra vida actual, con amigos nuevos, compañeros de trabajo y de colegio y en Barcelona tenemos nuestra familia y los amigos de siempre. De casa a casa y tiro porque me toca. El viaje de vuelta no es ningún regalo. No hay vuelo directo entre Barcelona y Boston y esta vez hemos pasado por Munich por eso de alargar un poco más la jornada, para cerciorarnos que estamos muy pero que muy lejos de casa. En un momento dado, ya en el segundo avión del día, el que nos transportaba hacia nuestro destino final, se ha escuchado el silencio. La mayoría de gente llevaba puestos los auriculares para escuchar la película de turno escogida, otros intentaban dormir utilizando posturas que seguro les han desencajado alguna vértebra y otros nos levantábamos para ir al... baño! Y el silencio se ha roto al escucharse el estornudo de un bebé. Pobrecito. Al segundo, otro estornu...

Cuestión de fe

Mi café con leche me impidió entrar a observar el interior de la catedral de Saint Patrick, en la quinta avenida de New York, con lo cual decidí esperar tranquilamente a mi familia apoyada en una de las paredes de la entrada del templo, mientras sorbía tranquilamente el interior de mi vaso de papel. Me encanta observar a la gente anónima, así pues pasé un rato agradable viendo a la pareja asiática con una enorme bolsa de Louis Vuitton que salía de Saint Patricks cogidos de la mano; a la chica de dieciocho años que cuchicheaba cosas muy muy serias a su madre; a la mujer que no paraba de curiosear su teléfono sin darse cuenta de la belleza que había a su alrededor; al hombre con tesón aburrido mientras no paraba de echar la vista atrás, para comprobar que sus familiares le seguían. Y entre esa multitud, ELLA apareció de repente. Iba cargada con muchas bolsas de plástico, que asía frenéticamente a lado y lado de su cuerpo delgado y débil. Su vestimenta era oscura, por no decir comple...

Superpoderes

Me considero afortunada. Considero que cualquiera que tenga una abuela con superpoderes debe sentirse afortunado. Y yo soy una de las personas que tienen una abuela con superpoderes . Lo supe enseguida, ya de muy pequeñita. Mi abuela era especial, puesto que: - podía jugar con nosotras hasta las tantas, sin quejarse ni cansarse nunca; - nos contaba cuentos y adivinanzas que captaban siempre nuestra atención, aunque los repitiera día si y día también; - nos curaba nuestros males (ya sea un dolor de barriga o un rasguño), con agua de tomillo; - nos alimentaba con comida sana, sin azúcares añadidos, y siempre era la comida más buena buenísima del mundo. Así pues, con una abuela con superpoderes de superjuegos, supercuentacuentos, superdoctora y supernutricionista, yo no podía estar más orgullosa y feliz. Pensaba satisfecha que era afortunada de tener una abuela como la mía, superespecial. Y llegaron mis niños, con lo cual mi madre se convirtió en abuela. En abuela sin superpo...

Avión y niños

Si alguien que no tiene niños viaja en un vuelo transoceánico al lado, delante o detrás de uno o varios churumbeles, se le quitarán las ganas de ser papá o mamá. Los vuelos transoceánicos son largos y pesados. Para los adultos es una necesidad, un trámite que hay que cumplir para llegar de un punto "a" hasta un punto "b". Para los niños, que no entienden de trámites necesarios, es un tostón pasarse muchas horas sentado y sin nada interesante por hacer (entiéndase interesante correr, jugar, saltar, reír y charlar animadamente en voz alta). Por suerte, los aviones que cruzan el atlántico disponen de entretenimientos varios para que los peques estén sentados el mayor tiempo posible: - La mayoría de aviones tienen pantallas justo delante de cada asiento, para que niños y mayores disfrutemos de lo lindo viendo películas relativamente nuevas.  - Las azafatas y azafatos (cada vez veo más hombres ejerciendo de azafatos) siempre entregan a los niños algún papel y lá...

Jet lag de ida

¿Es real el jet lag de ida? De vuelta a casa para las vacaciones navideñas. De puerta a puerta, más de veinticuatro horas. Taxi, aeropuerto de Boston, aeropuerto de New York, espera larguísima y aeropuerto de Barcelona. Coche de alquiler y a ver a la abuela! Los niños están entusiasmados con mi madre, que los mima hasta la saciedad. Después de una comida sabrosa, siesta con ronquidos. Nos levantamos a las siete de la tarde y paseamos un poquito. Hora de cenar y de dormir. Mañana por la mañana tengo muchos encargos por hacer, me levantaré temprano para ver si puedo con todos. Segurísimo que escucharé las llaves de mi padre cuando éste salga de casa. Así pienso despertarme. Caramba, papá no se levanta. Qué raro, parece que en el pasadizo hay luz natural. Si aún es de noche! Miro el reloj. Las seis y media de la mañana... las seis y media de la mañana? No he cambiado la hora! No estamos en Boston, con lo cual, la hora real es: las doce y media del mediodía!!!!!!!! Maldito jet lag! Y ...

Jet lag

¿Por qué no tenemos sueño cuando son las tantas de la madrugada? Desfase horario: 6 horas de nada. O eso dicen. En el hotel, nos metemos en la cama después de un día con los pies en el cielo. Y nos dormimos. Pero al despertar... caramba, aún es de noche. Bueno, pues cambio de posición e intento dormirme otra vez.  "Mamá, no tengo sueño" "Es muy temprano, intenta dormirte" "Mamá, no puedo dormir" "Pues... (la verdad es que yo tampoco) ve a hacer pis e inténtalo otra vez." Al cabo de tres horas de dar los cuatro vueltas y más vueltas por la cama, y de que los colchones estén hasta las narices de nuestros devaneos, nos levantamos muy muy temprano (¿las seis de la mañana?), para empezar nuestra primera jornada en nuestra nueva ubicación. Frescos como una rosa, como si hubiéramos dormido más de la cuenta, pero con la necesidad de tomar un buen café, estamos dispuestos a comernos el mundo.  Tenemos tiempo de hacer multitud de gestiones...