En mi pueblo natal, mi sistema de conducción era el normal, vamos. Que si acelerar, que si apretar el freno hasta el fondo, que si ser una conductora agresiva y que nadie te quite el puesto ni ose adelantarte, que si gritar improperios y dar bocinazos a troche y moche. Diez minutos de conducción y un azote de adrenalina que me permitía seguir con mi malhumor durante el resto del día. Al llegar a Massachusetts, y saberme con la obligación de la conducción, me puse a actuar como conductora de mi pueblo natal. Craso error, no el primero de los muchos en mi haber, dicho sea de paso. Mi conducción apresurada, de movimientos bruscos y palabras vociferantes distaban mucho del tipo de conducción de Massachusetts, donde los conductores ceden el paso a los transeúntes siempre, si, SIEMPRE, aunque éstos no crucen la calle pisando un ceda el paso. Los conductores, mis compañeros matinales, de mediodía y de tarde, permiten que entren conductores a la fila que generamos pacientemente para tr...