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Beso

¡Qué pases un buen día, mamá!

Tengo el privilegio, el lujazo de poder acompañar cada día a mis hijos al colegio. Aunque los quince minutos previos a salir de casa me desquicio, me pongo histérica y grito como una posesa para que se den prisa, se vistan, se hagan la cama, no chillen, no se persigan, tengan todo lo necesario en su maleta y toda la ropa de abrigo envolviendo su cuerpecito, cuando cruzamos el umbral de la puerta, aunque la brisa te hiela la nariz, el camino acostumbra a ser fácil y divertido. Los tres nos reímos, hablamos, (les doy un poco de prisa) y caminamos en fila india entre los montones y montones de nieve a cada lado de la acera. 
Y llegamos a la escuela. Saludamos a Jack, el policia retirado que cada día, puntualmente, regula el tránsito de niños y mamás y coches en la calle adyacente al cole. Y entramos en la escuela. Nuestras narices y mejillas poco a poco van tomando su color natural, pasando del rojo pasión al rosa molón. Y entre la multitud de niños subiendo las escaleras, también estamos mis niños y yo, allí mezclados. Antes de llegar a la puerta de la clase del mayor, éste ya me despacha con un beso fugaz en la mejilla y, sin ni siquiera mirarme, me da los buenos días. Acto seguido, el peque y yo nos dirigimos a su clase. Allí, saluda a alguno de sus compañeros, mientras se quita el gorro, los guantes, las botas... yo le beso en la mejilla, le digo que le quiero y que pase un buen día. Él me besa en la mejilla, me dice que también me quiere y también me desea un feliz día. Y ahí lo dejo, mientras voy caminando por el pasadizo con mi sonrisa puesta. 
Al llegar a la mitad del pasadizo, oigo un "¡Mamá!" que sobresale entre el griterío de los demás niños que van llegando a sus respectivas clases. Es mi pequeño, mi amor,  al lado de la puerta de su clase. Tiene la mano levantada y me va saludando y deseándome buenos días. En voz alta, sin importarle quién lo ve o quién no lo ve. Somos dos figuras y las demás se vuelven borrosas, no nos importan. Estamos él y yo. Y yo le devuelvo el saludo, le tiro un beso con la mano y le digo "Buenos días".
Y continuo mi camino, más contenta que unas Pascuas, orgullosa de ser madre y de tener el lujo inmenso de poderlos llevar al cole cada día.

Comentarios

  1. Nosotros al cambiarnos de país luchamos por poder continuar llevando y recogiendo a la peque del cole. Estar cerca del colegio y del trabajo nos permite a Papá 2.0 llevarla por las mañanas camino del trabajo ya mí recogerla.
    La verdad es que verla salir toda contenta de clase y hablando como un torbellino para contarme todo lo que ha hecho es uno de los mejores momentos de mi día. Tenemos que valorar más esas pequeñas grandes cosas.

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  2. Hola! Yo tengo dos niños, con lo cual a mi pregunta de "¿Qué habéis hecho hoy en el cole?" siempre tengo dos posibles respuestas: "No lo sé." o "No me acuerdo" ;( Pero es igualmente fantástico poderlos llevar y recoger ;)

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  3. Si la verdad es que a pesar de los momentos previos de locura en casa, llevarlos al cole es un lujo. Me ha sorprendido que os dejen entrar dentro del colegio hasta la puerta del aula!!! Quizás sea por la nieve o es costumbre?

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  4. Me he sentido identificada con tu relato, he reconocido esa sensación cuando sales del cole con tu beso aún en la mejilla y esa sensación de estar haciendo las cosas bien…
    Un beso (otro)

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  5. Pequeños pinceles, debo confesarte que soy de las pocas madres que los llevan al aula;) los profes siempre me saludan con una sonrisa cuando los llevo allí, con lo cual doy por hecho que está permitido (por si acaso no pregunto;)

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  6. Si, verdad, mamá curra, que es una sensación muy dulce? Y sé que tiene fecha de caducidad, o sea que la aprovecho tanto como puedo;)

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