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Experiencias en la costa oeste: 11. Sequoia

Veo como los pies se me agrandan y se vuelven peludos. Ya no me caben los zapatos. Compruebo delante del espejo que las orejas me crecen desmesuradamente y que tienen pelos por todos lados. Mi estatura ha empequeñecido y los humanos me parecen todos de dimensiones descomunales. Me vuelvo traviesa y pillina, tengo muchas ganas de travesuras. Ya está. Ya soy una hobbit. Dispuesta a acompañar a Frodo en su travesía para llegar a deshacerse del maldito anillo, paseando por el parque natural de Sequoia es así como me siento.
La inmensidad de los árboles te traslada a cualquier lugar antes sólo imaginado. Su enorme diámetro, su espeluznante altura, su copa frondosa a punto de llegar hacia el infinito... parece que el parque Sequoia se encontraba sólo en la imaginación de Tolkien, pero llego a comprobar que existe de verdad, aunque para eso necesite que alguien me pellizque en el brazo.
¡Ay! Pues si, estoy despierta, mis orejas no son peludas y mi estatura, aunque no para tirar cohetes, entra dentro del rango humanístico normal. Pero ya siendo persona otra vez, no por eso dejo de admirar un bosque casi mágico, que esconde siglos de silencios y susurros, años de pausado bienestar, sólo alterado por fuegos traidores y lluvias torrenciales, que con el tiempo pueden llegarse a olvidar.
Decido que el tronco de las sequoias es la parte más bonita. No sé si porqué es la parte que más diviso dentro de mi visión periférica normal, quizás esto influya. Pero su forma y textura es realmente impresionante. Toco con los dedos uno de los troncos. La forma es adusta, rugosa. Fuerte y débil a la vez. Los colores guardan todas las tonalidades marrones que cualquier paleta de pintor guardaría celosamente como su tesoro mejor encontrado. Su olor casi imperceptible te cuenta historias de brisas etéreas y de vientos adulterados.
Y continúo paseándome por un paraíso que se cuida celosamente, que se trata con respeto, y al que acuden millares de personas para poder captar con su cámara unas de las maravillas de la naturaleza, otra vez difíciles de describir sólo con palabras mundanas. 
Sequoia.

Dato útil: dentro del Sequoia National parc se encuentra una cueva a la que solo puedes acceder mediante compra previa. Se encuentra celosamente vigilada por simpáticos rangers, que te darán una visita guiada sin demasiadas sorpresas, ni demasiada espectacularidad.

Dato curioso: En el parque natural de Sequoia, se encuentra el General Sherman, el árbol más grande del mundo. Todos hacemos pacientemente una cola para poder obtener una fotografía con un trozo, que no todo, de este fantástico general.

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