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Hablando con una pantalla

Desde mi llegada a Massachusetts, que uso el drive thru cuando voy al cajero automático. Sólo por este motivo. Pero el otro día, mis hijos me convencieron que debía usar el drive thru del Starbucks, y me sentí vieja y futurista al mismo tiempo. Sucedió lo siguiente:
Llego con el coche a la línea donde pone drive thru y sigo las indicaciones de las flechitas. Conduzco hasta una pantalla inmensa a mitad del camino hacia una casita donde fabrican los cafés a los que me he aficionado. Observo la pantalla, que es de grandes dimensiones, rectangular, plastificada con los bordes metalizados, negra como el carbón, y sin ninguna indicación de los pasos que debo hacer para pedir mi latte. Continuo mirando la pantalla, para descubrir alguna señal que me indique el próximo paso, cuando de repente oigo una voz grave que me dice:
"Buenos días, gracias por comprar en Starbucks, ¿qué desea?"
Alarmada, no salgo de mi asombro, ¡un pedazo de plástico rectangular ha adivinado que estoy cerca de él y me ha leído el pensamiento! (Vale, quizás era muy obvio que quería pedir algún café, puesto que es una cola de cafetería, eso lo reconozco).
Y aún anonadada, hablo con una pantalla con sentimientos.
Yo: "Tall latte, por favor."
Silencio.
La pantalla: "¿Desea algo más?"
Yo: "Esto... no encuentro ninguna obertura para meter la tarjeta de crédito y pagar el café."
La pantalla: "Debe pagar cuando le entreguen el café." (¿Noto algún tono condescendiente en la voz de la pantallita de marras?"
Silencio. No sé si desearle un buen día pantallil a la pantalla, esperarme o continuar mi camino, hasta que mis enanos, a los que tengo detrás del coche, me dicen al unísono:
Enanos: "Mamá, que continúes el camino, que ya te preparan el café" (Aquí si, puedo asegurar y aseguro que el tono ha sido de lo más condescendiente).
Continuo el camino siguiendo las indicaciones de la flechita, el camino y mis hijos, y llego a una ventana, donde una chiquilla de no más de veintiún años, pelo azul, dos piercings en la nariz y los brazos totalmente tatuados me entrega el café, yo le entrego la tarjeta y ella me la devuelve en un segundo. Plis plas.
Yo: "Gracias"
La chiquilla: "Que tenga un buen día."
Y me voy del Starbucks, con mi primera experiencia en el drive thru del starbucks, con un café que he encargado hablando con una pantalla mágica y con mis hijos mirándome con cara de "¡Ay, mamá, pero qué vieja estás!"



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