Conocí a Richi a través de un papel plantado en la puerta principal de nuestra comunidad de vecinos. En dicho papel había la foto de un niño, Richi, y al lado, unas frases pidiendo que se recogieran tapones de plástico para ayudar a Richi en su ayuda particular contra el cáncer. Les conté a mis niños que debíamos recoger tapones para ayudar a un niño enfermo, y nos pasamos todo el verano guardando tapones de todos tipos y colores. Cuando la bolsa estaba llena, los llevábamos a casa de la vecina que los recogía. Aquí acabó nuestra pequeñísima contribución en la lucha que Richi mantiene contra el cáncer. Me enteré por la vecina que recogía los tapones que Richi y su familia viven hoy en día en Boston, y me puse en contacto con ellos. Conocí al padre de Richi y me contó su historia. Su lucha por salvar la vida de su hijo los condujo hasta Boston, donde se encuentran los mejores hospitales para tratar el tumor cerebral que les cambió radicalmente su vida. Después de...