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Cambios climáticos

Estos días de verano, mi madre ha venido a visitarnos a Boston habillada con sus pantalones cortos, sus faldas multicolores y sus camisetas lánguidas, es decir, el atuendo justo y necesario para combatir los fuertes calores a los que están acostumbrados todos los habitantes de nuestra tierra al otro lado del océano. Pero aquí, en Massachusetts, es indispensable tener a mano ropa que abrigue y ropa holgada para cualquier hora del día en cualquier situación.
Sirva como ejemplo el día que mi madre y yo decidimos hacer turismo por Brookline, un pueblo al lado ladito de Boston. En el trayecto en coche desde casa hasta Brookline, llovía a cántaros, la carretera estaba repleta de coches y charcos y las temperaturas no parecían muy halagüeñas. Las dos estábamos dentro del coche con chaqueta y pensando que tendríamos frío. Al llegar a Brookline, la tormenta había arreciado y decidimos que no necesitábamos paraguas, aunque si una chaqueta con capucha por si acaso. 
Caminamos tranquilamente hasta llegar a la casa donde nació el presidente Kennedy hace ya más de 100 años. Visitamos la casa, hoy totalmente rehabilitada tal como estaba cuando nació JFK, y escuchando todo lo que nos contaba la chica que amablemente nos acompañó a través de todas las estancias. Al salir de la casa, ¡golpe de calor! la humedad había hecho mella en las calles y el pavimento mostraba su sudor.
Caminamos a paso rápido hasta el hospital donde trabajo, puesto que mi madre quería visitar el lugar donde su niñita pasaba las horas. Al entrar en el hospital ¡nos enfundamos el jersey que llevábamos colgado de las manos! Después de un rato dentro, salimos hacia el exterior y...¡madre del amor hermoso pero qué calor! 
Caminamos a paso rápido, intentando evitar los espacios de la calle donde el sol acariciaba las paredes de los edificios. Empezamos quitándonos el jersey, seguidamente nos arremangamos las mangas, y si hubiésemos podido incluso nos hubiéramos quitado la camiseta.
Llegamos extenuadas hasta el coche, jadeando boquiabiertas mientras abríamos las ventanas y el aire acondicionado empezaba a notarse dentro del vehículo. 
De camino a casa, otra vez la lluvia, otra bajada de temperaturas, y al llegar al domicilio particular, ningún indicio del calor insoportable que sólo una hora antes nos había envuelto.
Si, eso lo tiene Massachusetts, nunca te aburres cuando intentas adivinar la meteorología, con lo cual, para ir a dar una vueltecita, lo mejor es que lleves contigo una chaqueta, unos paraguas, un jersey y una bufanda. Ese dicho de mujer precavida vale por cien no cuenta que la mujer precavida parece un armario empotrado yendo a pasear.

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