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Entradas

Paseando con mi compañero

Lo conocí en un bar. Me encantó desde el primer momento. Y después nuestros encuentros fueron cada vez más habituales, más largos, más duraderos. Quedábamos solos o con amigos y siempre nos lo pasábamos bien. Al cabo de poco tiempo se instaló en casa. Y me encantaban las conversaciones en la cocina, él siempre a mi lado y yo saboreando su olor, su pasión, su desenfreno. Llegó la expatriación. Me dijo que me acompañaba hasta el fin del mundo. Y los dos juntos emprendimos el viaje que nos llevaría hasta el nuevo mundo. Aquí en Massachusetts él ha cambiado. Ya no tiene el vigor que tenía antes, lo noto cansado, ha engordado y su pasión ha decrecido. En cambio, mi pasión está llegando a extremos insospechados hace unos años. Lo necesito. Cada día al levantarme, necesito su compañía, estar cerca de él, que me cuente cosas. Y me acompaña al trabajo. Recorremos juntos los interminables pasadizos, mientras yo le cuento mis cosas, mis penas, mis angustias, mis tristezas y mis alegrías. Mis...

La bendita linea amarilla

Pongamos que acabamos de aterrizar en el mundo americano. Pongamos que le tengo una tirria increíble a conducir. Pero pongamos también que no queda otra. Después de una semana yendo a pie al supermercado más cercano que queda a un quilómetro de casa, después de descoyunturarme todos y cada uno de los huesos de mi columna vertebral, después de correr a buscar a los niños al cole y de cansarme como una burra, y de comprobar estupefacta que los transportes públicos son escasos, viejos y llegan tarde, al final me rendí a la evidencia: necesitaba un coche. Pues compramos un coche. Y ya me tenéis lista para las aventuras en la carretera (dicho sea de otra manera, ya estaba lista para coger el coche lo mínimo imprescindible). Y venga, salí el primer día a la calle. Las carreteras de aquí son viejas, desgastadas, llenas de baches y mal pintadas. El primer día que me fijé en la línea amarilla pensé sinceramente que se les había acabado la pintura blanca y que por eso usaban el color ama...

cext y mi experiencia

Quiero publicar la entrevista que cext , ciudadanía exterior me  hizo semanas atrás. ¿Queréis saber más? Aquí está: “Mis hijos reciben un regalo al vivir en diferentes partes del globo”                06/04/2016 De Barcelona a  Boston  pasando por Polonia. Esa es la vida de  Roser , una catalana a la que la crisis obligó a emigrar fuera de España. Acostumbrada a planificar el futuro, jamás hubiese adivinado que sería una  mamá expatriada . Hoy, sin embargo, opta por no hacer planes y prefiere disfrutar del día a día junto a su familia. Convertida también en  blogger , comparte sus experiencias en la nube y ha aprendido que “ ser positiva es un deber ”. CEXT –  Naciste en un pueblecito cerca de Barcelona. ¿En qué momento sales de allí y te instalas en Polonia?, ¿qué motivos te llevan a tomar una decisión así? Roser  –  Pues yo ya tenía mis cuarenta y pico primaveras, mis niños, m...

Sin esperanzas

Así fuimos a ver la película. Mis hijos ilusionados y yo, sin ningún tipo de esperanza a que me gustara. Zero esperanzas. Zero Patatero. Nos sentamos en los sillones, al lado de unas amiguitas de mi hijo menor. Las niñas reían mientras él mostraba sus dotes de macho engatusador. Y yo pensaba para mis adentros que esto no había hecho más que empezar.  Y las luces se apagaron. Me senté mejor en mi asiento. Mis hijos no dejaban de mirar la pantalla asiduamente, mientras los trailers discurrían sin cesar y los gritos de mis niños pidiendo "mamá, esta peli la quiero ver" se dejaban caer en cada corte.  Empieza la peli: "Zootopia". Hago un repaso mental de todas las pelis animadas que hemos visto últimamente: - "The Good Dinosaur" es un tostón. Los paisajes son extraordinarios, pero el dinosaurio demasiado bonachón y el niño demasiado animal. - "Inside out" no la entendí. Se me hizo demasiado larga cuando las dos protagonistas se pierden...

Cazando huevos

"Mamá, en Easter ¿podremos hacer un egg hunt?" Pues si, en casa las frases son como mínimo bilingües. ¿La traducción? "Mamá, el dia de Pascua ¿podremos cazar huevos?" Si, aquí en Massachusetts y en toda la América del Norte que yo conozco, los niños por Pascua se dedican a cazar huevos. Bueno, huevos de chocolate, dicho sea de paso. Para cazarlos, se necesita seguir unos simples pasos: Paso 1: Como siempre, la aventura empieza en el supermercado. Hace ya alguna que otra semana, lo primero que te encuentras justo al entrar en cualquier supermercado son huevos de chocolate. De todas las medidas y colores. Grandes, pequeños y medianos, de color rosa, azul y verde. Envueltos de forma individual o en paquetitos económicos. Con lo cual, lo que tu haces es comprar un poco de todos, sin despilfarrar demasiado (que traducido al idioma masculino significa "compra totalmente innecesaria"). Y compras huevos pequeños y huevos en forma de conejo, huevos...

Mi primera vez

Definición de sitios públicos:  lugares donde todo el mundo puede circular y donde encuentras lavabos para satisfacer tus necesidades fisiológicas.  Los restaurantes entran dentro de la definición de sitios públicos, así como los hospitales, los aeropuertos y los museos. Y dentro de estos sitios públicos, recuerdo mi primera vez. Habíamos acabado con una comilona a la americana, una carne de ternera deliciosamente tierna combinada con unas patatas fritas sube calorías al infinito y más allá. Los tragos de cerveza nos ayudaban a zamparnos un manjar delicioso aunque hipercalórico.  Y me dirigí al baño. Mis necesidades fisiológicas quedaron libres y yo, satisfecha, empecé a subirme los pantalones. Y aquí. Aquí fue mi primera vez. Al principio escuché un murmuro. Parecía el tintinear metálico de una tubería. Luego el ruido fue a más, hasta parecer que un tsunami se había colado dentro de mi cubículo. Flushhh...flushhhhhh FLUSHHHHHHH! ¡Una tormenta de agua que...

Tipos de invierno

He descubierto que existen muchos tipos de inviernos. Cuando era muy pequeñita, allá por el siglo pasado, yo pensaba que sólo existía una clase de invierno. Lo describo así: Invierno de pequeñita En mi tierra patria, en el rincón de mundo donde yo vivía con mi família, los inviernos eran duros. Frío, mucho frío. Las chaquetas no eran las que ahora se usan, sino que para protegernos del frío usábamos unas chaquetas peludas de piel de borrego que pesaban cantidad. Pantalones de franela, guantes y bufanda nos protegían de un frío al que ya estábamos acostumbrados. Además, había un aliciente adicional a nuestro frío: nuestra querida niebla. Una niebla que se metía por todos los rincones de nuestro pueblo y que lo distinguía del resto de pueblos de la zona. Una niebla que convertía tu paisaje en gris y que se metía poco a poco dentro del alma. Una niebla que se convertía en tu confidente, en tu compañera y en tu amiga. Porque con la niebla en tu camino, nadie podía ver más allá ...