Veo como los pies se me agrandan y se vuelven peludos. Ya no me caben los zapatos. Compruebo delante del espejo que las orejas me crecen desmesuradamente y que tienen pelos por todos lados. Mi estatura ha empequeñecido y los humanos me parecen todos de dimensiones descomunales. Me vuelvo traviesa y pillina, tengo muchas ganas de travesuras. Ya está. Ya soy una hobbit. Dispuesta a acompañar a Frodo en su travesía para llegar a deshacerse del maldito anillo, paseando por el parque natural de Sequoia es así como me siento. La inmensidad de los árboles te traslada a cualquier lugar antes sólo imaginado. Su enorme diámetro, su espeluznante altura, su copa frondosa a punto de llegar hacia el infinito... parece que el parque Sequoia se encontraba sólo en la imaginación de Tolkien, pero llego a comprobar que existe de verdad, aunque para eso necesite que alguien me pellizque en el brazo. ¡Ay! Pues si, estoy despierta, mis orejas no son peludas y mi estatura, aunque no para tirar cohetes, ...